EL PAíS › OPINIóN

La tregua vital y móvil

 Por Mario Wainfeld

Si las palabras, todavía, quieren decir algo existe una marcada diferencia entre la “tregua” vigente desde hace más de un mes y el “cuarto intermedio” pautado ayer. El primer vocablo remite a la guerra, el segundo a la acción parlamentaria. La negociación entre el Gobierno y las entidades agropecuarias navega entre esas dos aguas. La impresión actual es que ha entrado en zonas menos procelosas que en marzo, pero nada es seguro en medio de la marejada.

La espada de Damocles de los cortes salvajes con desabastecimiento parece haber mellado su filo, pero los dirigentes (a esta altura) habitués de la Casa Rosada reinciden invocando su amenazadora presencia. Lo hacen mientras amplían la agenda de un regateo muy signado por su divulgación en tiempo real.

La permanente invocación al bien común de las entidades “del campo” pierde consistencia a medida que se conocen los temas en debate. Uno de los centrales a tratarse hoy mismo es el otorgamiento de facilidades “generosas” para deudores morosos del Banco Nación. La palabra “generosa” es recurrente en la parla de Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria Argentina. Como suele pasar en la narrativa corporativa, el tono edificante camufla la contrapartida, que pagan otros. La “generosidad” será erogada con recursos del Fisco, en un punto final a costa de los intereses de otras personas. Las palabras, ya se sabe, no son neutrales. En otros ámbitos, acaso más barriales, podría husmearse que flota en el aire un pagadiós para ciertos deudores, colocados en una contingente posición de privilegio.

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Día más, día menos: El transcurrir de las tratativas demostró que la tregua unilateral no era una bomba de tiempo, como propuso la dirigencia campestre y convalidaron sus voceros espontáneos. No se trataba de un plazo inexorable ajeno a la discrecionalidad de los contendientes, cual si hubiera sido dispuesto por la divinidad. Era un recurso sectorial para el toma y daca, móvil como las retenciones que detonaron la crisis. Un rebusque que los dirigentes flexibilizan al desgaire pero no desisten: ayer mismo postularon que la “dead line” se corrió por hasta esta tarde, con un cronograma riguroso minuto a minuto. Con lo cual el ultimátum se mediría ya en horas y no en días.

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Porvenires: El Gobierno, para el que era un punto de honor no cerrar trato antes del 2 de mayo, ya accedió a ese objetivo. La legalidad (amén de su autoestima) le imponía ese prurito. Traspasada la fecha, le cabría empezar a descubrir que es dudoso que le convenga la prolongación del incordiante diálogo. Las reuniones son un imán para la atención mediática y dominan la escena pública. La impresión del cronista es que la perpetuación del escenario es un karma para el oficialismo porque (como poco) le sustrae el manejo de la agenda.

Los líderes institucionales “del campo” también precisan ir redondeando la cuestión. Máxime si desean (y vaya si lo desean) mantener la conducción del conflicto y no ser “desbordados”, por no decir arrastrados, por los autoconvocados. La sinergia de éstos con la mayoría de los medios sigue siendo notable, tanto que nadie se toma la molestia de contar cuántas personas flanquean en estas horas las rutas nacionales.

El cuarto intermedio finiquita en instantes, vaya a saberse qué pasará con la tregua. En esta nota, condenada a la transitoriedad por haber sido escrita en medio de una irrisoria impasse, nada definitivo puede decirse, salvo resaltar que el casus belli (las sonadas retenciones móviles) ya no es el núcleo de un contencioso muy politizado. Pero sigue siendo un mito fundacional (también pegamento de la asombrosa unidad) para las entidades, que no pueden retractarse de su reclamo originario.

Las retenciones móviles también son significativas para el “aguante” del Gobierno que, con todo, podría modificarlas parcialmente, echando culpas sobre Martín Lousteau, un chivo emisario de ocasión.

Es ilusorio imaginar que ese tramo del entuerto pueda cerrarse en un ratito, de parado. Si las partes encuentran una bisectriz entre sus necesidades simbólicas, la tregua podría seguir prolongándose. Pero es temerario hacer predicciones durante un cuarto intermedio, más sensato es esperar hasta esta tarde.

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