EL PAíS › OPINION

Si el FMI se argentiniza

Por James Neilson

Aunque los fondomonetaristas no lo dirán a nadie, ellos también quieren que las negociaciones con la Argentina se prolonguen algunos años más. La razón es sencilla: saben que cuando las charlas con los enviados duhaldistas y sus sucesores concluyan muchos quedarán sin trabajo. Han invertido tanto tiempo en estudiar los diversos aspectos políticos, económicos, antropológicos, psicológicos y metafísicos del caso argentino que ya les será tarde para iniciar una nueva carrera. ¿Qué podría hacer en el futuro un experto en el pensamiento peronista, kraussista o criollocatólico sino candidatearse para enseñar en una de aquellas universidades resueltamente multiétnicas que han proliferado en el Primer Mundo donde se dedican a investigar asuntos poco frecuentados propios de los países insignificantes? Ningún burócrata internacional que se precie quisiera apostar a que seguirá existiendo un mercado académico para tales rarezas, de suerte que los argentinólogos del FMI tienen buenos motivos para esperar que la Argentina siga igual hasta que les llegue la hora de jubilarse.
Los técnicos del Fondo han tenido que preocuparse por las finanzas de muchos países, de modo que es comprensible que a veces hayan cometido el error de suponer que lo que podría funcionar muy bien en Zimbabwe, Indonesia o Corea del Sur surtiría el mismo efecto en la Argentina. Sin embargo, parecería que hace un par de años por lo menos los burócratas más eminentes del Fondo se dieron cuenta de que sus méritos no obstante las matemáticas hindúes o alemanas no rigen en la parte sudoriental de América latina, razón por la que después de manifestar su frustración profiriendo una retahíla de barbaridades acerca de las costumbres de los nativos se pusieron a meditar en torno a sus particularidades. Se trataba de una decisión peligrosa, tal vez fatal, porque, como suele suceder entre los estudiosos, significó que terminarían actuando como si fueran dirigentes argentinos.
Si la gente del Fondo ya piensa como políticos criollos que nunca jamás soñarían con firmar un convenio con el propósito de cumplirlo a menos que las ventajas personales de hacerlo les parecieran indiscutibles, el acuerdo que todos juran desear seguirá siendo un fantasma escurridizo. De haberse transformado Anne Krueger en un menemista, Horst Köhler en un radical disidente y Anoop Singh en un ex frepasista con toques clericales, como corresponde a un hindú, la mera idea de que un día pudieran sentirse constreñidos a dar una alegría a Eduardo Duhalde les resultaría tan grotesca que sus carcajadas se harían oír no sólo en Washington sino también en Buenos Aires.

Compartir: 

Twitter

 
EL PAíS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.