EL PAíS › KIRCHNER QUIERE QUE DUHALDE
DEMUESTRE SU ALINEAMIENTO CON EL GOBIERNO

Primero, una pruebita de cariño

El presidente Kirchner piensa que la forma de descomprimir el conflicto bonaerense es que Eduardo Duhalde muestre su alineamiento con la Rosada. Especulaciones sobre una posible cumbre.

 Por Diego Schurman

Ninguna comisión de notables bien dispuestos. Ningún contertulio de trasnoche entre las segundas líneas. A los ojos de Néstor Kirchner, la llave para descomprimir el conflicto bonaerense es que Eduardo Duhalde “apoye públicamente al Presidente, manifieste su voluntad de acompañarlo en su gestión y admita que Cristina Kirchner es una buena postulante a senadora para la provincia de Buenos Aires”. Ni más ni menos.
El reclamo, que transmitió a Página/12 un encumbrado hombre del Gabinete en nombre de Kirchner, puede parecer desmedido cuando expira el tiempo para presentar formalmente las candidaturas nacionales y provinciales. Pero en la Casa Rosada lo ven como un paso “necesario” para que el ex y el actual presidente se sienten finalmente en una misma mesa a consensuar las listas.
“Hace varias semanas que Duhalde viene haciendo hablar del armado electoral bonaerense a sus amigos. Y en muchos casos sus amigos son más papistas que el Papa y hablan por demás. Lo que queremos es que él se exprese públicamente sobre el tema y que realice un firme respaldo al Presidente”, señaló la fuente de la Casa Rosada.
Voceros del titular de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur no creen que Duhalde acceda al pedido, no al menos en lo inmediato. Más bien dejan transmitir la bronca del ex presidente y, subiendo la apuesta, alertan por la futura “gobernabilidad” si la Casa Rosada no cede en sus pretensiones. En ese sentido, siguen levantando la bandera de Chiche Duhalde candidata frente al deseo del Gobierno de que la cabeza de la lista de senadores sea Cristina.
El fin de semana se especuló con una cumbre en Olivos. Duhalde adelantó su regreso de Roma. Aterrizó en Ezeiza el sábado por la mañana y no ayer, como había planificado originalmente. Desde el Grand Hotel Minerva, que lo alojó durante los funerales del papa Juan Pablo II muy próximo al Vaticano, confirmaron el dato el viernes pasado. “E partito per l’Argentina”, informó el recepcionista italiano sobre el ex presidente.
Sin embargo, no hubo encuentro sino más bien desencuentro. No por nada José Pampuro alumbró la idea de armar una comisión de “notables” de cada sector para ir acercando posiciones. El ministro de Defensa suele oficiar de bisagra entre duhaldistas y kirchneristas.
Se hablaba de sentar por el duhaldismo al titular del bloque de diputados del PJ, José María Díaz Bancalari, al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, y al secretario de la corriente Lealtad, el actual secretario de Seguridad porteño Juan José Alvarez, quien aspira a acompañar a Cristina en la lista de senadores.
Pero Kirchner, haciendo gala del viejo adagio de Perón, cree que las comisiones sirven para patear todo para adelante más que para resolver un conflicto. Sabe que si quiere hablar con cualquiera de ellos los tiene a tiro. De hecho, Díaz Bancalari es parte de la comitiva que lo acompaña a Alemania, y Camaño y Alvarez están permanentemente al teléfono con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
El Presidente prefiere escuchar de boca de Duhalde aquella música que solía interpretar el año pasado. ¿Un ejemplo? Cuando, exagerando su oficialismo, calificaba a Kirchner con 11 puntos sobre 10. ¿Otro? Cuando –en un reportaje publicado por este diario– admitía que Cristina Kirchner es una buena candidata para la provincia.
Para el Gobierno, la postulación de la Primera Dama es innegociable. El resto de los cargos, en cambio, es susceptible de conversación. Pero la necesidad de un contundente alineamiento de Duhalde con Kirchner, explican, es de conveniencia mutua y no únicamente del Presidente. Ponen un ejemplo que por interesado no deja de ser real: la semana pasada llamaron a la Rosada desde la embajada brasileña preguntando por esa sociedad. Concretamente, querían saber si el ex presidente seguía siendo un interlocutor del Gobierno.La bronca de Kirchner también recayó en Roberto Lavagna. El jefe del Palacio de Hacienda, quien supo ejercer el mismo cargo con Duhalde, hizo trascender que temía que las internas del PJ afectaran la economía. Y hasta viene condicionando a Felipe Solá –según cuenta el propio gobernador y aliado del Presidente– la entrega de fondos del Programa de Financiamiento Ordenado (PFO) a que la puja cese. En la Casa Rosada, los que no lo quieren al ministro de Economía aseguran que por más que la próxima idea que lleve al despacho de Kirchner revolucione el mundo, lo primero que recibirá Lavagna será un grito estentóreo.

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Cerca del presidente Kirchner creen necesario que Duhalde dé el primer paso para descomprimir.
 
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