EL PAíS › ESPACIOS DE FORMACION DE PIQUETEROS Y DESOCUPADOS

Cuando hablan de política

Ganaron en protagonismo a lo largo del año y le sumaron a la actividad un esfuerzo de reflexión, formación y diálogo. Son talleres, reuniones y cursos, algunos con participación de docentes universitarios, que buscan ayudar al debate interno y a entender el fenómeno que generaron y el contexto en que existe.

 Por Laura Vales

Las organizaciones de desocupados están creando sus espacios de formación política. A lo largo del año, a la par de los planes de lucha, han ido realizando cursos y talleres, a veces apoyándose en técnicas de educación popular, otras en la participación de docentes universitarios que dictan clases especiales o a través de una profundización de los debates dentro de sus asambleas. En general son experiencias nuevas, disímiles entre sí, todavía en un proceso de definir sus características. Página/12 participó de tres de estas iniciativas, desarrolladas por el MTD de Florencio Varela en la Aníbal Verón, Barrios de Pie y los desocupados de la Corriente Clasista y Combativa en La Matanza.
La Aníbal Verón, en Florencio Varela
“Tuvimos la necesidad de discutir cómo organizarnos, de debatir no solamente en las asambleas, donde aparecen siempre cuestiones urgentes, sino en un espacio específico para reflexionar”, dice Irene, del Frente de Educación del MTD de Florencio Varela en la Aníbal Verón.
Organizaron su primera actividad de formación política en mayo: un curso de 10 clases con un programa con temas como “El capitalismo-Qué es el Estado-Qué es la política”. La idea inicial fue ir avanzando vinculando el debate teórico a los acontecimientos de la práctica social, a lo que iba pasando cada semana en el país.
“Teníamos una planificación de las clases, aunque la realidad fue marcando los tiempos e incluso imponiendo contenidos. Al día siguiente de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, por ejemplo, estaba prevista una clase. La dedicamos a analizar cómo el sistema no permite que nuestros derechos se reivindiquen, quiénes son nuestros enemigos. No fue un programa muy rígido, y eso nos pareció bien.”
Los cursos de formación se dictaron en la Universidad de La Plata, con profesores de ese centro de estudios y de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo. Los participantes fueron en su mayoría “delegados de barrios y algunos militantes con cierto tiempo dentro de la organización”.
Las clases se realizaron una vez cada dos semanas, durante cuatro horas, con grupos de 50 personas.
“Fueron experiencias fuertes”, agrega Sofía. “Hace años que la gente no se sentaba a discutir colectivamente. Muchos debates tuvieron como contenido la importancia de construir poder popular, de no reproducir los esquemas tradicionales como el del PJ, no caer en el clientelismo. Hubo gente mezclada, cada cual contó su experiencia previa, así que de pronto estaban algunos que habían pasado por unidades básicas, si eran mayores de 30 años, pero también había adolescentes de 16 o 17, que vienen de la nada, del sinsentido, de ver pasar el tiempo en la otra esquina.”
El taller, coincidieron ambas, tuvo como efecto mejorar los niveles de organización. “Primero se salía a las rutas por los planes y después se empezó a pensar en la importancia de reconocerse como clase y cómo se defienden los derechos de nuestra clase. A partir de los hechos del Puente (Pueyrredón) también cambió la mirada sobre el poder. Estos espacios de debate potencian el trabajo, porque sin organización no avanzás, y al mismo tiempo el trabajo impulsa la formación, porque cuando hay una práctica política se crece rápidamente en el análisis.”
Barrios de Pie, Rafael Castillo
Dos sábados por mes, en la Escuela 131 de Rafael Castillo, en La Matanza, los piqueteros de Barrios de Pie se reúnen en encuentros de formación. No hay un programa, sino que los temas fueron elegidos al finalizar cada día para el siguiente por sus participantes. Entre loscontenidos pedidos hubo un poco de todo: la construcción de organizaciones populares, el conflicto social y los medios de comunicación, algunos procesos históricos e incluso cuestiones vinculadas a la planificación familiar.
“Veíamos que la gente venía a las reuniones pero no opinaba”, señaló Fernando Nizetich, de esa agrupación. “Hablaban siempre dos o tres compañeros y siempre eran los mismos. Por eso empezamos a hacer los encuentros, utilizando la educación popular.”
En esa escuela de La Matanza comenzaron hace cuatro meses. El primer paso fue convocar a una charla en plenario sobre los motivos del hambre y la pobreza. La iniciativa tuvo buenos resultados y se siguieron reuniendo.
En la jornada que presenció Página/12 se trató la conquista española, con la consigna de comparar aquellos tiempos con éstos. Prepararon el encuentro docentes del Profesorado de Historia del Joaquín V. González.
Los participantes se dividieron en pequeños grupos, cada uno de cinco o seis personas y recorrieron postas en las que se abordaron distintos aspectos del tema: qué buscaban los conquistadores, qué se llevaron de América, cómo vivían los mayas, los incas y los aztecas antes de su llegada.
Para Luisa Gaitán, vecina del barrio, las jornadas sirven “para saber algo de política, entender por qué pasan las cosas”. La vecina todavía no participó en los cortes de ruta, aunque se integró a la organización hace seis meses. “Fui a algunas marchas con la maestra de mis chicos, no sé cuándo voy a ir a un piquete –contó–, pero vine a casi todas estas jornadas.”
Luego de leer textos cortos y escuchar audios, cada grupo opinó sobre esos contenidos. El rol de los coordinadores consistió en facilitar el debate haciendo preguntas. Al terminar el recorrido por las postas, todos los participantes (unos cincuenta) se reunieron en plenario para poner en común las conclusiones.
“Para nosotros lo central de la formación es afirmar la confianza en la propia capacidad de pensar”, apuntó Nizetich. “Vemos en muchos compañeros una actitud sumisa, de creer que lo de ellos no vale, que los que pueden hablar de política son los políticos. Modificar eso es lo más importante”.
CCC, Isidro Casanova
Los desocupados de la Corriente Clasista y Combativa no tienen talleres de formación política por separado de las asambleas. Consideran que la elaboración teórica debe realizarse a la par de la práctica, en el proceso mismo de toma de decisiones. En La Matanza hacen asambleas semanales, en tres niveles: en el barrio (con relativamente pocos integrantes, donde es más fácil que todos participen), de dirigentes barriales (el criterio es dos por cada asentamiento, conjunto que forma la mesa de conducción, con unos 200 participantes) y finalmente asambleas plenarias los días sábados (de militantes y dirigentes, donde el número pasa largo de las mil personas).
En esas asambleas (aquí se describirá una de dirigentes) el temario es abierto, no prefijado, es decir que cada cual pide la palabra y habla de lo que considera importante. En la que presenció Página/12 surgieron dos o tres cuestiones recurrentes: cómo se generan los cambios políticos, cuánto podían hacer como movimiento de desocupados, cuáles son sus objetivos más allá del reclamo por los planes de empleo o la asistencia alimentaria.
Los delegados fueron contando de qué se había hablado esa semana en la asamblea de cada uno de sus barrios. A partir de esos relatos se pasó de un tema a otro, hilando cuestiones: la desnutrición con la desindustrialización, la continuidad del rumbo económico, la situación internacional, el rol de las organizaciones piqueteras.
Hubo un largo debate sobre la función de los dirigentes barriales. “¿Tenemos solamente que traer acá lo que se decide en los asentamientos o tenemos que decidir acá y convencer a los que participan menos?”, se preguntó sobre el tema.
La mayoría de los delegados tenía cuaderno y birome para tomar apuntes, ya que una de sus tareas posteriores sería transmitir, en la asamblea del barrio, aquello que se había hablado. Una persona se ocupó de ir llevando la lista de oradores.
Estas reuniones de mesa comienzan a las nueve de la mañana y nunca terminan antes de las seis de la tarde. Su función es ir delineando las decisiones de la semana y a la vez ir coordinando las cuestiones de fondo, la línea política. En general, hay un desarrollo a lo largo del día, en el que temprano, con las primeras intervenciones, van apareciendo temas, y a la tarde se va decidiendo sobre ellos.
Los desocupados de La Matanza trabajan también con guiones, apuntes no demasiado extensos, en general de una carilla, con análisis de la coyuntura. Los textos se distribuyen en los barrios para ser utilizados como disparadores en las asambleas más chicas. Las de los días sábados, en cambio, son sobre todo resolutivas. Allí se votan las medidas de fuerza y se toman las decisiones sobre las que se fue hablando en las instancias anteriores.

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Los piqueteros están consolidando su movimiento con un continuado esfuerzo de formación.
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