EL PAIS

“Evita descubrió las mujeres a través de Perón”

La historiadora española Marysa Navarro, autora de una biografía de Evita, analiza el rol de las mujeres en el peronismo. Chiche Duhalde y Cristina Fernández.

 Por José Natanson

Historiadora española con una larga trayectoria y profesora del Dartmouth College, Marysa Navarro es autora de lo que muchos consideran la mejor biografía de Evita, publicada por primera vez en 1972 y cuyo gran acierto consistió en recuperar la dimensión política de la esposa de Perón. De paso por Buenos Aires para presentar la reedición de su libro por Edhasa, Navarro dialogó con Página/12 sobre la disputa al rojo vivo del PJ, protagonizada por las esposas de sus dos principales líderes. El resultado es una charla sobre el complejo y fascinante rol de las mujeres en el peronismo, donde la figura y el legado histórico de Evita se cuelan inevitablemente, una y otra vez.
–¿Cuál es el lugar de las mujeres en el peronismo?
–Las mujeres han tenido un lugar histórico muy importante en el peronismo y en la política argentina, y ese lugar es el que les dio Evita. Muchas mujeres también han podido, gracias a ella, jugar un papel. Evita no fue la única. Hay otros legados importantes, como el de Alicia Moreau de Justo, o las anarquistas de principios de siglo, pero Evita fue la más notable. Legitimizó de manera inigualable la participación de las mujeres en la política. Esto, por supuesto, no quiere decir que siempre hayan tenido ese lugar, o que no hayan tenido que pelear por recuperar el espacio que Evita abrió, o que no hayan tenido que luchar para construir su espacio. Al radicalismo le costó muchísimo darles un lugar a las mujeres, lo mismo a los partidos de izquierda. Pero, en general, ha habido una participación de las mujeres excepcional en la Argentina, en contraste con la mayoría de los países.
–¿Cómo analiza la disputa protagonizada por Cristina y Chiche, esposas de los dos líderes más importantes del PJ, a la luz del legado histórico de Evita?
–Evita y Chiche son más parecidas. Son las esposas, ocupan ese lugar. No tienen una carrera política fuera del liderazgo del marido. En cambio, Cristina Fernández, como ella dice que hay que llamarla, tuvo una carrera política paralela. Es una mujer profesional, de otra generación, con otra formación, que desarrolló su propia trayectoria. Era senadora mientras su marido era gobernador. Tenía un lugar institucional diferente al del marido. Tiene una autonomía, o podría tenerla, mayor que la de Chiche o la de Evita. Ella ha tenido que dar examen, pelearse con sus compañeros, pasar elecciones. Tienen un proyecto común con Kirchner, en el que ella tiene impacto.
–Pero Evita también influyó en el proyecto de Perón.
–Por supuesto, desde un lugar diferente, pero marcó el proyecto político del peronismo. Hay una admiración profunda de ella por él. Es una mujer con poca educación, con una vida de pequeña actriz de radio, que se casa con el príncipe. Ella dice que no concibe el cielo sin Perón. Tenía mucha libertad, pero en los términos en que él se la permitía, es decir en el espacio político que a ella le dieron, pero que ella definió. Dependía de él, lo obedecía, y él la dejaba hacer. No eran iguales, no había equidad, ni podía haberla. Perón era un autoritario, que creía que sabía más que nadie en la Argentina, ni hablar que Evita. A pesar de eso, yo no puedo entender el peronismo sin la presencia de Evita. El proyecto política era de Perón, pero ella incidió en su implementación y en la práctica del peronismo, a tal punto que después de su muerte Perón buscó siempre delegados –como (Héctor) Cámpora– que ocuparan el lugar de su primera delegada, que fue Evita. Cuando él dejó de ser el líder de los descamisados y se convirtió en presidente de los argentinos, ella fue la réplica de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Ocupó ese lugar de nexo con las masas.
–Usted asegura que Evita abrió el camino para la participación política de las mujeres, pero no lo hizo desde un discurso feminista, como el de Alicia Moreau de Justo, sino de subordinación a Perón.
–Pero claro. Evita era antifeminista. Sentía desprecio por el tipo de mujer feminista, que relacionaba con Alicia Moreau de Justo o con las feministas inglesas. No hacía lo que hacía por ser feminista. Tanto es así que ella descubrió a las mujeres a través de Perón. El fue el primer jefe de Estado argentino que puso el tema femenino en la mesa, antes de que Evita se metiera en política. Las feministas y sufragistas pedían el voto femenino desde hacía años. Mientras los conservadores estuvieron en el poder no había manera de lograrlo, hasta que en 1943 Perón comenzó a ocuparse del tema. Y, aunque ahora parezca triste, las feministas se opusieron porque la iniciativa era de un militar, no querían aceptarlo.
–¿Perón y Evita abrieron el camino para la participación política de las mujeres?
–Sí. Los avances fueron extraordinarios. En los ’50, ningún país tenía la cantidad de mujeres en el Congreso que tuvo Argentina.
–Pero no eran feministas, no tenían lo que hoy se llama conciencia de género.
–No, por supuesto. Eran mujeres peronistas lideradas por Evita. Pero no hay que subestimar. Ella creó un partido de mujeres líderes, con unidades de base, algo que no existía en ningún otro lugar del mundo. Decía que las mujeres no sólo tienen que votar, sino que tienen que votar a mujeres: por eso en esa época había mujeres en Diputados y Senadores, que aumentaron en las elecciones posteriores. Argentina fue muy avanzada. Cuando uno piensa el mundo de esa época, la opresión hacia las mujeres, es extraordinario lo que ella hizo, aunque no tuviera conciencia de género. Muchos no se dan cuenta de que empadronó a todas las mujeres, las organizó en un partido, las incitó a votar. Y esto daba un resultado: las mujeres votaron más por Perón que los hombres. En ese momento había una sola mujer, que no fuera una reina, con poder político en el mundo además de Evita: Golda Meir, que en ese momento era ministra de Defensa de Israel.
–Hoy la perspectiva de género forma parte del discurso de lo políticamente correcto, ¿Cristina Kirchner y Chiche Duhalde tienen una mirada feminista o, por el contrario, actúan como Evita?
–Creo que funcionan como Evita. No veo un cambio hacia una conciencia feminista en ninguna de las dos. Es mi impresión. Hay, eso sí, una aceptación de la problemática de género, pero por todos. No se habla de feminismo sino de género, que es más antiséptico. Hay una conciencia de la necesidad de no hablar contra las mujeres. Es un discurso menos sexista. Y se han hecho cosas notables, como la ley de cupo. Que haya mujeres en el Congreso implica puntos de vista y perspectivas diferentes, aun dentro de un mismo partido. Es posible que las mujeres incorporen temas nuevos, o que tengan una influencia nueva en temas viejos. Y también una manera de proceder diferente, porque la experiencia de las mujeres es diferente.
–Pero también hay mujeres acusadas de corrupción, como María Julia Alsogaray, o durísimas a la hora de ejercer el poder, como Margaret Thatcher.
–María Julia no sabe qué es el feminismo. Tiene una visión machista del poder. Igual que Thatcher, que estuvo en el gobierno pero no incorporó temas de violencia o sexualidad. Usó el poder como un hombre.
–¿Y Evita?
–Usó el poder que tenía para incorporar a las mujeres a la política, pero con límites. Tenía una influencia grande en la CGT, que fue su primera puerta de entrada a la política. Había mujeres trabajadoras y en sindicatos. Pero, ¿había dirigentes sindicales mujeres, o en el secretariado de la CGT? No. Ni siquiera en sindicatos como los textiles, que estaban lleno de mujeres y donde los dirigentes eran todos hombres. Evita no trataba a las mujeres en el movimiento sindical para darles un apoyo especial, como en la política.
–¿Evita usaba el poder como un hombre?
–Sí. Pero no dejaba, por ejemplo, de ser madre. Evita no fue madre, y sin embargo hablaba como si fuera una madre. Hay una sublimación de su maternidad. Ella es vista como madre. Y además hay una vinculación con las figuras religiosas, a nivel social o cultural, como la figura de la Virgen María. Se fotografiaba con niños, organizaba los campeonatos infantiles, iba a los hogares para niños. Cultivaba el rol de la madre, lo ejercía en su obra social. A nivel político es otra cosa: es la compañera. Creo que Cristina Fernández, y sobre todo Chiche, se ubican en ese rol.

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