EL PAíS › LOS DATOS QUE DEJA EL CIERRE DE ALIANZAS PARA LAS PRIMARIAS ABIERTAS SIMULTANEAS Y OBLIGATORIAS

El primer paso de las PASO

Los principales encuestadores de opinión pública subrayan lo más importante de un proceso que sigue con el cierre de listas de candidatos del próximo sábado a la medianoche.

 Por Raúl Kollmann

Esta semana se produjo uno de los pasos significativos de la carrera electoral, el cierre de alianzas de cara a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Algunos de los principales consultores de opinión pública de la Argentina señalan sus conclusiones sobre la primera etapa del proceso que incluye las primarias el 11 de agosto y las elecciones parlamentarias el 27 de octubre.

Roberto Bacman, Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP)

Una oposición fragmentada

Quedaron más dudas que certezas y la sensación de que aún subsisten muchas cosas por resolver en el poco tiempo que queda para cerrar las listas.

Nuestro país todavía no ha superado la profunda crisis de los partidos que comenzó en los tiempos en que Fernando de la Rúa renunciaba y el contrato social de la convertibilidad estallaba en mil pedazos. Y esa crisis decantó inexorablemente en la ruptura de las fidelidades tradicionales del voto. Es la realidad que se vio en las presidenciales de 2003, donde Néstor Kirchner fue electo presidente con el 22 por ciento de los votos.

Sin embargo, sólo el oficialismo, tras diez años de gestión y en las figuras de Néstor y Cristina, ha logrado conformar un segmento de votantes propios y fieles que configuran una suerte de núcleo duro. Hoy por hoy tener una base de electores que a nivel nacional se ubican cerca del 40 por ciento no es un dato menor. La oposición no encontró el rumbo y deambuló buscando alternativas capaces de reflejar una identidad que rindiera frutos en las urnas.

En la actualidad, algunos están convencidos (y así se lo hacen saber a propios y extraños) de que tal construcción en la “política moderna” sólo parte de la figura de un dirigente. Sin embargo, deben tener en cuenta que, si bien es cierto que el sistema tradicional de partidos políticos en la Argentina está agotado, sólo con dirigentes no alcanza. También se necesita una plataforma o anclaje ideológico y un alcance nacional a fin de generar una propuesta tanto alternativa como trascendente.

Poco y nada de esto se vio en el cierre de listas. Y seguramente poco y nada se verá en el cierre de las listas de candidatos. No hubo acuerdos nacionales y sólo se pudieron concertar alianzas a nivel distrital. En las principales plazas (provincia de Buenos Aires, Capital, Santa Fe, Córdoba, por ejemplo) aún quedan importantes interrogantes por resolver: ¿Sergio Massa se presentará como primer candidato del frente que anotó o preferirá esperar hasta el 2015? ¿Macri y De Narváez lograrán acordar? ¿Habrá acuerdo entre De la Sota y Macri en Córdoba? Estos son algunos interrogantes y, obviamente, quedan muchos más.

Lo cierto es que en pocos días la incógnita se despejará y a partir de allí empezará otra historia. Una campaña para afrontar elecciones de medio término, donde muchas cosas van a pasar y en muy corto tiempo: apenas faltan menos de dos meses para las primarias y algo más de cuatro para las elecciones generales.

Manuel Mora y Araujo, Ipsos Mora y Araujo

Sí hubo una novedad

Esta vez algo ha sucedido, por lo pronto, en el sector de la oposición autodenominado “progresista”, que se organiza alrededor del radicalismo y fragmentos de la Coalición Cívica, Carrió y Solanas. Han inscripto una alianza en algunos distritos, aceptando la lógica de una interna abierta y prometiendo que no harán lo que algunos escépticos vaticinaban: que los perdedores patearán el tablero sin aceptar el resultado. Es un paso significativo hacia la reconformación de una democracia representativa capaz de producir algo que está faltando desde hace unos años: que la ciudadanía se sienta representada.

Eso no ha sucedido todavía en el otro gran espacio opositor, el del peronismo no kirchnerista y los grupos políticos herederos de la tradición –o al menos del espacio– del centroderecha, el PRO y el denarvaísmo en Buenos Aires. Tampoco ha sucedido en el espacio oficialista. Allí aparecen siempre algunos de esos conatos fugaces de entrar a la competencia, pero parece poco probable que suceda.

Si se consolida el proceso de convergencia hacia unos pocos espacios capaces de generar ofertas electorales fuertes, el actual oficialismo podría sentirse realmente amenazado electoralmente. Esa parece ser la dirección de los vientos políticos que soplan ya este año y seguramente continuarán hasta 2015. Esto que hoy es el kirchnerismo muestra una doble configuración: por un lado, fuerte y casi excluyente verticalismo; por otro lado, mucha volatilidad en la periferia, más parecida a una sustancia gaseosa sin límites físicos claros que a una masa sólida y compacta.

Tanto en el espacio peronista opositor como en el “progresista” revistan personas que pertenecieron a los gobiernos kirchneristas, y ese desgranamiento centrífugo da la impresión de seguir en gradual actividad. Y sucede algo bastante claro, y notable, de lo que suele tomarse poca nota: en esos territorios ambiguamente definidos, que no son ni muy oficialistas ni tan opositores, aparecen los dirigentes con mejor imagen en la opinión pública nacional: Scioli y Massa. Como si en el electorado hubiese una demanda –poco definida– de algo que debe surgir de ese lugar aparentemente ambiguo, mientras los grupos políticos más definidos siguen promoviendo una oferta para los votantes que ya tienen preferencias definidas.

Todo suma para la incertidumbre política. Pero, finalmente, algo parece estar empezando a cambiar.

Artemio López, consultora Equis

Liderazgos que se superponen

La impresión es que existe un sostenimiento de la arquitectura opositora fragmentada, producto de liderazgos equivalentes y electorados redundantes. En otras palabras, este formato de archipiélago opositor es producto de la concurrencia de liderazgos nacionales de peso equivalente en distritos de referencia –Binner en Santa Fe, Macri en CABA, De la Sota en Córdoba– sin que ninguno prevalezca sobre otro.

La circunstancia de dispersión opositora se agrava cuando estos liderazgos equivalentes compiten entre sí para captar al mismo electorado que ya se opuso al oficialismo en octubre de 2011, sin intervenir de manera significativa sobre las preferencias del 54,1 por ciento de electores que en las últimas elecciones presidenciales reeligió a Cristina Kirchner.

Respecto del peronismo no K, su dispersión muestra cabalmente su estrechez de representación real. Desde el año 2005, nada del peronismo activo política y electoralmente se expresa por fuera del FpV, que tiene un liderazgo nacional unificado en la figura de Cristina Kirchner y una gran amplitud interna que va desde Daniel Scioli a Sergio Urribarri de Daniel Filmus a Nora de Lucía.

El panradicalismo se une en atención a las políticas de alianzas territoriales, en especial en Santa Fe, donde la alianza con el FAP es uno de los tres ejes centrales de la política provincial. El actual esquema refuerza la atracción del polo socialdemócrata para con los votantes de tradición radical y socialista, con lo que se garantiza el segundo lugar a nivel nacional.

En Buenos Aires el FPV unido garantiza un piso del 40 por ciento de los votos provinciales y la disputa por el segundo lugar entre Francisco de Narváez y el Frente Progresista Cívico y Social: El PRO sin candidatos expectantes en Buenos Aires hipoteca en la provincia toda chance de proyección nacional seria, con base territorial y no sólo despliegue de medios adictos.

Eduardo Fidanza, Poliarquía

Cuatro condiciones

En primer lugar, constato un significativo avance en los acuerdos alcanzados por la UCR, el FAP y la Coalición Cívica en la Capital y Buenos Aires, y la ratificación de la alianza de fuerzas en Santa Fe. Esta convergencia le otorga un piso de 20 puntos a estas fuerzas en los principales distritos. En segundo lugar, observo las dificultades del centroderecha para acordar en Buenos Aires. Macri y De Narváez se necesitan pero no logran unirse aún. Estimo que es probable que lo hagan en las próximas horas debido a que la elección bonaerense es crucial e ir divididos podría otorgarle al FpV el triunfo. En tercer lugar, persiste la incógnita de Massa quien, si decidiera intervenir, como sabemos, cambiaría profundamente el escenario de la elección. Por último, el FpV deberá pensar bien sus candidaturas. No abundan figuras, arrastradas hacia abajo por la caída de la imagen presidencial en medio de denuncias de corrupción, inseguridad, inflación y accidentes ferroviarios.

Ricardo Rouvier, Rouvier y Asociados

Buscar una alternativa

La conformación y presentación de alianzas va mostrando un realineamiento de las fuerzas opositoras en función de alcanzar un objetivo altamente deseado, vencer al kirchnerismo para consolidar una alternancia presidencial. La experiencia del 2009 no fue buena a pesar de los resultados del escrutinio, ya que hubo varios acuerdos electorales que concluyeron la noche misma del escrutinio. Hay una sensación que atraviesa a toda la oposición: el oficialismo es invencible; y esto incide en una mayor voluntad para superar las frustraciones pasadas.

El kirchnerismo se ordena en un único frente (el FpV, PJ, Partido de la Victoria, Intransigente y Conservador Popular): el PJ no estará, sin embargo, en Córdoba, territorio de De la Sota, San Luis y Santa Cruz, donde se encuentra controlado por los anti K. La cuestión principal hoy está en la elección para disputar el poder parlamentario.

La presentación efectuada mostró el siguiente mapa ideológico; por centroderecha: el PRO sin alianzas significativas y un puñado de peronistas anti K que se alinean detrás del liderazgo de Mauricio Macri. El denominado centroizquierda que comprende al FAP como fuerza principal, unido a la UCR, el GEN, Coalición Cívica, sectores peronistas disidentes, Libres del Sur, y la ubicua Unión por Todos de Patricia Bullrich. Decimos denominada por la presencia, justamente, de la diputada mencionada, de Alfonso Prat Gay, o los radicales cordobeses, o Cobos que, obviamente, no pertenecen al progresismo.

Es fácil suponer que el destino de una alianza de esta amplitud corre el riesgo de no asegurar continuidad más allá de las elecciones, en razón de una sumatoria de fuerzas heterogéneas. Pero está claro que se trata de plebiscitar negativamente el gobierno de CFK, y en esta oportunidad los intereses y ambiciones personales han quedado de lado, pero por un tiempo nomás. Finalmente, hay que mencionar que se inscribió el Frente Renovador, denominación cuya titularidad es de Sergio Massa, y que muestra un paso que el intendente da hacia un mayor protagonismo suyo y de sus seguidores. No sabemos aún si esta decisión incluye su propio compromiso de ser candidato. Esto se va a dirimir en los próximos días.

Las PASO permitirán a diversas listas opositoras competir y esto las reforzará ante la sociedad; esta competencia no sería desfavorable que también la transitara en pluralidad el propio kirchnerismo.

Enrique Zuleta Puceiro, Opinión Pública Servicios y Mercados (OPSM)

Un proceso positivo

La impresión que deja el cierre de la lista de alianzas es altamente positiva. Ha implicado un avance extraordinario respecto del espíritu con que todas las fuerzas políticas afrontaron la elección del 2011. Hubo en general una voluntad de todos los sectores trabajar para el fortalecimiento de las opciones. La cuestión de la reestructuración del sistema de partidos ha estado en la agenda de la mayor parte de los líderes y candidatos. Esta voluntad es congruente con la idea de que ha comenzado a discutirse una transición hacia un sistema con mayor grado de institucionalidad. La elección presidencial influye en esta actitud.

La lógica de la institucionalización del poder impera sobre la lógica de la confrontación propia en general de las elecciones intermedias. Casi todos los líderes y candidatos han tomado el riesgo de las PASO, lo cual debe ser destacado. El caso de la oposición fuerza asimismo al oficialismo a transitar un camino similar, a pesar de que sus problemas van en aumento, como consecuencia de la caída en intención de voto 2013 en el nivel nacional, producto de sus dificultades crecientes en la provincia de Buenos Aires y el resto de los grandes distritos. En general, la oferta política ha mejorado, tanto cuantitativa como cualitativamente. Es importante el papel notable que desempeñaran las figuras independientes. Mejoran la propuesta y, sobre todo, fuerzan a una recomposición de la situación interna de deterioro por la que atraviesan, sobre todo las fuerzas políticas tradicionales. Las elecciones del 2013 se esbozan con un contenido estricto de una elección intermedia. Ha comenzado una transición y todo indica que hacia un modelo político más institucionalizado y competitivo. El final de este proceso está abierto y los síntomas son en general positivos.

Analía del Franco (Analogías)

Los nuevos significados

Los movimientos de la oposición para el armado de frentes y alianzas y el interés personal de algunos candidatos en encabezar listas demuestra que la oposición se encuentra más activa y no quiere perder la oportunidad que ofrecen las legislativas. Es que la ausencia de un candidato para el Ejecutivo diversifica las posibilidades de elección y así la posibilidad de obtener por lo menos una banca. También llaman la atención por lo menos dos cuestiones. Una es los acuerdos/desacuerdos tan de último momento y las trabas que se sustentan y que finalmente frenan su realización. Hay cuestiones de cartel o netamente de orden administrativas. Por otro lado impacta el alto nivel de “transversalidad” que caracteriza la composición de varios de estos frentes. En algún punto reflejaría cierta improvisación o conveniencia de coyuntura. En otros tiempos todo esto hubiera significado que se trata predominantemente de “alianzas electoralistas”. Eso no parece hoy ser un obstáculo desde el punto vista de los actores políticos, veremos cómo lo toma el electorado. La participación de más impacto se genera en la provincia de Buenos Aires, y es la inscripción del Frente Renovador liderado por un casi ya declarado aspirante a candidato 2015 y que anticipa también el mayor nivel de confluencia de sectores políticos diversos incluyendo la del PRO.

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