EL PAIS

“Ahora tenemos que buscar a todos los responsables”

Fue identificado el cuerpo de la desaparecida Adela Fonrouge, quien estaba enterrada como NN en La Plata. Su familia cuenta la historia y señala que ahora empieza la búsqueda de los culpables.

 Por Victoria Ginzberg

Adela Esther Fonrouge estuvo enterrada durante 27 años como NN en una tumba del cementerio de La Plata. Desde esta semana descansa en un nicho del mismo predio, pero ya no está bajo una marca sin nombre, sin sentido. Ahora en el sitio dice, sin eufemismos: “Asesinada por la última dictadura militar”. Los restos de Adela fueron identificados a partir de una búsqueda de su hija, Julia, quien pudo acercarse de esa forma también a parte de la verdad sobre la muerte de su madre. “Adela dijo acá estoy, pero no se cierra nada hasta que estén todos los genocidas presos. A ella la mataron. ¿Quién la mató? Con esto tenemos datos que pueden derivar en una investigación”, dice Patricia Pozzo, prima de Adela.
Una patota policial sorprendió a Adela en su casa de La Plata el 11 de octubre de 1977. Según el relato de algunos vecinos, había pasado la noche nerviosa porque su marido no llegaba. Juan José Libralato había sido secuestrado. Hasta hoy no hay noticias suyas.
Los testimonios recogidos difieren en los detalles, pero todos coinciden en que a Adela la sacaron de su casa en malas condiciones: muerta o inconsciente. Algunas versiones incluso aseguran que se la llevaron atada a una parte de la cuna de Julia, que tenía ocho meses. Poco tiempo antes, la mujer había escrito a sus suegros contándoles que esperaba su segundo hijo.
Hace un par de años, Julia supo que se estaba siguiendo una pista de un chico que podía ser su hermano. El caso no prosperó, pero a partir de ese dato la joven comenzó la búsqueda de los restos de su madre. La Dirección de Personas Desaparecidas de la provincia de Buenos Aires, que encabeza Alejandro Incháurregui, estableció que el certificado de defunción de una mujer joven cuya causa de muerte fue violenta podía ser el de Adela. Con este indicio, Julia solicitó a la Cámara Federal de La Plata que se identificaran los restos. En mayo, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó la exhumación y aportó la confirmación.
La investigación trajo a la familia de Adela la certeza de la muerte, que actualiza un dolor siempre presente. Pero también aportó la certeza del asesinato que actualiza –y profundiza– preguntas siempre presentes. ¿Quiénes fueron? ¿Dónde están ahora? ¿Por qué no están presos? Julia preserva para sí el homenaje íntimo que realizó a su madre el miércoles pasado, cuando la colocó en el nicho con su nombre y las circunstancias de su asesinato. Delega en la prima de Adela el relato familiar de este encuentro. “Nosotras lo hablamos y ella encuentra que es mucho mejor saberla muerta que desaparecida. Hasta socialmente, para los papeles y por ella misma. Ella sabe que a largo plazo va a ser mejor que estar en esa especie de nebulosa. Es saber los últimos momentos de la mamá”, asegura Patricia Pozzo, quien vino desde Grenoble, donde recaló después de un exilio sueco que a su vez estuvo precedido por su propio secuestro y detención.
Para Patricia, la recuperación del cuerpo de su prima no implica clausurar la historia de Adela sino al contrario: “Me niego a decir que se cierra una historia. Para mí no se cierra nada, empieza otra, que es buscar a los responsables. Aunque parezca ingenuo, descabellado, a mí me da más tranquilidad pensar que se puede iniciar algo. Nos dan un cuerpo, no es un paquetito, está el certificado de defunción. Hay datos que pueden derivar en una investigación: quién era el responsable, los comisarios del barrio, medios de investigar debe haber. No soy especialista en el tema, pero me imagino que algo se puede hacer”.

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Adela había desaparecido el 11 de octubre de 1977.
 
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