EL PAIS › HORACIO RODRIGUEZ LARRETA SALIO PRIMERO, PERO NO CONSIGUIO EVITAR EL BALLOTTAGE

Una primera vuelta de globos amarillos

En el PRO descuentan que su candidato a jefe de Gobierno también se impondrá en el ballottage. Mauricio Macri aprovechó los festejos para polarizar con el kirchnerismo. “Quieren meter miedo de que queremos volver al pasado. Ellos son el pasado”, afirmó.

 Por Werner Pertot

Horacio Rodríguez Larreta pudo festejar anoche junto a su líder Mauricio Macri por haber salido primero en la elección general, pero –tal como ocurrió en todas las otras elecciones a jefe de Gobierno– deberá ir al ballottage contra el segundo. En este caso, el adversario ya no será un representante del kirchnerismo, sino el candidato de ECO Martín Lousteau, a quien le sacó 20 puntos de diferencia. Larreta prometió trabajar para la segunda vuelta desde mañana a la mañana. Ocupó el lugar del dirigente local para dejar a Macri el espacio para hablar del escenario nacional, donde el aún procesado jefe de Gobierno buscó polarizar con el gobierno nacional. “Quieren meter miedo de que queremos volver al pasado. Ellos son el pasado”, lanzó Macri.

El primer lugar de Larreta, con un 45,6 por ciento de los votos, es un espaldarazo para el candidato a presidente del PRO, luego del fiasco de Miguel Del Sel en Santa Fe. Macri confía en que su delfín ganará el domingo 19 de julio y le dará otro empujón hacia las PASO nacionales del 9 de agosto. El panorama por fuera de la General Paz, en tanto, no es tan simple. La derrota de sus candidatos Oscar Aguad-Héctor “La Coneja” Baldassi en Córdoba y de Julio Martínez en La Rioja no fueron buenas noticias para el jefe de Gobierno, que espera tener algo para celebrar en Entre Ríos con Alfredo De Angeli, una de las pocas cartas propias que le quedan por jugar. El resto de su suerte en las provincias está atada a los radicales.

Al ballottage

En rigor, la segunda vuelta era el resultado más predecible: no hay en la historia de la ciudad de Buenos Aires, desde su autonomía, en 1996, un jefe de Gobierno que haya sido electo en primera vuelta. Lo más cerca que se había llegado es cuando Aníbal Ibarra compitió contra Domingo Cavallo en 2000 y alcanzó el 49,31 por ciento. Le faltó 0,7 por ciento para pasar el límite del 50 por ciento en primera vuelta. Cavallo hizo un papel lamentable aquella noche, cuando llamó “lacayo” y “partisano” a Ibarra y denunció un fraude inexistente. Días después desistió del ballottage.

La elección de Larreta se ubicó en el promedio con respecto a los resultados que tuvo Mauricio Macri, que tampoco ganó en primera vuelta, aunque siempre resultó primero. En 2003, la fórmula Macri-Larreta superó a Ibarra en primera vuelta con un 37,33 por ciento, pero fue derrotada en el ballottage. En 2007, el binomio Macri-Michetti obtuvo el 45,62 por ciento, mientras que en 2011 junto a María Eugenia Vidal mejoró esa marca con un 47,08 por ciento. En las PASO porteñas del 26 de abril de este año, entre Larreta y Michetti sumaron 47,4 por ciento. Larreta bajó algunos puntos de esa marca, pero retuvo la mayoría de los votos del PRO sin Macri como candidato.

Ahora deberá pasar la prueba de ácido del ballottage. En el bunker del PRO sostenían que no hay preocupación ante una segunda vuelta con el ex ministro de Economía. Según las mediciones que maneja la mesa chica del macrismo, hay dos escenarios: el peor que se imaginan es Larreta ganando con 60 por ciento contra 40 de Lousteau. El mejor que prevén incrementa en cinco puntos la performance del candidato macrista. Los macristas señalan que una distancia de 20 puntos es similar a la que obtuvo Macri contra Daniel Filmus en elecciones pasadas.

Dentro de la mesa chica, algunos se quejaban de lo que consideraban errores de campaña de la última semana: no nacionalizar la campaña para forzar una victoria en primera vuelta, no usar más a Michetti en la zona intermedia de la Capital (el corredor de Rivadavia), donde le podía sumar votos a Larreta. Todo eso quedará para una ficción contrafáctica. Ahora deberán enfrentar el ballottage, donde una derrota ante el candidato de ECO dañaría severamente las posibilidades de Macri de competir por la presidencia.

Globos para todos

A diferencia del bunker de las PASO, donde se buscó bajar el tono del festejo para no herir la susceptibilidad del sector derrotado en la interna PRO, ayer la fiesta macrista volvió a su nivel tradicional de estridencia, con globos, comida y rock and roll. Los primeros en salir a hablar con la prensa fueron el jefe de campaña de Larreta, Fernando de Andreis, y el secretario general Marcos Peña. Pero el primer festejo fue con la salida de Vidal y Diego Santilli a las 19.45. “Estamos muy contentos acá, con Mariú, felices de ver a nuestros jóvenes mayores votando con la boleta electrónica”, dijo Santilli.

El turno de Larreta fue a las 20.34, siguiendo una hoja de ruta organizada por el equipo de comunicación del PRO hasta el último milímetro. Salió solo al escenario, entre una lluvia de papelitos y de globos con caras sonrientes dibujadas que lo inundaron todo.

“Ole oleeeee, ole olaaaaaa, Mauricio presidente / Horacio en la Ciudad”, coreó la tribuna macrista.

Larreta era todo sonrisas. “Es lindo estar festejando de vuelta acá todos juntos”, dijo, antes de hacer entrar a todo el gabinete. Al frente, iba Esteban Bullrich revoleando una remera amarilla. Con ellos entró la esposa de Larreta, Bárbara Diez, que quedó al lado del jefe de Gabinete. Larreta hizo un discurso en el que les habló a los que buscará sumar al ballottage: “Quiero agradecer que después de ocho años sigan confiando en nosotros. También a los que no nos acompañaron, que nos muestran que se puede seguir mejorando”. Luego apuntó a nacionalizar la elección, cuando se refirió a Macri: “Estamos todos seguros de que va a ser el próximo presidente de todos los argentimos”, dijo. “Estamos construyendo historia juntos, pero noso- tros entendemos la historia siempre mirando al futuro”, afirmó Larreta, en lo que sería uno de los tópicos de Macri. Luego el jefe de Gabinete saltó con Santilli, se sacó una selfie con Guillermo Montenegro, le dio un beso a una remera y la tiró a la tribuna. Bailar, no bailó.

A polarizar

Macri salió a las 21.05, de acuerdo con el cronograma prepautado. Lo acompañaban Gabriela Miche- tti, Miguel Del Sel, Jorge Macri, además de todo el gabinete porteño. Otra vez globos, otra vez papelitos. “Horacio es la persona indicada para continuar la tarea”, lo ensalzó a su eventual sucesor. Michetti los miraba, sonriente. En su discurso, Macri se dirigió a sus adversarios nacionales como nunca antes, en un evidente intento de buscar la polarización con el kirchnerismo. El líder del PRO sostuvo que su proyecto “no es como pretende instalar el Gobierno un cambio en el modelo económico, sino alguno mucho más profundo. Un cambio en la manera de relacionarnos”. “Ganar una elección no te hace dueño del Estado. Gobernar es escuchar”, fueron algunos de los ataques que envió hacia el Gobierno. Luego definiría a la fórmula Scioli-Zannini como “los dos hombres más fieles al matrimonio Kirchner”.

“El Gobierno está preocupado, apurado por instalar que ya ganaron. Y no es verdad –apuntó Macri–. El poder lo tenemos cada uno con el voto. Y eso los preocupa. Quieren instalar el miedo de que queremos volver al pasado. ¡Ellos son el pasado! ¡Ellos gobernaron durante 25 años!”, lanzó Macri, en un retorno a un discurso más clásico, agónico, de confrontación con el adversario. Macri pidió “una Justicia independiente y medios independientes que puedan expresar lo que quieran. Eso va a ser la Argentina grande. No un liderazgo mesiánico”, disparó. Luego sonó “Noche mágica” de Tan Biónica y “No me arrepiento de este amor”, de Gilda, mientras Macri hacía su ya conocido bailecito. El 19 de julio espera poder volver a bailar.

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Rodríguez Larreta ganó la primera vuelta sin llegar a la mitad más uno de los votos y habrá ballottage dentro de dos semanas.
Imagen: Pablo Piovano
 
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