EL PAIS › EL GOBIERNO ENFRENTA EL TEMOR AL VACIO QUELE PUEDEN PROVOCAR EN SU PROPIO PARTIDO

“Estamos preocupados porque algunos prefieren un golpe institucional”

“Algunos irresponsables trabajan para voltear a Duhalde, pero les aseguro que no se cae”, le dijo a Página/12 el secretario de Seguridad Interior. El Gobierno señala hacia el menemismo y los dolarizadores a la hora de identificar conspiradores, pero mira con preocupación los movimientos de De la Sota y varios gobernadores. Para colmo, los gremialistas empezaron a manifestar en público una distancia que solo exhibían en privado. Primeras peleas en el gabinete.

 Por Diego Schurman

Esa mañana Eduardo Duhalde entró a Olivos como una tromba.
Estaba crispado y no tardó mucho en confesar su preocupación.
–Viene complicado y encima me quieren voltear –murmuró.
El informe de inteligencia, con un lenguaje duro y policial, se relamía con los “grupos infiltrados” de las protestas. Pero la atención del Presidente se concentró en el detalle de la propia cuña justicialista. Entre los innumerables frentes de tormenta abiertos, en el PJ comenzaron a florecer voces disonantes reclamando elecciones anticipadas y cambio de rumbo económico. Como nunca entonces, temió el aislamiento político. Ya no la soledad del poder sino la de quien puede llegar a perderlo.
“Estamos preocupados porque algunos prefieren un golpe institucional, como si no fueran responsables de esta realidad”, confió a Página/12 el secretario privado de la Presidencia, José Pampuro.
El funcionario no dio nombres. No hacía falta. En la Casa Rosada prácticamente todos apuntan hacia la misma dirección: el club de dolarizadores. Carlos Menem y Ricardo López Murphy aparecen como punta de lanza del discurso del CEMA.
“Sí, hay unos irresponsables que trabajan para voltearlo a Duhalde. Pero a la gente de buena fe que dice que Duhalde se cae le digo que no se cae”, aseguró el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez.
El Gobierno no sólo apunta hacia los que han salido a realizar declaraciones públicas sino también a los solapados. Entre los pérfidos incluyen a José Manuel de la Sota, quien comenzó a pedir una nueva convertibilidad.
El gobernador de Córdoba es el niño mimado del establishment. Duhalde lo sabe porque lo escuchó en persona en su último viaje a los Estados Unidos. No es casual que sectores delasotistas difundieran un supuesto informe del Departamento de Estado reclamando comicios anticipados.
El dato lo conversaron con fruición los sindicalistas de la CGT oficial Rodolfo Daer, Oscar Lescano y Armando Cavalieri. Algunos creyeron encontrar allí el cambio de discurso de Duhalde, quien el viernes no descartó adelantar las elecciones pese a que ya las había convocado para el 14 de septiembre del 2003.
Eduardo Amadeo desbarató esa tesis. “Con el anuncio simplemente demostró su voluntad de no quedar aferrado al poder, no hay otra cosa extraña”, señaló el vocero presidencial. Son varios los funcionarios que aseguran que Duhalde multiplica este tipo de señales para satisfacer las demandas sociales y religiosas. Hasta el Papa habló del peligro de la estabilidad institucional del país.
–Debe haber renunciamiento en la clase política ya –le recomendó hace poco el pastor Norberto Saracco, en un encuentro que el siempre estratégico Esteban Caselli, ahora secretario de Culto, le organizó con los representantes evangelistas.
En la Mesa de Diálogo, donde participan miembros de la Iglesia Católica, el discurso fue calcado. En la Casa Rosada hicieron una traducción libre del reclamo: si se cae Duhalde se cae el peronismo.
Otro de los destinatarios de las críticas es Néstor Kirchner. El gobernador santacruceño no fue un aliado en la lucha contra las petroleras, y está convencido de la necesidad de reemplazar ya a Duhalde por un presidente legitimado por los votos.
“En vez de pedir elecciones hay que ayudar para aguantar esta transición”, consideró Pampuro.
“Además, supongamos que se va Duhalde y sube otro y en 30 días no acierta con las medidas ¿es más legítimo? La transición hay que bancarla, sobre todo desde el peronismo”, se sumó el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández.
Un Chiche por ahí
De la Sota y Kirchner no son los únicos gobernadores que comenzaron los corcoveos. A la previsible Alicia Lemme (la puntana es de la teoría que Duhalde fue quien le dio la estocada a Adolfo Rodríguez Saá), se sumó el salteño Juan Carlos Romero. Y en voz baja el team de mandatarios menemistas, entre los que sobresale el riojano Angel Maza. “Sin el piso de coparticipación no vamos a poder garantizar los sueldos. Después quién frena los estallidos”, atizó entre sus pares.
Duhalde sabe que el vacío de poder en el PJ se paga con el exilio político. Por eso donde puede intercede personalmente. Es el caso de la provincia de Buenos Aires. En enero había reunido al gobernador Felipe Solá con Osvaldo Mércuri, amo y señor de la Legislatura local, para acordar una tregua. Pero como esos pactos duran lo que un helado en el infierno, en la última semana volvió a mediar para tranquilizar al mandatario bonaerense, quien trina por la resistencia que encuentra en el propio aparato peronista.
El Presidente sabe que cualquier atisbo de estallido en su distrito, por mínimo que sea, podría herirlo de muerte. No es casual que más de un millón de pesos en productos confiscados por la Aduana –de los 2.135.311 distribuidos hasta ahora– se hayan destinado al gobierno de Solá.
Pero ni siquiera puede sacar rédito de la buena recepción que cuenta su mujer en la opinión pública. Chiche le tiene aprensión a los remake de Evita y suele renegar de las fotos que la muestran repartiendo ropa y alimento entre los carenciados. Para saber lo que hace habrá que remitirse al Boletín Oficial. El bajo perfil la llevó a enfriar a punto de congelamiento el acto de asunción de su amiga Nélida “Chichi” Doga en Desarrollo Social.
Algunos aseguran que el silencio es para no crear demandas que no se puedan satisfacer. En el área social rezan por un préstamo del BID que por ahora sólo es promesa. Lo que seguro demorará meses en llegar, si llega, es la ayuda del FMI. A pesar de las súplicas de Duhalde para que se apruebe el Presupuesto y la Coparticipación, el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, está convencido que eso no será suficiente para sortear el castigo internacional por haber caído en default.
“La verdad es que lo único que hicimos en Washington fue presentarnos pero las negociaciones ni empezaron”, dijo una fuente de esa cartera. Las palabras del secretario del Tesoro norteamericano, Paul O’Neill, poniendo en duda la seriedad argentina parecen confirmarlo.
Como el chico que busca refugio en su familia cuando las cosas se ponen difíciles, Duhalde pidió oxígeno entre sus socios bonaerenses. El diputado José María Díaz Bancalari le responde ciegamente en el Congreso y busca que la embestida contra la Corte sea el primer gran éxito de su gestión. Raúl Alfonsín también eligió el Congreso para apuntalarlo. Apeló a una de los aforismos de la nueva política: esto o el caos, Duhalde o el fin de la democracia, dijo en tono épico en el recinto. Nadie en el PJ lo defendió como el ex presidente.
El frente interno
En Gobierno hay dos posturas sobre la estrategia oficial. Unos dicen que está demasiado expuesto. Y que no utiliza a sus ministros –al fin, los fusibles– para anunciar, por ejemplo, las malas noticias.
¿Por qué él es el que dice que no hay plata para sueldos? ¿Por qué él es el que anuncia que no aumentarán los combustibles, algo que sucedió apenas horas más tarde? ¿Por qué es él el que se reúne con el piquetero Luis D’Elía, y las protestas siguen?
Otros dicen que eso es irremediable, aunque eso signifique desnudar cierta debilidad del Gobierno como tal. “La figura fuerte es nuestro presidente. Y por eso prefiere monitorear personalmente cada una de las negociaciones, aunque eso, y lo sabemos, tiene un costo mayor”, reconoce Fernández.
Un empresario parece darle la razón:
–Teníamos que negociar temas cruciales y al principio nuestro interlocutor era este chico Capitanich, ni siquiera había un secretario de Energía –dijo sobre el jefe de Gabinete un representante de las empresas petroleras, desnudando la percepción del Gobierno que tienen los grupos de poder.
Es por eso que en la Casa Rosada añoran un ministro a lo Carlos Corach, que absorba sobre con su humanidad el enorme peso del descontento social. El ex funcionario menemista tenía una frondosa capacidad para explicar lo inexplicable. Y también para articular, junto al inefable Eduardo Bauzá, la relación del presidente con el Congreso y las provincias.
No son pocos en la Casa Rosada los que piensan que Rodolfo Gabrielli tampoco cumple con los requisitos para el cargo que ocupa. Y están haciendo lobby para desplazarlo. Pero saben que el ministro del Interior tiene un handicap: su origen mendocino sirve de contrapeso en una balanza superpoblada de bonaerenses.
“En este país todo el mundo pierde el tiempo conspirando. El Rolo está muy firme en su lugar. Los que hablan son cuatro de copa que están operando”, dice un colaborador de Gabrielli, negando que su jefe sea el funcionario “sin velocidad” que describen, acusatorios, algunos de sus pares.
–¿Gabrielli está firme? –preguntó entonces Página/12 a un inquilino de la Casa Rosada que habla más de una vez por día con Duhalde y que también suele hacerlo con los medios.
–Puntos suspensivos –murmuró a la velocidad de un rayo, como si así se hubiera sacado el compromiso de encima.
El funcionario sabe que los problemas de entrecasa no terminan ahí. Pero hizo un clásico silencio stampa cuando se le preguntó por la deserción de Héctor Valle del Ministerio de Producción, la cartera desde donde Ignacio Mendiguren trabajó para la licuación de las deudas (ver página 15). Tampoco emitió sonido a la hora de responder por la suerte del propio titular de la cartera.
Con tantos frentes abiertos, internos y externos, Duhalde teme quedar cercado. Teme mostrarse débil. Por eso el entrerriano Jorge Busti insiste en reflotar la Plaza del Sí. El Presidente y sobre todo su mujer Chiche lo entendieron como una competencia a los cacerolazos y rápidamente la descartaron. “Van a decir que es el aparato bonaerense, que gastamos plata para marchas”, evaluaron, amén del explícito reclamo de la Iglesia para evitar semejante osadía.
Amante y cultor de las encuestas, Duhalde quiere convencerse y convencer a los suyos de que en su territorio es Gardel. Hace una semana repartió entre su tropa el relevamiento de Fara y Asociados, que en Capital (un distrito que no porfía de él) y Gran Buenos Aires le devuelve una imagen positiva del 32 por ciento, sólo superada por Elisa Carrió, Luis Zamora y Chiche.
Al resto del país buscará seducirlo a la vieja usanza. Haciendo actos, caminando pueblos y apelando a aquella impronta de hacedor que tanto le fascina. No faltarán en los próximos días más viajes para inaugurar obras, según confirmaron a Página/12 en Gobierno. A todos le repetirá lo que esta semana hizo temblar las covachas conspirativas:
–No voy a renunciar. Ni pienso.

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