EL PAIS › INVESTIGACION SOBRE UNA DIRECTIVA DEL BANCO CIUDAD

Cuando era útil ser amiga de De la Rúa

El jefe de Gobierno porteño ordenó pedir la renuncia a una directora del Banco Ciudad muy afín a De la Rúa tras una investigación según la que la funcionaria precanceló un plazo fijo con 28 días de anticipación. Lo hizo justo el viernes 30 de noviembre, el último día hábil antes del corralito.

 Por Martín Granovsky

Encerrado en Villa Rosa, avergonzado, según las revistas del corazón, por el debut de Antonito zarandeando a su novia en un videoclip, Fernando de la Rúa no gana para sustos: Aníbal Ibarra le pidió la renuncia a la directora del Banco Ciudad afín al ex presidente porque levantó un plazo en fijo en dólares justo la noche en que Domingo Cavallo decidía poner el corralito.
Funcionarios del gobierno porteño informaron a Página/12 que descubrieron la rapidez de reflejos de la directora Mónica Almada durante un arqueo practicado los últimos días.
Todo comenzó cuando el Banco Central ordenó que se le diera información sobre el movimiento de los fondos bancarios durante el corralito, que rige desde el lunes 3 de diciembre del año pasado. Ya que estaba, el presidente del Banco Ciudad, Roberto Feletti, ordenó extender la auditoría también a los días previos al cinturón de castidad dispuesto por Cavallo. La investigación, siempre según los funcionarios porteños, se encontró con que uno de los movimientos pertenecía justamente a Almada.
La secuencia fue así:
- El miércoles 28 de noviembre de 2001 Almada colocó en el Ciudad un plazo fijo a 30 días por 315 mil dólares.
- El viernes 30 lo precanceló y retiró la suma.
- Lo hizo fuera del horario bancario, a las 20.
- Alegó una operación inmobiliaria.
- En el certificado de plazo fijo figuraba junto con ella Oscar Cortés, gerente de compras del banco.
- El último jueves el presidente Feletti la intimó a devolver el dinero. u El viernes, Almada lo reintegró.
Ibarra, que venía siguiendo de cerca el procedimiento, instruyó a Feletti para que pidiera la renuncia a Almada. Si no renuncia, el jefe de Gobierno está decidido a iniciar el proceso de remoción en la Legislatura. Los directores del Banco Ciudad, según el régimen porteño, son elegidos con acuerdo parlamentario y solo pueden ser cesados por decisión legislativa.
Mónica Almada era una de las funcionarias más cercanas a De la Rúa en la administración porteña. Había entrado cuando él era jefe de Gobierno y permaneció en el interinato de Enrique Olivera. Cuando en agosto de 2000 Ibarra asumió el cargo De la Rúa, que aún era Presidente de la Nación, se interesó personalmente por el destino de Mónica. Pidió que siguiera en su cargo del Banco Ciudad. Y tuvo éxito.
La decisión de Almada de quitarse ella misma el cinturón de castidad provoca muchas preguntas y especulaciones.
La directora debía estar acongojada, y quizás no solo por la muerte de George Harrison, que era una de las noticias del día. Conviene volver, por un momento, al clima de ese viernes tremendo, el de la gran corrida, el último sin corralito.
El riesgo país llegaba a los 3341 puntos.
El drenaje de depósitos se aceleraba, después de haber entrado en una carrera enloquecida desde el comienzo de la huida, el 4 de julio.
El Banco Central calculaba que estaban perdiéndose 700 millones de dólares solo ese viernes.
Corrían los rumores de devaluación. Después del horario bancario, el dólar ya no cotizaba a un peso. Valía un peso y treinta centavos. Los bancos se desesperaron por cubrir sus depósitos y evitar quedar expuestos a una valorización del peso frente al dólar. Alguno llegó a pagar una tasa de interés de 700 por ciento anual –nada menos que un 6 por ciento solo para viernes, sábado y domingo– para conseguir dinero fresco ese viernes y comprar dólares, cosa de no arriesgarse a llegar al lunes sin nada. Al mediodía Cavallo pidió dejar la plata en los bancos. Pocos le hicieron caso. Al cierre del mercado financiero el ministro se encerró con Roque Maccarone, presidente del Banco Central, a tramar las medidas para evitar el crack bancario. La reunión de los dos terminó a las 18.30. A esa altura estaba decidido que quedaría prohibido sacar efectivo más allá de una suma mensual y que los plazos fijos permanecerían inmovilizados.
¿A qué hora supo Mónica Almada formalmente que el corralito era inminente?
¿Por qué puso el dinero el 28 de noviembre y lo sacó dos días después, cuando el plazo fijo era de 30 días?
¿Lo colocó a 30 días mientras buscaba una propiedad para concretar una operación inmobiliaria?
¿Por qué Almada hizo la operación si no es habitual la precancelación de un plazo fijo en el Banco Ciudad?
¿Por qué lo hizo si, menos todavía una precancelación, hecho extraño por definición, no se realiza de noche, fuera del horario bancario?
¿Muchos precancelaron ese viernes 30?
¿Muchos clientes fueron autorizados a hacerlo de noche?
¿Almada cerró la operación inmobiliaria que alegó como motivo para retirar el dinero?
¿No se extralimitó la directora utilizando una ventaja de su cargo en una institución clave del Estado para evitar lo que se venía?
Este diario pudo saber que el propio Banco Ciudad entregó el expediente para una consulta de su departamento penal. El caso puede ser interesante también para los jueces que investigan si hubo tráfico de información en los últimos días de noviembre, lo cual podría haber permitido sacar dinero por anticipado y esquivar el candado a clientes, bancos o empresas de un club selecto de iniciados.

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