EL PAíS

Dos miradas gremiales sobre la salud

CLAUDIO LOZANO *
Estrategias integrales

Puede haber distintas visiones sobre la modalidad de lucha adoptada por los trabajadores del Garrahan. Pero es importante tener en cuenta que:
–En tanto la asamblea del hospital resuelva democráticamente mantener la medida de fuerza, ésta es legítima, además de constitucional.
–La mayor responsabilidad en la solución del conflicto la tiene quien detenta mayor autoridad: el gobierno nacional es el primer responsable.
–La polémica no radica en el monto total de recursos que el Gobierno ofrece, sino en el modo en que éstos se distribuyen entre las diferentes categorías del personal, distribución que al privilegiar al personal médico en desmedro del de enfermería y de los auxiliares obstruye la solución del conflicto.
–Resulta preocupante la tendencia gubernamental a interpretar el conflicto del Garrahan como un simple problema gremial: no percibe que el hecho de que el hospital público con mayor presupuesto del país evidencie la crisis que hoy exhibe es un síntoma general de los problemas que afectan al sistema sanitario nacional.
–Desde la crisis del 2001 el hospital sufre un proceso de deterioro creciente y grave caracterizado por la imposibilidad de mejorar o, aún, sostener la calidad de sus servicios e incrementar la magnitud de las prestaciones, según las necesidades de los niños con enfermedades de mediana y alta complejidad. Es en este contexto donde se inscribe el deterioro salarial que denuncia el actual conflicto gremial.
–Uno de los problemas principales de la institución reside en que las fallas del sistema de atención infantil en el país y en el GBA determinan una elevada demanda de pacientes con padecimientos de baja complejidad que se suman e interfieren con la atención de alta complejidad. Para dichos servicios (cardiopatías, cirugías complejas) existe un retraso que no es aceptable y tiene que ver con la crisis sanitaria, y no con huelga alguna.
–El análisis de la producción del hospital muestra un patrón de país desarrollado en el que al bajar la mortalidad de niños por problemas complejos, aumenta la cantidad de pacientes con patología crónica. La única solución es la de los países desarrollados, que consiste en aumentar sustancialmente los presupuestos para atender los nuevos casos dentro y fuera del hospital, reestructurar la atención fuera del mismo para mejorar la de los casos menos complejos y reformar el hospital en un nuevo plan que aumente y mejore la atención de complejidad alta.
–Es necesario ir gestando desarrollos regionales para la atención infantil que impidan la derivación de casi todos los casos a la Capital Federal, estableciendo escalas de complejidad.
El Garrahan está en crisis debido a que no puede seguir creciendo, porque lo asfixia la decadencia del sistema de salud, la ideología sanitaria, su aislamiento y los límites en las decisiones políticas.
Las acciones dirigidas a resolver los problemas del Garrahan requieren estrategias integrales urgentes, que necesitan un alto grado de decisión política. En este sentido, la necesaria recomposición salarial debe inscribirse en una reforma de la institución y en la mejora del sistema de atención infantil. Por eso aterra que el Gobierno siga pensando el conflicto como un simple problema gremial.

Diputado nacional. CTA.

PABLO MICHELI *
Camas vacías

Ayer los trabajadores del Estado del sector salud pararon y se movilizaron a Plaza de Mayo en defensa del sistema público de salud. El Estado nacional ha comenzado a recuperar, muy lentamente, algunas de sus funciones indelegables –que los gobiernos con políticas neoliberales le arrancaron y privatizaron en los últimos quince años– y probablemente sea el área de educación el mejor ejemplo de ello. Mientras tanto, desde el Ministerio de Salud de la Nación se insiste en la aplicación de políticas impuestas por el Banco Mundial, los laboratorios y los intereses económicos concentrados del “negocio de la enfermedad”.
Desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTA), hemos sido principal resistencia a esas políticas que se iniciaron en los trágicos ’90 y hoy seguimos sosteniendo la lucha –frente a todos los gobiernos cualquiera sea su signo partidario– por la recuperación de nuestros salarios y condiciones dignas de trabajo, a la vez que por una política sanitaria nacional que garantice un hospital público igualitario y gratuito para nuestro pueblo.
En este marco se inscribe el conflicto del Garrahan que, a diferencia de todas las demás luchas, tiene un componente mediático de singular importancia a raíz del prestigio, las particularidades de ese hospital y la alta calificación de sus trabajadores que han hecho de esa pelea un “caso testigo”.
En primer lugar, nosotros estamos absolutamente convencidos de la legitimidad del pedido de los trabajadores y del derecho que les asiste respecto de todos los puntos reclamados. Por ese motivo hemos estado en todo momento apoyando la pelea y, con la presencia de la conducción nacional de ATE, dimos claras muestras de nuestra decisión.
En segundo lugar, somos parte de una organización sindical transparente y democrática, donde conviven y disputan políticas más de 170.000 trabajadores estatales afiliados a ATE en toda la Argentina y que ha hecho de la participación una cuestión inclaudicable y definitoria. En este marco, hemos discutido con los compañeros del Garrahan distintos criterios acerca de cuál es la mejor manera de conducir el conflicto, es decir, una práctica democrática respetada por nosotros y algunos sindicatos y casi olvidada por otros. Por eso, más allá de las diferencias públicas con la comisión interna debatidas en la propia asamblea hospitalaria, nosotros planteamos un impasse el 16 de agosto y fue aprobado recién 25 días después en otra relación de fuerzas y por lo tanto con distinto efecto.
En tercer lugar, reafirmamos que el principal responsable de los problemas gremiales y del funcionamiento del hospital es el ministro de Salud, que mantiene una actitud caprichosa, cuando no malintencionada y macartista, que impide arribar a una solución justa para todos.
Finalmente, estamos seguros de que la solución integral para los problemas de salud del pueblo argentino pasa por la construcción de un país para todos con una justa distribución de la riqueza, que haga realidad aquella idea de Evita acerca de que “los mejores hospitales son los que tienen las camas vacías” porque eso significaría que el pueblo está sano y feliz.

* Secretario general, Consejo Directivo Nacional de ATE.

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