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Los radicales hicieron gala de su liturgia para apoyar a Lavagna

La Convención Nacional de la UCR, con casi trescientos delegados de todo el país, se aprestaba a votar anoche el apoyo a la candidatura presidencial del peronista Roberto Lavagna. Cruces sin matices.

 Por Eduardo Tagliaferro

“Qué lindas son las convenciones”, decía con cierta incomodidad un joven radical a otro. Acostumbrados al ritual de los gritos, las chicanas, los pasillos, las negociaciones trasnochadas, los mayores que transitaban por el hall del Teatro Colonial de Avellaneda no se avergonzaban como esos militantes de la JR por la silbatina que transmitían los parlantes. Los silbidos no fueron uno de los muchos cruces que dominaron la Convención Nacional, que al cierre de esta edición se aprestaba a votar un acuerdo electoral con Roberto Lavagna. “Perdón, perdón, quise decir Lavagna”, se corrigió el convencional de San Juan que acababa de afirmar: “Todos estamos entusiasmados en hacer una alianza electoral con Cavallo”. En cualquier otro momento la gaffe hubiera quedado en un detalle menor. Los radicales presentían que anoche estaban frente a un momento histórico y no era cuestión de mentar a los fantasmas que los habían conducido hacia el abismo. Medir fuerzas con una votación temprana es un ritual. El oficialismo lo cumplió al pedir el voto para ratificar la intervención partidaria a Mendoza (ver aparte).

Una hora y media después del comienzo del cónclave, la conducción radical anunciaba que 174 convencionales se encontraban en el salón. Con ello habían alcanzado el quórum. El sector que lidera la bonaerense Margarita Stolbizer, enfrentada a un acuerdo con Lavagna, ya que propicia que el radicalismo lleve candidatos propios, afirmaba que el quórum no era reglamentario. Señalaban que muchos convencionales se habían acreditado sin documentos de identidad y fuera del horario previsto.

Luego de que Adolfo Stubrin entregara un informe de lo actuado por la Convención, el titular de la UCR, Gerardo Morales, expuso sobre los contactos que había desarrollado con otras fuerzas políticas. Recordó que en dos líneas el ARI le manifestó que no mantendrían diálogo institucional con la UCR. Evasivas también recibió del Partido Socialista. La conclusión estaba cantada.

“Los radicales no podemos caer en la intrascendencia electoral”, puntualizó Morales al defender el acuerdo electoral con Lavagna. Las barras, que insistían en calificarlo de “traidor” y “vendido”, levantaron la voz para cantarle “andá con Duhalde, la puta que te parió”. Con la falta de vehemencia que lo caracteriza, Stubrin decía “que no era de buen radical faltar el respeto al orador”.

El contrapunto entre Morales y las barras no se detuvo. “Desde 1983 dejamos de ser gorilas”, retrucó Morales. “(...) Todos unidos triunfaremos, y como siempre daremos, un grito de corazón, viva Perón, viva Perón”, entonaron con ironía los que rechazan la alianza con Lavagna. Como un resorte, al igual que en una escena de la película Casablanca, la mayoría de los convencionales se puso de pie para tapar a sus rivales. No fue con “La Marsellesa”, sino con la marcha radical que lograron acallar a los díscolos.

A esa altura del debate, los números y el resultado final de la votación estaban cantados. La mayoría se inclinaba por una coalición con Lavagna. “No sé qué voy a decidir. Estamos frente a un final abierto. Todo puede ser”, respondió Stolbizer cuando Página/12 le preguntó qué camino político tomaría luego de que la Convención respalde la coalición con el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner.

Caras conocidas se apiñaban en la vereda del teatro y en los bares cercanos. Una abundante pegatina de afiches radicales tapó los carteles que con la firma del intendente de Avellaneda, Baldomero “Cacho” Alvarez, los recibían con el slogan: “24 de marzo, 30 mil peronistas desaparecidos”. Acompañado por su mujer, el ex senador Hipólito Solari Yrigoyen llegó con una cinta roja y blanca en la solapa de su saco. Ricardo Gil Lavedra, José María García Arecha, Juan Manuel Casella, Marcelo Stubrin, Angel Rozas, Carlos Maestro, Mario Losada se cruzaban con los nuevos legisladores del radicalismo, como los senadores Ernesto Sanz y Alfredo Martínez, o el diputado Fernando Chironi.

El porteño Jesús Rodríguez adelantaba que la próxima convención porteña de la UCR votará el apoyo a Jorge Telerman en la ciudad de Buenos Aires. Nito Artaza aseguraba a este diario que concurriría a la Convención porteña para dar la pelea y tener candidatos propios. Desde los parlantes llegaba el discurso del convencional por la Capital Fernando Bertani. Luego de destacar que él estaba en contra de Néstor Kirchner y que por eso mismo aparecía predispuesto a apoyar la candidatura de Lavagna, no entendía “cómo en la Capital podemos ir con Telerman, que es Kirchner. Es una gran incoherencia”, dijo. No era la única por cierto. Los propios discursos de los convencionales se encargaban de subrayarlas.

Al repasar el currículum de Lavagna, Morales recordó que no había estado con la dictadura, que fue funcionario de Raúl Alfonsín y el ministro de la transición. Para el titular de la UCR quienes proponían presentarse con candidatos propios le hacían el juego al Gobierno, que buscaba tener enemigos intrascendentes. El guante lo tomó la convencional por Córdoba, Alicia Rodríguez, que pidió “no esconderse detrás de un candidato” y afirmó que “en la oposición también están los personeros de la corrupción y la desigualdad social”.

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El titular de la UCR, Gerardo Morales, impulsó el apoyo al ex ministro de Economía de Kirchner.
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