EL PAíS › DESPUES DE COSTA SALGUERO, EL EXPERTO FABIAN CHIOSSO DICE QUE HACER CON LAS SUSTANCIAS PSICOACTIVAS

“Hay que construir una política solidaria”

Directivo y especialista del mundo de las ONG y las comunidades terapéuticas, Chiosso habló del impacto de los chicos muertos en la fiesta electrónica. Qué falta. Salud y eje social. Seguridad democrática. El paco. La ONU.

 Por Martín Granovsky

Sociólogo y presidente de la Federación Latinoamericana de Comunidades Terapéuticas, experto en consumo de sustancias como a él mismo le gusta decir, Fabián Chiosso participó en la reciente Sesión Especial de la ONU sobre drogas y volvió optimista.

–¿La tragedia de Costa Salguero, con cinco chicos muertos, cambió enfoques en la Argentina?

–Al menos vuelve a hablarse de alternativas que tienen que ver con la salud. Y eso es bueno, porque el reflejo inmediato fue prohibir todo, hasta las fiestas. Al principio no se discutía ni de salud ni de políticas integrales. Es típico. El tema queda latente, sin consenso. Después pasa algo y el debate recomienza, en general con el pedido de una mayor participación de las fuerzas de seguridad y de más represión. Las propuestas de salud vuelven a quedar lejos.

–¿No hay alternativa?

–Sí que hay. Desde las organizaciones no gubernamentales le estamos proponiendo a la Sedronar que armemos una mesa de trabajo para diseñar una propuesta integral, con las cuestiones de salud y las sociales. ¿Qué modelo cultural y qué tipo de discurso queremos construir acerca de las drogas? En mi opinión habría que salir de un discurso neoliberal supuestamente democrático. Según ese discurso, cualquiera puede decir y hacer lo que se le canta y al resto no le tiene que importar.

–¿Está mal?

–La mía no es una crítica a la libertad de expresión. Hablo de valores. Hay que construir una política y un discurso de solidaridad, de cuidado, de responsabilidad respecto de la salud y del riesgo del otro. Una mirada más comunitaria. Tampoco descarto el eje de la seguridad, pero siempre que lo pongamos en términos de una seguridad ciudadana construida desde la sociedad civil dentro de una dinámica política y no desde la pura intervención de las fuerzas de seguridad. Vuelvo al enfoque comunitario. La cultura de “yo puedo hacer lo que quiero” desconoce que lo que yo haga impacta en los demás. En la sociedad, en los hijos, en los padres, en la familia, en los amigos. Discutamos la convivencia, la vida cotidiana y el buen trato, y hablo del buen trato como un tema de fondo y no de forma. Son objetivos que no contemplan las política de drogas o como se llamen.

–¿Cómo habría que llamar a las que hoy se conocen como drogas?

–Cada vez se usa más la expresión “sustancias psicoactivas”. Eso es para mencionar no solo las sustancias ilegales sino también el alcohol y el tabaco. Porque uno de los objetivos sustanciales es reducir drásticamente la violencia cotidiana en todas sus dimensiones. Cuando se hacen tareas de prevención en las escuelas aparece como tema fuerte el modo en el trato de los chicos, o el trato a los chicos en casa. A veces es mucho mejor sobre cómo construir vínculos saludables y cuidadosos en esos planos. A lo mejor ni se menciona la palabra “droga” pero la mejora en el marco es una de las patas de la estrategia de prevención. También hay que salir del término “adicto” para explicar los consumos. Porque hay prácticas que no tienen que ver con la adicción.

–¿Qué prácticas?

–Existe el consumo esporádico. Por ejemplo la previa de los pibes que consumen el fin de semana un nivel de alcohol importante y el resto de la semana no consumen nada. El riesgo puede ser grande pero se relaciona con un ritual y no con la adicción. Prefiero hablar de personas que utilizan sustancias.

–El ser humano siempre quiso alterar sus sentidos. ¿Qué es lo nuevo?

–Que cada vez más el modo de consumo tiene que ver con que por primera vez las sustancias se convirtieron en mercancía, con valor de uso y de cambio y sometidas a la oferta y la demanda. El problema es que la sociedad viene perdiendo la capacidad de regular y ordenar esos consumos.

–Regular es lo que se propone el Estado uruguayo.

–Sí, aunque para ser serios hay que esperar los números de la experiencia, como también los números de las experiencias de los Estados de Colorado y de California en los Estados Unidos. Sí puedo decir, ya, que Portugal logró resultados interesantes. Y tenemos a mano en el mundo y en la Argentina una gran experiencia como la del tabaco, en la que el Estado y la sociedad establecieron normas claras sobre el riesgo de la nicotina. En cambio no ocurre lo mismo con el alcohol. Los padres se alarman y en la fiesta de 15 de la nena dicen: “¿Cómo no voy a poner alcohol?”. Una contradicción no resuelta.

–Los norteamericanos ensayaron prohibirlo y en 1933 Franklin Delano Roosevelt levantó la veda.

–Prohibir sustancias no sirve. Sirven las normas claras. No es útil intervenir solo sobre lo visible: sobre la violencia cuando explota.

–Como prohibir las fiestas electrónicas, ¿no? Sería como clausurar el fútbol. Aunque pensándolo bien jugar sin hinchada visitante se parece bastante a prohibir las fiestas.

–Sí. Y nunca se discute el acuerdo con las barras bravas, las trenzas políticas dentro de los clubes, el rol de las hinchadas como fuerza de choque... Eso hace posible el fenómeno de la violencia. Si no te quedás en la superficie. Con la fiesta electrónica si no exigís que se cumplan los requisitos de cuidado y seguridad vas a encontrar chicos que se excedan. Es difícil poder controlar totalmente las situaciones. Pero si existe un marco normativo que se cumple, después también se podrá ver cuáles son hoy las representaciones sociales sobre los criterios de diversión. ¿La única diversión es llegar al mayor descontrol posible? La contradicción es que los boliches ofrecen descontrol pero después un patovica te rompe la cabeza. Es una dinámica loca basada en que la fiesta no se comparte. Las fiestas rave son la ilusión química de que estoy con otro cuando en verdad estoy colgado de la palmera. ¿Por qué funciona y es aceptada sin polémica la cultura de la previa en la que si no te alcoholizás no vas a ser capaz ni de divertirte ni de vincularte con el otro sexo? Discutamos cómo divertirse sin poner en riesgo la vida.

–El éxtasis se consume básicamente en la fiesta electrónica. ¿Qué sucede con el paco?

–Es parte de la cultura más marginal. Y ahí también se distribuye de manera loca la cuestión de la seguridad. En las rave todos saben que se venden sustancias. Sin embargo no hay dispositivos de seguridad como cuando la policía se mete en una villa a buscar un narco. Un espacio está atravesado por la cuestión policial y judicial y el otro está desprotegido. Pero los dos tienen una lógica de altísimo riesgo. El que consume paco tiene en su contra que no hay un tejido social, jurídico y de salud que lo proteja. Cuando se cayó ya está y nadie va a llorar por él. Yo trabajo en la Cava, la villa de San Isidro. El sistema de Justicia los abandona, el trato es brutal y la negación de derechos también. No existe el estatus de ciudadano. Quedan a la buena de Dios.

–¿Hubo avances en el congreso sobre drogas que celebró la ONU en Nueva York?

–Los fundamentalistas de la legalización entienden que no se logró ningún avance interesante. Los ultraconservadores entienden que se instaló la reducción de daños y se viene el fin del mundo. En mi opinión quedó fijado un nuevo escenario donde se discutirán hacia adelante transformaciones necesarias. Hay una fuerte incorporación de la necesidad de dar vuelta la historia.

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