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Apostillas en el recinto

- Touch and go.
El bonaerense Rodolfo Frigeri es duhaldista desde siempre, aunque desde diciembre coquetea con Adolfo Rodríguez Saá. Esto no evitó que estuviera presente a la hora de juntar el quórum para sesionar. A poco de andar la sesión de ayer, Frigeri desapareció. Sus colegas del bloque no se preocuparon y pensaron que volvería más tarde, pero las horas pasaban y el bonaerense no daba señales de vida. Algunos comenzaron a preocuparse y ordenaron a los empleados de la bancada que comenzaran a buscarlo para confirmar su presencia a la hora de votar. Grande fue la sorpresa cuando se enteraron que “el Rolo” Frigeri no sólo no estaba en Buenos Aires sino que volaba camino a Brasil para participar de un congreso.

- Vénica, el radical retobao.
En medio de la sesión, el titular del bloque radical Horacio Pernasetti recibió una nota que lo levantó de su banca. Sucedió que el formoseño Pedro Vénica le anunciaba su renuncia a seguir integrando la bancada. La razón era una sola: estaba en desacuerdo con la metodología de no favorecer el quórum para la sesión del juicio político a la Corte. Hubo dos datos que tranquilizaron a Pernasetti al recordar que el formoseño era el mismo que a poco de asumir anunció que no iba a volver por la Cámara porque el entonces presidente de Fernando de la Rúa no había cumplido con su promesa de nombrarlo embajador en Paraguay. Pero lo que en realidad más lo calmó es que a pesar de todo Vénica está dispuesto a votar por la destitución de los supremos.

- Exorcismo parlamentario,
Si algo caracterizó este debate por el juicio político a la Corte es la prácticamente nula presencia de grupos de protesta en los alrededores del Congreso. Sin embargo, a las cinco de la tarde los policías que custodiaban el Parlamento se sorprendieron cuando medio centenar de jóvenes llegaron y rápidamente bajaron instrumentos musicales, banderas y sin más se pusieron a rezar de viva voz. Se trataba de un grupo de miembros de iglesias evangélicas que pretendían convencer a los legisladores para que realizaran un examen de conciencia tendiente mejorar el país. Todo ello sucedía mientras un muchacho llevaba en sus hombros una cruz de madera de tres metros que tenía en su base unas rueditas para ayudarlo a arrastrarla junto a otro que sostenía un cartel que rezaba: “Dios y la Patria se los demanda”.

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