EL PAIS › JOAQUIN STELLA, JEFE DEL ESTADO MAYOR DE LA ARMADA

“Un golpe destruiría las Fuerzas Armadas”

Habla de democracia, de la importancia de las instituciones, de cómo su fuerza se renovó completamente. Abomina de los golpes y jura que en sus reuniones con empresarios y políticos nadie lo tanteó para dar uno.

 Por Sergio Moreno

Joaquín Stella usa barba. Barba blanca, como su cabello. Resulta extraño ver a un militar –argentino– con barba. Stella recibe a este diario en su despacho de la jefatura de la Armada, en la avenida Comodoro Py, justo frente a los trajinados tribunales federales. Acaba de llegar de Sudáfrica, de cerrar acuerdos con sus pares de ese país y de concertar la realización de ejercicios navales conjuntos. Estando allí se enteró, por teléfono, del fragote venezolano. En un momento del reportaje, Stella se para y muestra un mapa mundial, el mismo que imaginó Arturo Jauretche hace décadas, invertido, cuyo vértice es la Argentina y Buenos Aires su centro. El país aparece claramente como una península que apunta al norte, rodeada de un inmenso mar apenas interrumpido por el continente antártico. “Los políticos argentinos deben entender esta visión del mundo”, dice Stella –que no es Jauretche–, mientras trata de explicar que cosas como estas son las que expone ante empresarios (como Mauricio Macri) y políticos que lo van a visitar. “Hemos aprendido en estos veinte años que lo más importante que tenemos los argentinos es la institucionalidad, la democracia”, dice el almirante que fuera edecán de Raúl Alfonsín, negando rotundamente la posibilidad de un golpe de Estado en la Argentina.
Stella escucha las preguntas y responde despacio. Por momentos parece entusiasmado con sus propias respuestas. Entonces, sonríe. Cuando habla del pasado de la Armada, se pone más serio. Entonces, dice: “Mire, en el arma ha habido un recambio de unos 20 mil oficiales desde 1983, y la Marina tiene sólo 17 mil hombres. El recambio ha sido total”, dice. Y reflexiona en voz alta, “yo soy el último de los mohicanos”. Stella, el mohicano, cuenta que cuando fue edecán de Alfonsín tenía 42 años y el grado de capitán de fragata y, yendo más atrás, había cumplido los 36 con el rango de teniente de fragata cuando las Fuerzas Armadas dieron el sangriento golpe de 1976.
–La caída de Fernando de la Rúa atravesada por la crisis económica y social hizo resurgir los temores sobre la posibilidad de un quiebre institucional. A eso también contribuyó la revelación de algunas reuniones que empresarios mantuvieron con usted y con el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni...
–Nosotros, en la Armada, hemos hecho deficiones que nos llevan a apostar por un apuntalamiento de la legalidad, de la Constitución, del estado de derecho, de la institucionalidad. Esta concepción no es sólo de la Armada. Me consta que está consustanciada en las tres fuerzas armadas y en el Estado Mayor Conjunto.
–Las palabras del general Hernán Olmos, jefe del Segundo Cuerpo de Ejército, parecen contradecirlo (N. de la R.: Olmos fue preguntado por la agencia Misiones On Line, a principios de abril, sobre cursos que recibirían oficiales del Ejército, los cuales contemplarían hipótesis de conflictos sociales y de guerra antiterrorista en la zona de la Triple Frontera. El militar respondió “no me consta”, y agregó: “Siempre es una posibilidad, no se descarta que la situación pueda llevarnos a un momento tal en el que haya que decidir el empleo del poder militar”.)
–Creo que fue una frase desafortunada, emitida en el fragor de la conversación on line. La expresión no fue feliz, no fue para nada apropiada. No debería haber sido pronunciada.
–¿Usted la pronunciaría?
–Yo, absolutamente no.
–Si un subordinado suyo la pronunciara, ¿usted tomaría alguna medida? En ese caso, ¿qué medida?
–Yo le haría un llamado de atención. Lo llamaría a consideración y le diría: “Muchacho, ha metido la pata”. Porque estas situaciones, son atípicas en las Fuerzas Armadas de hoy, nada tienen que ver con el espíritu y con el convencimiento que tenemos, en todas las armas, de defender a las instituciones.
–Pero convengamos que cuando un militar, y de alto rango como fue el caso del general Olmos, dice que no descarta en uso del poder militar, la sociedad, que está muy sensibilizada, reacciona.
–Comparto lo que usted dice. Pero eso está en línea con lo que le venía diciendo. Por eso creo que no hay que contribuir a enervar ese grado de extrema sensibilidad que existe en los argentinos. Cualquier palabra, si no se piensa, puede ser mal interpretada.
–¿Puede producirse un golpe de Estado en la Argentina, en el corto o el mediano plazo?
–Yo creo que no. Si bien son países con historias y escenarios muy diferentes, lo que ocurrió en Venezuela nos enseña que eso es lo que no tiene que pasar. Desde la restauración democrática en la Argentina, hace casi veinte años, las Fuerzas Armadas han aprendido mucho sobre lo que significa la institucionalización. Sabemos cuánto se pierde cuando eso se pierde. Un golpe de Estado significaría la destrucción de las Fuerzas Armadas. Porque, efectivamente, la experiencia de los últimos veinte años nos ha convencido: lo más importante que puede perder un país son sus instituciones. Los países desarrollados, los llamados países centrales, son respetuosos de sus instituciones. Las instituciones dan previsibilidad, dan reglas de juego. Uno sabe a qué atenerse con las instituciones. Esta es una lección que la sociedad argentina ha aprendido.
–¿Está convencido de que, de esta crisis, no saldrá otro quiebre institucional?
–La situación actual, la crisis, nos preocupa como a todos los argentinos. Creemos que la mejor manera de contribuir es apoyar la democracia.
–Mauricio Macri dio a conocer una reunión con usted. Los jefes de Estado Mayor suelen reunirse con empresarios y políticos, eso ya no es un secreto. En alguna de esas reuniones, ¿le han planteado la posibilidad de una rentrée militar? ¿Lo han sondeado?
–No, definitivamente. Ese tipo de encuentros constituyen un acercamiento a la visión que puede estar pensándose, elaborándose en distintos modelos políticos. Creemos que hay temas en los que debemos estar presentes, en que tenemos cosas para aportar.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo la visión marítima...
En este momento, Stella muestra el mapa mundial invertido. Se para, lo tiene enmarcado, colgado en una pared de su despacho. Stella sigue con su speech:
–.... La Marina existe porque existe un patrimonio marítimo y fluvial. Nosotros apoyamos esa concepción y el desarrollo de esa idea. Los argentinos deben comprender que somo un país casi insular con 4500 kilómetros de costa marítima. Y los políticos también.
–Pero no sólo de eso habló con Macri...
–No fue particularmente con Macri. Hemos tenido otras reuniones de este tipo con importantes personas, con instituciones. Con Adepa, sin ir más lejos...
–Le reitero la pregunta: ¿lo han sondeado para ver cuál sería la posición de las Fuerzas Armadas ante la crisis? ¿Lo han instigado?
–No. No hemos tratado, en todas las reuniones que hayamos tenido, ningún tipo de aproximación a métodos que impliquen actuar fuera de los límites de la institucionalidad.
–¿Qué cree que ocurrirá en la Argentina? ¿Qué escenario vislumbra?
–Es un escenario complejo. Se puede complicar la crisis social. Hay una crisis económica, una crisis política, pero, fundamentalmente, una crisis social muy grande. Eso puede evolucionar hacia estadios conflictivos. Ojalá que pronto podramos encontrar respuestas para paliar esta situación.
–¿Por qué hace tanto hincapié en la crisis social? ¿Por qué le preocupa particularmente?
–Porque me preocupa que la gente pueda comer, pueda educarse. Me preocupa que podamos hacer algo a favor de la contención social, para bajar los índices de marginalidad. Esto hace a un mensaje, que se lo dije al Presidente: lo que podamos hacer para contribuir a aliviar la situación, estamos dispuestos a hacerlo. La Marina puede acercar asistencia médica y odontológica. Tenemos dos barcos multipropósito equipados con grandes consultorios médicos y odontológicos. Desde las Fuerzas Armadas hay ganas de contribuir. No sólo podemos hacerlo, sino que queremos hacerlo.
–¿Y el Presidente qué le respondió?
–Dijo que sí, que podríamos contribuir y el asunto se está tratando ahora a nivel del Ministerio de Defensa. Mire, nosotros sabemos bien lo que le pasa a la gente en estos momentos. Lo vivimos también y duramente en nuestra fuerza: un 70 por ciento de mi gente está bajo la línea de pobreza. Nosotros tratamos de contener todo lo que podemos.
–Anteriormente usted hizo referencia a la crisis de Venezuela. ¿Ve algún paralelismo con la Argentina?
–Son escenarios, situaciones socioeconómicas, inserciones tan diferentes las de ambos países... Los mecanismos que se utilizaron durante la crisis venezolana no son los que debieron ponerse en marcha. Allí hubo un golpe, un golpe de Estado según el modelo clásico. Todo lo que ocurrió allí está en los antípodas de lo que pensamos nosotros, que apoyamos la institucionalidad.
–En Sudamérica se produjeron varias crisis, desde el Perú de Fujimori, Paraguay post Oviedo, pasando por la Argentina del 20 de diciembre hasta la Venezuela del fin de semana pasado. ¿Qué está ocurriendo en la región?
–A lo mejor los mecanismos, el sistema, no está dando las respuestas que las sociedades necesitan. Pero, en ese sentido, la democracia se cura con más democracia. Hay que seguir el modelo de los países desarrollados. Lo peor es que las reglas se rompan. Lo ocurrido en Venezuela nos enseña que debemos afirmar el camino de la institucionalidad más allá de la realidad de la política.

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