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Domingo, 24 de febrero de 2002

BUENA MONEDA

Máxima ganancia

 Por Alfredo Zaiat

Dicen que es una mujer austera y, sobre todo, justa. Ponen como ejemplo que cuando cumplió 50 años, en 1988, rechazó amablemente un regalo de la Nación aduciendo: “Ya se hizo una colecta con motivo de las bodas de oro de mis padres”. Se calcula que tiene una fortuna personal de 600 millones de dólares. Con esos antecedentes, la reciente y feliz nuera puede pedirle un favor para sus sufridos compatriotas, teniendo en cuenta que dentro de unos años ella y su marido Guillermo manejarán la fortuna de la familia. La reina Beatriz de Holanda, de 63 años, desde que llegó al trono en 1980 ha invertido grandes sumas de dinero en empresas holandesas como KLM y en la Royal Dutch Shell. Es precisamente con esta última compañía que Máxima tendría una misión que cumplir. Podría hacer un esfuerzo en convencer a la suegra para que ablande los corazones de los ejecutivos de la petrolera anglo-holandesa. Y la reina no sólo es la máxima autoridad monárquica de Holanda sino que es una de las principales accionistas de Shell, con el 3,5 por ciento del paquete, porcentaje valuado en 3500 millones de dólares. En concreto, Shell fue la primera petrolera que rompió la tregua con el gobierno de Duhalde al aumentar los precios, impulsando al resto a seguirla y abriendo las puertas del infierno de la inflación.
El mercado de las naftas en la Argentina es un mercado oligopólico, sospechado de actuar como cártel con rentas extraordinarias. Siendo un país exportador de crudo, la sociedad no recibe ninguno de sus beneficios y padece todos los males como si fuera importador. Así fue desde 1991, cuando se dispuso la desregulación del sector, dejando libre la fijación del precio de las naftas. Sin control estatal durante la última década, cuando subió el valor internacional del crudo se trasladó ese incremento al precio. Pero cuando bajó, los ajustes fueron menores o nulos. Y ahora, cuando se devaluó la moneda, las petroleras quieren inmediatamente trasladar a los precios ese ajuste cambiario. Ese comportamiento no responde a otra lógica que la de querer mantener ganancias extraordinarias en dólares.
Las tres empresas dominantes (YPF Repsol, Shell y Esso) no compiten por precios. Esto les ha permitido mantener sus respectivas participaciones de mercado y, en conjunto, una posición dominante. Esta condición del mercado desalentó el ingreso de otros operadores internacionales a la plaza local.
Esas tres compañías solamente plantean la competencia en base a servicios adicionales, a diferencias en la calidad de combustibles y lubricantes, y a campañas para fidelizar al cliente por atractivos sorteos.
Existen estudios privados (Universidad Di Tella) y oficiales (Secretaría de Defensa al Consumidor) que revelan que en el mercado de las naftas existen acuerdos entre esas empresas dominantes y que los precios de la plaza local tienen un comportamiento desconectado de la evolución de los internacionales. Siempre se han ubicado por encima de esos valores de referencia, cuando en el decreto de desregulación del sector, en 1991, se prometían precios en línea. Según el Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, mantener esa diferencia a lo largo del período que va de 1991 a 1999 significó una transferencia de ingresos de los consumidores a la industria petrolera de unos 4500 millones de dólares.
Con esas características del mercado, con una situación social explosiva y sabiendo el efecto multiplicador en los precios de la economía de un ajuste en las naftas, especialmente del gasoil, la posición asumida por las petroleras, aunque existen matices entre la dureza de Shell y Esso y la conciliadora de YPF Repsol, resulta una provocación. Y la resistencia expresada por la aplicación de retenciones de apenas el 20 por ciento sobre las exportaciones cuando el aumento del dólar con respecto al peso es del ciento por ciento refleja una obscena muestra de voracidad en un país empobrecido.

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