EL PAíS › LOPEZ MURPHY EN BUQUEBUS, PARA JUNTAR FONDOS

Cena paqueta a sólo mil pesos

La convocatoria tenía su costo y tuvo su fasto. Empresarios de negro y damas de largo subvencionaron y apoyaron al líder de Recrear. Las presencias. Las frases del orador. El clima.

 Por José Natanson

El martes, en el primer piso del Buquebús, se respiraba un inconfundible aire antiperonista. Se notó en los testimonios de señoras elegantes proyectados en pantallas gigantes, en los ánimos de los 400 empresarios que pagaron mil pesos cada uno y en el discurso de Ricardo López Murphy. Convertido en la nueva esperanza blanca del establishment, el candidato presidencial del Movimiento Recrear llevó al extremo su decisión de confrontar con los postulantes del PJ. “Si ellos cierran su campaña en River, nosotros vamos a hacer todo lo contrario”, prometió López Murphy, que ya conversó con Mauricio Macri para realizar su último acto en la cancha de Boca.
“No sólo hay que saber conducir el barco sino también llevarlo a buen puerto”, podía leerse en las pantallas distribuidas a lo largo del salón. La cena aún no había comenzado y los asistentes –de traje oscuro ellos, de largo ellas– conversaban en grupos. Parecían cómodos en el primer piso del Buquebús, un lugar que conocen de tanto viajar a Punta del Este y que los organizadores consiguieron gratis para la ocasión.
Estaban, entre otros, el ex secretario de Finanzas Daniel Marx, el presidente de FIAT, Cristiano Ratazzi, el escritor Marcos Aguinis, que fue confidente y asesor de Fernando de la Rúa y que alguna vez comparó a López Murphy con Sarmiento, y el cavallista Guillermo Francos.
De repente, como si se tratara del comienzo de un show, se apagaron las luces. Con la inconfundible música de Rocky de fondo, se proyectaron imágenes de López Murphy en campaña, a lo que siguieron los testimonios de ciudadanos presuntamente independientes. La idea era mostrar perfiles variados, pero se ve que tuvieron algunas dificultades, porque al final les salieron bastante parecidos: señoras elegantes, señores de traje y jóvenes con aspecto de querer progresar en la empresa. “Yo voto a López Murphy, porque es uno de los mejores sacando a tanto peronismo que hay”, decía una rubia cincuentona en la puerta de las Galerías Pacífico.
La cena era discreta, pero estaba bien: pollo con crema y terrine de verdura. Con el postre (helado con chocolate caliente) apareció el diputado demócrata Carlos Balter. “El 13 de mayo los esperamos de nuevo, para recaudar fondos para la segunda vuelta”, dijo el mendocino, y los empresarios se rieron con ganas: aunque López Murphy ha crecido en las encuestas, aún le faltan algunos puntos para alcanzar al pelotón de punta.
En la mesa principal, la candidata a la Jefatura de Gobierno, Patricia Bullrich, charlaba con el postulante a la gobernación bonaerense, Hernán Lombardi. “Nosotros no ligamos nada, porque esto es para la campaña nacional, pero ya vamos a hacer nuestras cenas”, comentaba Bullrich, mientras repasaba con la vista el salón lleno. Según los organizadores, el encuentro permitió recaudar 400 mil pesos, que se utilizarán para publicidad televisiva en el tramo final de la campaña.
Estaba también el publicista Ernesto Savaglio, responsable de la campaña de López Murphy. Muchos lo comparan con Ramiro Agulla, el genio del marketing delarruista, con quien comparte el look de dandy posmoderno: trajes de solapas anchas, sin corbata. El publicista, uno de los personajes más felicitados de la noche, se dio el gusto de mostrar las últimas dos versiones de “las leyes de López Murphy”, que apuntan directamente a los postulantes del peronismo. “¿En qué se parecen Menem, Duhalde y Rodríguez Saá? En Barrionuevo”, dice la primera. “Cuando los candidatos peronistas se acusan entre sí, todos tienen razón”, sostiene la otra.
Las luces volvieron a apagarse para mostrar el nuevo spot de campaña. En tono intimista, con un piano muy suave de fondo, López Murphy insiste en polarizar con el peronismo. “¿Usted llevaría a su hijo a la escuela si el profesor fuera Menem? ¿Usted llevaría a su hijo a una clínica si el médico fuera Kirchner?”, se pregunta el economista, reformulando a su modo el viejo cliché sobre a quién comprar un auto usado.
Finalizaba la cena cuando López Murphy apareció en el estrado. Hay que reconocer que algo ha aprendido. Ahora el hombre luce más tranquilo y más plástico y ya no apela a las boutades para llamar la atención, como cuando en plena campaña de la Alianza dijo que había que bajar los salarios un diez por ciento, o cuando aseguró que llegaría al gobierno “a tambor batiente y a paso redoblado”.
Después de agradecer a los asistentes, López Murphy bromeó con el calor: “Cuando nos reunamos para la segunda vuelta va a hacer más frío”, dijo, y hubo algunas risas. A continuación insistió en cuestionar a los candidatos peronistas. “Menem es lo que fracasó. Kirchner tiene la provincia con más empleados públicos por habitante y ha hecho un descalabro institucional. De Rodríguez Saá no me voy a ocupar, porque se ocupa él mismo”, señaló. Los empresarios se rieron con fuerza, sobre todo cuando mencionó al ex gobernador de San Luis, al que rechazan especialmente. En cuanto a Carrió, el ex ministro actuó como si no existiera.
Sobre el final del discurso, el candidato ensayó un gesto: levantó los brazos y los cruzó a la altura de las muñecas, como si las tuviera atadas. “Me ato las manos, porque nunca más voy a integrar un gobierno que no me vote”, explicó, recordando su condición de ex ministro y su voluntad de ser presidente. “De ahora en más voy a adoptar este símbolo, que es también el símbolo de los pilotos de guerra”, añadió. Alzó su copa de champagne y dijo que quería volver a una “vieja tradición”: los empresarios se levantaron de sus sillas y gritaron “Viva la patria”.

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Las espaldas anchas corresponden a López Murphy, quien padeció (y se mofó de) el calor imperante.
 
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