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A Sancho lo bajaron del caballo a raíz del enojo del Presidente

El Presidente envió a Santa Cruz al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, para que siga de cerca la evolución de las negociaciones. Habrá una renovación del gabinete local. Confían en que se produzcan avances hacia un entendimiento en el conflicto docente.

 Por Diego Schurman

“A Sancho le dijeron que Kirchner ladraba, y tuvo que dejar de cabalgar.” Con esa figura, tomada y reconvertida del clásico de Miguel de Cervantes, el Gobierno explicó ayer la eyección del gobernador de Santa Cruz. Uno de los máximos exponentes del pensamiento presidencial redondeó esa idea anoche, aunque apelando a un lenguaje decididamente prosaico. “La verdad de la milanesa es que al enterarse de que Kirchner estaba recontracaliente, Sancho llamó para decirle que renunciaba”, dijo a Página/12 un ministro de la Casa Rosada.

Efectivamente, el miércoles Kirchner se mostró inquieto, ya no sólo por el conflicto gremial, sino por la represión que terminó con más de una decena de heridos en su pago chico. La habitual queja del Presidente con el gobierno provincial se transformó, en el crepúsculo del día, en furibundos insultos, según cuentan en su entorno.

La salida de Carlos Sancho le permitió a Kirchner descomprimir el conflicto, y también tomar distancia de los hechos, que de todos modos la oposición le adjudica. La explicación del cuadro de situación quedó en boca de Alberto Fernández. “En Santa Cruz hubo un hecho exógeno que impuso una política que no es la que el gobierno nacional sostiene y, ante este error, el gobernador Sancho entendió que debía tomar una decisión y es la que tomó”, dijo el jefe de Gabinete a una radio, como si Sancho no hubiese sido delfín de Kirchner.

En el barrio, a Sancho lo hubieran tildado de chivo expiatorio. Para la Casa Rosada, en cambio, resultó el demonio corporizado.

–El límite fue la represión. El Presidente siempre dice que si se tira una pared abajo, de última, se levanta, pero que una vida no se recupera más. Por eso hasta aquí llegó Sancho, porque lo que seguía no se sabía cómo iba a terminar –reflexionó ante este diario uno de los habitantes del primer piso de Balcarce 50.

Ya se dijo, pero vale la pena reiterarlo: también en la Casa Rosada, y no sólo fuera de ella, sobrevoló en las últimas horas el fantasma de Carlos Fuentealba, el docente asesinado por las fuerzas de seguridad de Jorge Sobisch.

Ahora, Kirchner le confió el cargo a Daniel Peralta. El ex diputado y ex interventor de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio siempre fue un comodín que el Presidente hizo jugar en casos de emergencia. Ayer, el flamante gobernador le devolvió las gentilezas y, para hacer aspavientos del “cambio de firma”, se mostró ecuménico con todos los sectores involucrados en el conflicto, incluso con el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, tan vapulado por el kirchnerismo.

Según fuentes oficiales, Kirchner habría adelantado entre los suyos una renovación del gabinete santacruceño. La escoba K dejaría sin cargo al menos a Juan Bontempo y Daniel Varizat, dos hombres que constituyeron la fuerza de choque del gobierno de Sancho. En cambio, otros ministros conservarían sus puestos hasta diciembre próximo, cuando se renueven las autoridades. En este último listado estaría el responsable del área social, Juan Carlos Nadalich, ponderado como interlocutor por el entramado de gremios en conflicto.

A propósito, las propias usinas oficiales –y aquí no son ajenas las internas del kirchnerismo– divulgaban la hipótesis de que Peralta pudiera aspirar a la candidatura a gobernador, en desmedro de Alicia Kirchner. Un pronóstico algo aventurado, sobre todo cuando el ex diputado y hombre del ministro de Planificación, Julio De Vido, ni siquiera tomó el timón de la provincia.

Por ahora, lo único cierto es que el Presidente envió un delegado a Santa Cruz: se trata del secretario de Legal y Técnica, el “pingüino” Carlos Zannini. Se ocupará de seguir de cerca la evolución de las negociaciones en la atribulada ciudad de Río Gallegos, que hoy sentirá fuerte el paro general convocado por la denominada “mesa de unidad sindical”.

En tanto, en Buenos Aires habrá contactos. Se espera una reunión entre docentes y funcionarios de Educación y de Trabajo. No estarán allí Daniel Filmus ni tampoco Carlos Tomada, quien se encuentra en San Juan. Pero todo indica que se producirán avances hacia un entendimiento.

Tomada fue el que impulsó la conciliación obligatoria rechazada ayer por los gremios santacruceños. El ministro la sigue considerando una herramienta válida para reestablecer el diálogo. El cambio de escenario la podría volver prescindible, ya que supone un cambio de voluntades, de uno y de otro lado.

A pesar de la dureza de las últimas declaraciones que se prodigaron las partes, hasta la interrupción de las tratativas se había logrado avances importantes. Existe una promesa oficial de llevar el actual básico de 161 pesos hasta casi 500 pesos y también un compromiso de devolverles a los trabajadores los salarios caídos.

Este último punto era resistido por Kirchner, quien argumentaba que la protesta no podía ser financiada por el empleador, o sea, por el propio Estado provincial. Pero finalmente cedió, aunque solicitó algún mecanismo para que la erogación de ese dinero no se compute como pago de salario caído. Por eso se barajaba la creación de un ítem que justificara el desembolso de ese dinero. Un culto al eufemismo.

El broche de oro será la recomposición gradual del salario a partir de junio, que también estudian en Trabajo. El Gobierno cree que con ese paquete –que sucede a la entrega de la cabeza de Sancho tan requerida por los gremios y aun por la oposición política– el lunes se reanudarán las clases en Santa Cruz. Creer o reventar.

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El presidente Néstor Kirchner y Daniel Scioli en el lanzamiento de los Juegos Nacionales Evita.
Imagen: DyN
 
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