EL PAíS

Casi sin sentirlo

Ana María Ponce fue secuestrada en julio de 1977 por un pelotón que la condujo a la ESMA. La asesinaron el lunes de carnaval de 1978. Antes habían matado a su compañero. Cuando supo que la trasladarían, Ani Ponce le pasó los poemas escritos en el campo de concentración a otra prisionera, Graciela Daleo, quien años después los hizo llegar a sus familiares. Este es uno de ellos:

Quisiera dejar detrás de los ojos
el dolor,
pero inquietamente aparece,
dibujándose en mi rostro,
y la pequeña cicatriz ignorada
vuelve a ser la permanente herida,
la muerte dilatada.

Quisiera dejar tras de los ojos
el dolor,
pero allí está mordiéndome insaciable
con el persistente ruido de cadenas,
con la incierta costumbre
del hastío.

Quisiera dejar tras de los ojos
el dolor,
no llamar más a tu recuerdo,
terminar dormida mansamente
casi sin sentirlo,
para de repente hallarte,
vivo.

Su hijo supera hoy los apenas 26 años que vivió Ana María Ponce. Quiso entregarle una copia de los originales a alguien que la conoció cuando era una joven militante en La Plata, para agradecerle que preservara del olvido aquel persistente ruido de cadenas. Esos poemas estarán en el museo que será la vieja ESMA.

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