EL PAIS

Padre e hijo

 Por Horacio Verbitsky

El presidente Maurizio Macrì llevó a Davos a su asesor en inversión extranjera directa, el ingeniero industrial Horacio Reyser Travers, quien lo acompañó durante sus principales entrevistas. Su padre, Horacio Florencio Néstor Reyser, es un vicealmirante de la Armada retirado hace dos décadas, quien asesora a la Iglesia Católica argentina en cuestión de drogas. Fue agregado naval en los Estados Unidos y ya como Comandante de la Flota de Mar participó en encuentros bilaterales sobre seguridad con el Comando de Operaciones de la Armada estadounidense, en Norfolk. Viajó allí en junio de 1993 como parte de la política de relaciones carnales, junto con el canciller Guido Di Tella y el secretario de Asuntos Militares Vicente Massot. El ministro de Defensa, Oscar Camilión, deseaba designarlo jefe de Estado Mayor, con el visto bueno estadounidense, pero Carlos Menem prefirió al jefe de la casa militar de la presidencia, Carlos Alberto Marrón, y Reyser pasó a retiro. En 1995, participó en el CARI (organismo de lobbying de Relaciones Exteriores) en un seminario sobre “La nueva agenda de seguridad en el hemisferio sur”, que considera a las drogas como una de las “nuevas amenazas” en materia de seguridad que justifican la intervención de las Fuerzas Armadas. Por medio del obispo emérito Jorge Casaretto llegó a Bergoglio, quien le encomendó la política de drogas de la Iglesia Católica.

El hijo inició su carrera en Siderca, de la transnacional italiana Techint, como planificador financiero. Participó en la adquisición de la siderúrgica venezolana SIDOR, que luego fue estatizada por el gobierno bolivariano de Hugo Chávez. También fue director de las empresas de seguridad Juncadella Prosegur Internacional y Prosegur Argentina. Integra la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, que conduce el Episcopado Católico, y es Vicepresidente y Director del Consejo Empresario del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), una entidad que promueve la agenda estadounidense en el hemisferio y centra su acción en la denuncia del gobierno de Cuba. Desde 1998 es uno de los cuatro accionistas del mayor fondo estadounidense de inversiones en Latinoamérica, Southern Cross, junto con el argentino Norberto Morita, el chileno Raúl Sotomayor y el cubano-estadounidense Ricardo Rodríguez. Desde 2012 y hasta que Macrì asumió la presidencia, fue director de Ultrapetrol, de Bahamas.

Si hay algo que no puede discutirse del presidente argentino es su coherencia y previsibilidad.

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