EL PAíS › LAS DENUNCIAS DE LOS TRABAJADORES DEL SUBTE SOBRE LOS MILITANTES DE LA UTA

Aprietes y sabotajes bajo tierra

Desde hace al menos dos años se vienen denunciando incidentes en las diferentes líneas de subterráneos. Las relaciones entre miembros de barras bravas de clubes, la Unión Tranviarios Automotor y la empresa concesionaria.

 Por Gustavo Veiga

Kruger no es Freddy, pero sí parece sacado de una película de Quentin Tarantino. Se trata del hermano de Fabián “La Topadora” Kruger, un barrabrava de Boca condenado por coacción agravada. Los trabajadores del subte cuentan que lo atacó a trompadas al delegado Néstor Segovia en una asamblea, lo sacaron a la calle y le pidieron al jefe del taller de Constitución que le diera su pase a otra línea. Ya no está más en la C; lo trasladaron a la H. Julio Valenzuela se desempeña en el taller Canning de la línea D y es integrante de la Banda del Oeste, uno de los grupos en que están divididos los Borrachos del Tablón de River. Sus compañeros de sector, cuando le preguntan por la UTA, dicen que les contesta: “Me pusieron por algo y no tengo por qué responder”. En la línea B, otro delegado, Claudio Dellacarbonara, conoce muy bien a Sergio Maíz, un pesado que tiene una mancha rosácea en la cara y que pertenecía al taller Rancagua de Chacarita. Fue uno de los que irrumpieron en tropel el 17 de diciembre de 2007 en el hotel Bauen para agredir a todo aquel que se les pusiera enfrente cuando estaba por comenzar una conferencia de prensa. Bajo tierra, siempre se escuchan relatos semejantes de historias o personajes violentos. En ellas se evocan aprietes de patotas, golpizas a afiliados del nuevo sindicato y sabotajes a material rodante. Nada que no hayan denunciado, sobre todo en los últimos dos años, los trabajadores de Metrovías.

El grito atronó sobre al andén de la línea C, en Constitución, el jueves pasado: “Piqueteros, piqueteros”, se escuchó con rabia, como si se tratara de un insulto. Un grupo de militantes de la UTA les respondía así a los de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte, quienes reclaman la personería gremial y les cantaban el ya clásico: “Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical”. La Policía Federal los separaba con dos cordones de efectivos que impidieron un enfrentamiento cara a cara. Del lado donde se ubicaba Segovia con su gente aseguran que en determinado momento les llegó una versión: “Nos avisaron que barrabravas de Boca iban a venir por el túnel desde atrás, de la estación San Juan”. Resultó una falsa alarma. Lo que pasaba era otra cosa. Un colectivo de la línea 101 con integrantes de la UTA había salido para Crónica TV a intentar que les hicieran una nota. Tiraron pirotecnia frente al canal, entonaron cantitos y se retiraron. Un periodista de la empresa confirmó esta información en diálogo telefónico con Página/12.

En la línea C

La virulencia que adquirió el conflicto entre los delegados que formaron el gremio escindido de la UTA y la conducción de ésta, viene ocasionando hechos violentos en todas las líneas. En la C sitúan el comienzo de los problemas a fines de 2007, cuando CAF, una empresa española de selección de personal, tomó a veintisiete trabajadores. “Segovia los ganó para nuestro sindicato y ahí le pidieron el desafuero”, recuerda Eduardo Landaburu, su compadre y amigo del alma, como define él mismo la relación. A partir de ese momento, en la estratégica línea que une Constitución con Retiro y donde más incidentes se producen, empezaron a ingresar empleados sin escalafón técnico, entre quienes se colaron algunos barrabravas de River y Boca. Kruger, el hermano de Topadora, fue uno de ellos. Hoy cumpliría funciones en el taller Colonia de la H. “Son ñoquis, no cumplían función alguna, venían a provocar en las asambleas”, cuenta otro trabajador de la C que el jueves hacía punta con los cantitos que decían “olelé, olalá, si ésa es la UTA que risa que me da”. Este diario intentó comunicarse con Mario Calegari, el secretario de prensa del histórico gremio fundado en 1919, para conocer su posición sobre las acusaciones del cuerpo de delegados, pero no respondió ni a un mensaje ni a dos llamados.

Landaburu, como vocero de prensa de la línea C, suele nutrir de algunos materiales el blog que tienen los trabajadores. En un texto publicado el 26 de junio de este año describe un episodio que le tocó vivir a Segovia en noviembre de 2007, contado en primera persona: “El otro día cuando estaba en el andén de Independencia, en sentido Constitución, esperando subirme al tren para ir al taller, veo que una luz roja, como las del láser, me enfocaba el brazo derecho. Cuando me doy cuenta, instantáneamente levanté la mirada y desde el andén de enfrente había tres tipos de traje y uno de ellos se guardaba algo que no pude distinguir qué era, pero te juro que para mí era un chumbo”. El trabajador del nuevo sindicato recuerda en el mismo blog que, hasta 2007, el jefe de seguridad de Metrovías era Miguel Angel Rovira, un ex comisario de la Triple A que está detenido por varios crímenes. Precisamente él iluminaba con el láser a Segovia.

En la Línea B

Maíz no está solo en el subte que une a las cabeceras de Avenida de los Incas y Leandro N. Alem. Aunque su grupo es una minoría, dos delegados de la UTA lo acompañaron el jueves durante los momentos más álgidos del paro. Son Héctor Simone y Miguel Such. Los trabajadores que se les oponen los describen como tipos pesados. Siguieron con atención los movimientos de los que hacían huelga, pero no intervinieron como en otras ocasiones. El primero, como ya se dijo, hizo punta en el ataque al Bauen. Los dos restantes fueron elegidos en comicios que el delegado del nuevo gremio, Dellacarbonara, considera fraudulentos: “Hicieron una elección el 12 de diciembre de 2008 que nosotros llamamos a boicotear y en la que votaron, como mucho, 150 personas en todas las líneas. Pero el Ministerio de Trabajo igual la avaló”, comenta el referente de la B.

En esta línea hay un boletero de la estación Florida que milita para la UTA y es de armas llevar. “Invitó hace dos semanas a un trabajador al cementerio, en un mensaje que no hace falta aclarar”, acota el delegado. Su nombre sería Hugo Pérez.

A fines de agosto pasado, en la estación Carlos Gardel se realizaba una asamblea de afiliados al nuevo sindicato que interrumpió de manera abrupta personal de seguridad de Metrovías junto a la Policía Federal. En un comunicado de prensa, los trabajadores informaron que “a los empujones y malos tratos desalojaron la sala de descanso”. Como respuesta al ataque hubo un paro que se extendió 35 minutos. Las represalias a la organización del personal por parte de Metrovías se combinan naturalmente con las agresiones que cometen integrantes de la patota. En la línea E, el 29 de enero de este año, se interrumpió el servicio porque golpearon a un empleado del taller Mariano Acosta. Otro comunicado responsabilizó del hecho a un integrante del consejo directivo nacional de la UTA.

En la Línea D

Hugo Adrián Gutiérrez no habla con sus compañeros de sus vinculaciones políticas, pero todos saben que es íntimo de Di Zeo. Alto, fibroso, le costó bastante encontrar que un trabajador del subte le prestara un traje para ir al casamiento del líder de la Doce. Tiene línea directa con Daniel Pagliero, el gerente de Recursos Humanos, a quien una vez llamó para decirle “hay un estúpido que me está molestando”, como en el colegio. De este dato risueño se infiere cómo estrecharon su relación ciertos representantes de la UTA con la empresa. “La patota recorre con gerentes de Metrovías cada tanto”, dice Francisco ‘Pancho’ Ledesma, uno de los integrantes del cuerpo de delegados.

En la línea D, además de Valenzuela, el barrabrava de River y Gutiérrez, dos integrantes más de la UTA sobresalen por los episodios violentos que se les atribuyen. El 31 de agosto, Gabriel Ludueña hizo un raid por una línea que no es la suya, la C. Trabaja en el taller Canning y quienes conviven en ese sector diariamente con él lo describen como un individuo que les grita y amenaza a sus compañeros. Sus vínculos políticos también son conocidos: “Es hombre de Aldo Rico”, señalan en la D, que une Catedral con Congreso de Tucumán.

A Daniel Silva, en cambio, los delegados le atribuyen conductas más osadas. En un comunicado de prensa del 23 de septiembre lo acusan de sabotear material rodante de la empresa. “Están el video y fotos”, señalan, refiriéndose al incendio de un vagón de la formación Fiat de la línea D. “Estos son los inservibles que UTA tiene de delegados”, completan. Alegan también que, en todas las líneas, la violencia se volvió omnipresente como el aire irrespirable cuando se viaja en horas pico bajo tierra.

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El jueves pasado, durante el paro, hubo choques entre militantes gremiales.
Imagen: Jorge Larrosa
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