EL PAíS › DURANTE LA MAÑANA, LA DEFENSA PIDIO LA ABSOLUCION DEL ACUSADO

“¿Qué participación tuvo en todo eso?”

Sus abogados ya llevaban un rato sentados cuando el presidente del Tribunal Oral Federal número 1 de La Plata pidió que “hagan pasar al imputado”. Inmediatamente, cuatro policías entraron y se pararon junto a la pared, detrás de Juan Martín Cerolini y Marcelo Peña. Un quinto oficial se detuvo unos segundos para quitarle las esposas al ex capellán de la Policía Bonaerense Christian von Wernich, que se sentó, sacó sus anteojos para leer y su lapicera. Pasadas las once de ayer, comenzaron los alegatos de la defensa en los que se pidió la “absolución” del primer sacerdote condenado por violaciones a los derechos humanos cometidos durante la última dictadura militar. No faltó, entre otros argumentos, una visión de la teoría de los dos demonios, críticas a la “parcial” imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad y la descalificación de las pruebas y testimonios aportados por la fiscalía y la querella. Después le tocó un breve derecho a réplica a los representantes de la querella.

Los pañuelos blancos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que se mezclaban con los que pedían la aparición con vida de Julio López promediaban la mitad de la sala de audiencias. Escucharon en silencio –previa advertencia de desalojar la sala por parte del juez Carlos Rozanski– el preámbulo del alegato de Cerolini. Su discurso, redactado y sin numerar era mirado de reojo, sin leer.

“Ya está todo listo, ya está todo preparado antes de empezar”, acusó el abogado por el “tan poco tiempo” que separaría a los alegatos de la lectura del veredicto. Además, apuntó contra la política de derechos humanos del gobierno nacional “dirigida sin ningún tipo de duda, tampoco ningún tipo de fundamento más que el ideológico, a distinguir aquellas personas que han sido víctimas y murieron realmente injustificadamente por la represión del aparato estatal, de las que murieron por ataques de la otra parte”. Pese a esas quejas, Cerolini confesó que aceptó la “difícil tarea”, “por el señor Von Wernich, por su familia, por nosotros mismos y por nuestra familia”.

Antes de comenzar con la “defensa de fondo”, el representante de Von Wernich sentenció que la historia “sirve para recordar que no hay que maquillar el pasado para que las sucesivas generaciones comprendan el presente. Porque esto, como bien sabían los nazis, no es historia, esto es propaganda”.

A diferencia de la actitud de la defensa del represor Miguel Etchecolatz –condenado por este mismo tribunal el año pasado– Cerolini empezó su alegato con una concesión: “reconocemos la existencia de detenidos desaparecidos, la existencia de vejámenes y torturas. No porque lo creamos nosotros, sino porque hay una sentencia que así lo declara”. Sostuvo, en cambio, que esas situaciones escapaban a la voluntad del ex capellán. “¿Qué participación o qué injerencia tuvo el señor Von Wernich en todo eso que ya está probado?”, “¿Qué factibilidad tenía de resolver aquellos abusos?”, preguntó.

No tomaron en cuenta la actitud del religioso relatada en numerosos testimonios ni las afirmaciones del filósofo, teólogo y ex cura Rubén Dri, que había asegurado que de no conseguir respuesta de su superior debía renunciar inmediatamente porque no era posible ejercer una tarea pastoral “donde se violan todos los derechos cristianos”. Ese fue, precisamente, otros de los intentos de la defensa: “El capellán policial no es un funcionario público y tiene posibilidad absoluta de ingresar a las comisarías, los guardias no tienen facultad de control porque su misión es docente, sacramental y pastoral”.

Cuestionaron, además, la veracidad y la validez de las declaraciones más importantes como la del oficial Julio Emmed, que había vinculado al sacerdote con el asesinato de un grupo de detenidos a los que se les había prometido salir del país.

“Son más las dudas que han quedado planteadas que las certezas”, opinó uno de los abogados. El Tribunal no hizo lo mismo.

Informe: Sebastián Abrevaya.

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