EL PAíS › TRES MESES CON AMENAZAS DE PARO Y DE CESANTIAS

Final de una dura pulseada

 Por Fernando Krakowiak

Cuando el Gobierno anunció la suspensión de las exportaciones de carne, varios referentes del sector aseguraron que la medida no tendría efecto sobre los precios. “La carne va a seguir subiendo”, pronosticó Néstor Vittori, vicepresidente de Asociaciones Rurales de Santa Fe. “Los valores seguirán firmes porque no hay hacienda”, advirtió Roberto Arancedo, presidente del Mercado de Liniers. “No es real que lo que se deje de exportar se sume al mercado interno”, dijo Néstor Roulet, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas.

Sin embargo, desde entonces el promedio de todos los cortes que cotizan en Liniers bajó más de 30 por ciento, trasladándose luego a supermercados y carnicerías, aunque en un porcentaje menor. El dato evidencia el éxito político del Gobierno, quien pudo disciplinar a un sector con altos niveles de informalidad y múltiples actores de intereses contrapuestos. La reapertura parcial de las exportaciones en un contexto de precios a la baja es una muestra de ello, aunque la pulseada con la “patria ganadera” también tuvo costos para el Estado.

Para el campo la derrota fue clara. Los productores se pasaron dos meses organizando asambleas donde amenazaron con una huelga que nunca se animaron a concretar. Fueron postergando la definición semana tras semana por el temor que les generaba la represalia que pudiera tomar Kirchner frente a un lockout patronal que ni siquiera estaban seguros de poder sostener por mucho tiempo. Eso los llevó ayer a terminar celebrando poder exportar durante los próximos seis meses el 40 por ciento de lo que habían comercializado entre junio y noviembre de 2005, medida que a comienzos de marzo hubieran considerado una herejía.

No obstante, su situación económica está lejos de ser crítica. Los precios de las distintas categorías cayeron 30 por ciento en Liniers, pero continúan 207 por ciento por encima de la cotización de diciembre de 2001, contabilizando las subas de ayer. En el mismo período la inflación acumuló “sólo” un 81 por ciento. En el Gobierno sostienen además que el costo que tienen los empresarios por kilo vivo de novillo no supera los 80 centavos y en Liniers venden a 2 pesos, lo que da muestra de la holgura que aún atraviesan. Pese a ello, desde el Palacio de Hacienda les prometieron a los productores darle impulso al Plan Ganadero que vienen reclamando hace años y que prevé un costo fiscal de 217 millones por año y créditos a tasa subsidiada por otros 300 millones para incrementar el stock.

Los frigoríficos tampoco mostraron fortaleza frente al Gobierno. Se limitaron a agitar el fantasma de los despidos, pero no organizaron ninguna acción de protesta para oponerse al cierre de fronteras. Eso se debió en parte a los temores que genera un gobierno fuerte, aunque también incidieron dos factores: en un primer momento lograron sortear la prohibición de exportar presentando cientos de cartas de crédito fechadas antes de la publicación de la resolución en el Boletín Oficial. Esa estrategia les permitió exportar sólo 4,7 por ciento menos en el primer trimestre de este año comparado con el mismo período de 2005, pese a que en febrero se produjo el brote de aftosa en Corrientes. El otro elemento que calmó los ánimos fue el subsidio estatal que les permitió pagar los salarios casi como si siguieran exportando, pese a que manejan márgenes de ganancia exorbitantes. Esos datos evidencian que la derrota de la cadena de la carne fue más política que económica.

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