EL PAIS

Las razones de un Congreso que trabaja a reglamento

El viernes pasado no hubo quórum en Diputados y por primera vez se produjo una sanción “ficta” de un proyecto. Fue un ejemplo de un Congreso que cada vez sesiona menos y piensa en las elecciones.

“¿Van a sesionar?”, preguntó un diputado peronista. “Nosotros estamos todos”, respondió una radical. Finalmente los peronistas no acudieron a la última sesión. Así, el viernes pasado se produjo por primera vez desde el regreso de la democracia la sanción “ficta” (de hecho) de un proyecto: el que avaló la renegociación con las empresas concesionarias de las terminales portuarias y de dos accesos a Capital. “La sanción ficta refleja la ficción de un Parlamento activo, cuando en realidad está virtualmente paralizado”, opinó un experimentado legislador que vio pasar varios gobiernos. La caliente y pendiente interna del justicialismo bonaerense aparece como la razón que mantiene a los diputados oficialistas ocupados en debates lejanos al recinto. Sin embargo, no es la única explicación de la baja actividad legislativa de las últimas semanas, en un Congreso que sigue delegando facultades al Poder Ejecutivo. “Y eso que todavía falta mucho para las elecciones de octubre”, agregó el legislador.
El proyecto lo había enviado el Poder Ejecutivo para obtener el aval parlamentario a la renegociación de esos contratos. Pero no hubo rechazo ni aprobación sino sanción de facto, porque se venció el plazo de 60 días establecido por ley. Fue una sanción sin votación, lo cual parece ser contradictorio (y de hecho es contrario a la Constitución). Sin embargo, la sanción ficta está contemplada por la misma ley que invoca una permanente y renovada emergencia pública, y que también justifica la delegación de facultades al Ejecutivo.
Aunque esta semana la mayoría justicialista se abroqueló y decidió no sesionar, la interna en la provincia de Buenos Aires metió en Diputados algo más que la cola. Las negociaciones por los proyectos de ley ceden ante la urgencia de acuerdos internos, y no parece conveniente para el bloque mayoritario arriesgarse a que esas diferencias estallen en el recinto. “Cuando el PJ sabe que no tiene asegurado el control de la agenda y de lo que salga del Congreso paraliza la maquinaria parlamentaria”, confió un diputado de ese partido. Algo similar ocurría en tiempos en que duhaldistas y menemistas tenían disputas parecidas a las actuales.
“Es cierto que éste es un año electoral y la oposición genera situaciones que son parte de la campaña. Aunque también es cierto que en el bloque nuestro hay intereses contrapuestos porque en la provincia de Buenos Aires existen algunos contratiempos”, admitió ante Página/12 el diputado kirchnerista Osvaldo Nemirovsci. Agregó que, aun así, “hemos tenido sesión casi todos los miércoles”. Casi, porque el miércoles 25 de mayo no hubo actividad por el feriado. Pero lo llamativo es que la actividad fue escasa en toda la Cámara durante toda esa semana. “Es normal porque en las agendas de los diputados están las realidades provinciales. A uno le pagan bastante, tendría que estar acá pero ese razonamiento choca con compromisos en las provincias en función de lo que la gente espera de sus diputados. De todos modos, yo soy partidario de que estén acá todas las semanas”, opinó el rionegrino.

Presentes en su provincia, ausentes en la Cámara:

No piensa lo mismo un conocido diputado del mismo partido. “No es necesario que haya sesión todas las semanas, la actividad se produce en las comisiones. Además, hay que entender que la Cámara es federal y un diputado tiene que atender las necesidades de su provincia si quiere mantener el apoyo de la gente”, argumentó el legislador de origen duhaldista. A diferencia de Nemirovsci, según su punto de vista la interna del PJ bonaerense “no incide” y el bloque “vota sin problema, de los 129 siempre 115 bajan y votan”. Y aclaró que esto es así porque “respecto de las leyes que hacen a la gobernabilidad no hay disidencia” en el seno del justicialismo. En tren de especular a futuro, ¿cómo imagina la escena legislativa si el bloque llegara a fracturarse entre kir-chneristas y duhaldistas? “Aunque se parta el bloque, por más desunidos que podamos parecer, la gobernabilidad está garantizada”, aventuró.
“El PJ los une, la interna nunca los afectó para afuera. Kirchner no se puede quejar del comportamiento de su bloque en los temas serios, y en esto de la sanción ficta ambos sectores colaboraron”, expresó a Página/12 el jefe del bloque de diputados radicales, Horacio Pernasetti. “Por lo demás, el Gobierno legisla por decretos de necesidad y urgencia”, agregó. Este diario quiso saber por qué la oposición no puede tener un temario propio. “Sí podemos, pero se impulsa o no por mayoría y ahí perdemos. Hay una decisión política de no funcionar, de hecho no hay quórum tampoco en las comisiones”, indicó el catamarqueño.
Nemirovsci reconoció que las comisiones van “tras el calor de los temas, y en un año electoral los diputados también hacen política con su asistencia o no”. De hecho, no dar quórum ha sido una herramienta usada tanto por radicales como por justicialistas, y ahora se extiende a la labor en comisiones. Según el monitoreo realizado el año pasado por Poder Ciudadano en seis comisiones de Diputados, el porcentaje de presentismo rondaba entre el 50 y 60 por ciento. Esa ONG señaló como un “rasgo poco saludable” que las comisiones funcionen de acuerdo con el protagonismo de sus presidentes. “Hay una falta de temas importantes en el recinto, que se han dejado de lado porque necesitan más debate o porque el Ejecutivo marca otros ritmos”, se sinceró el kir-chnerista. En eso coincidió con el diputado y economista de la CTA Claudio Lozano (ver aparte).
Los diputados radicales también cuidan los votos de sus respectivos comprovincianos. Esta suerte de atención a doble mostrador es una práctica generalizada que excede el actual período. De todos modos, cuando le preguntaron al senador Antonio Cafiero cómo había logrado Augusto Alasino acumular tanto poder respondió que fue “por dos razones: porque es inteligente y porque viene todos los días”.
Durante los primeros años de la vuelta democrática había sesiones los miércoles y los jueves. “Había mucho que hacer al principio, el declive empezó en 1989 pero ahora todo se ha degradado demasiado”, comentan quienes habitan el Palacio desde hace décadas. Está aceptado tácitamente que la actividad parlamentaria disminuye durante los años electorales, pero nunca tanto como en estos días, según confían veteranos de la “casa”.
Otra frase que se repite alude al Congreso como una “escribanía que se limita a refrendar los actos del Ejecutivo”. Sin embargo, Poder Ciudadano considera “que una legislatura sea reactiva, o sea, que descanse en la iniciativa legislativa presidencial, no quiere decir que sea ineficiente o mala. Simplemente da cuenta de rasgos propios del sistema político”. En tal sentido, es evidente que la delegación de facultades al Poder Ejecutivo afectó la iniciativa e incidencia del Legislativo. “Con respecto a la delegación legislativa el resultado de la reforma de 1994 es nefasto (...) y si a ello agregamos que los diputados y senadores se despreocupan de controlar el ejercicio presidencial de esas facultades, el panorama institucional es decididamente turbio”, escribió el constitucionalista Félix Lonigro en octubre de 2004.
Con la reforma política pendiente, queda aún por revisar el accionar legislativo. Por lo tanto, tal como lo sugiere Poder Ciudadano en su trabajo “El Congreso bajo la lupa”, no sólo es cuestión de falta de acción sino también de mejorar la calidad de esa acción parlamentaria.

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Los legisladores mencionan la interna del PJ bonaerense como un justificativo de la poca actividad.
 
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