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“El viejo fuego sagrado de Los Prepu ha vuelto”

Después de un paso por la televisión, el celebrado trío de humor, que enriqueció “Good Show” y “Sorpresa y media”, decidió volver a los escenarios porteños con “Fundamental”, un espectáculo de síntesis.

Por S. F.

“¡Prepucio!”, exclamó uno de los estudiantes, que estaba escribiendo los textos de la primera cena-show por los quince años de la Facultad de Veterinaria. En 1985, Sebastián “Pacha” Rosso, Daniel Campomenosi y Pepo Sanzano cursaban la carrera de veterinaria en Tandil, pero sentían una singular seducción por el teatro. El ceremonioso destino de doctores se tornaba, irremediablemente, en una convención inverosímil, que pronto terminarían por desechar. “Estudiábamos las enfermedades del prepucio de los animales y nos pareció divertido llamarnos así –recuerda Pacha–. Ese nombre empezó a trascender y escribimos otras obras que presentamos en diversos concursos provinciales. La cuestión se empezó a complicar (pueblo chico, infierno grande) porque a la mayoría de la gente esa palabra le generaba escozor.” Nuestra National Tv, Cría cuervos y te comerán los locos, Erase en Jodywood (que participó en el Encuentro Nacional de Teatro realizado en San Luis), Los comandos, El circo y El subdesarrollo debe seguir fueron las primeras experiencias teatrales, que instalaron el sello de un humor construido al vertiginoso ritmo del videoclip. Después de ocho años, alejados de los escenarios porteños por sus incursiones televisivas en “Good Show”, “Reina de Colores” y “Sorpresa y media”, Los Prepu regresan a los escenarios porteños con Fundamental, que se ofrece de viernes a domingos a las 21, con entrada a la gorra, en el teatro Lorange (Corrientes 1372).
Aunque intentaron conservar el nombre cuando llegaron a Buenos Aires, sin duda la prueba de fuego para el grupo, por ese entonces apadrinado por el actor Víctor Laplace, Pacha sostiene que, a pedido de los productores, les exigieron que se cambiaran el nombre porque la gente asociaría el humor que ellos hacían con lo chabacano. “Recién llegábamos a la ciudad y nos molestaba tener que transar con una cuestión vinculada a nuestra identidad. Entonces se nos ocurrió rebautizarnos como los Prepu”, revela Pacha en la entrevista con Página/12. Circuncidados por los productores, esos jóvenes veinteañeros debutaron con Los prepu de prepo en 1990. El desparpajo, la desmesura y la ductilidad actoral que derramaron sobre el escenario funcionaron como un imán para Tato Bores, que percibió las condiciones actorales necesarias para incorporarlos en su programa. El fenómeno Prepu contagiaba a todos los artistas que se topaban con ese estilo desenfadado de sketches dinámicos e inteligentes. Carlos Perciavalle, luego de haberlos visto en el teatro Vitral, decidió invitarlos a Punta del Este para que compartieran la temporada del ‘94. “En Tandil teníamos dos canales de televisión y no conocíamos cómo funcionaba ese medio. Además, no se nos había ocurrido ingresar en la televisión. Nuestra meta era hacer teatro”, aclara Campomenosi, que considera a los Macocos, otro de los grupos que nacieron bajo la influencia de la generación de los ‘80, como “primos hermanos” de los Prepu.
“Aprendimos a trabajar en la televisión, incorporamos yeites y guiños que el humor nos fue dando y que están volcados en Fundamental”, dice Campomenosi. Para Pacha, los sketches se nutren de diferentes estilos que les permiten transitar del humor negro al naïf, indagar en un humor netamente visual o corporal y enfrentar por primera vez el género del monólogo. “En este espectáculo tenemos sketches nuevos y otros que fueron fundamentales en nuestra historia, y que la gente de acá no los conoce porque hace mucho tiempo que no los hacemos”, precisa Pacha, recordado por su interpretación del ex presidente Carlos Menem en “Good Show”. “La televisión es una máquina fría que no te responde –afirma Sanzano–. Acostumbrados a interactuar permanentemente con el público, la televisión implicó un cambio muy grande en nuestra forma de trabajar. En el teatro hay más tiempo para desarrollar, para lucubrar, para tratar de darles crecimiento a las escenas sin tanta ansiedad. Cada uno creció a nivelactoral. Ahora desarrollamos momentos individuales más marcados, que también están relacionados con el crecimiento grupal porque todos potenciamos al grupo.” Pacha, convencido de la vitalidad del teatro, agrega: “La gente está sentada esperando sorprenderse. Cuando tirás un chiste inmediatamente sabés si funciona o no. Entonces a medida que transcurre la función podés apreciar cómo el público va entrando en tu código. Por eso, la obra teatral está siempre viva”.
“Somos hijos de la televisión y del cable que nos permitieron consumir un montón de imágenes. Los tiempos son mediáticos, de imagen, de síntesis y en nuestro humor confluyen todos estos elementos. Con respecto a los sketches, los hemos enriquecido con matices que el actor los va descubriendo a medida que transcurre el tiempo. Eso es lo que tiene de mágico el teatro: el personaje sigue creciendo y perdura. En la televisión, el personaje queda supeditado a lo que se emite en un programa”, explica Pacha. Precisamente, más allá del título del espectáculo, retornar a las fuentes resulta esencial para el grupo. “Es fundamental volver al teatro porque nos hace sentir vivos”, acota Campomenosi. “El humor tamiza toda la información de la realidad y la hace más digerible –reflexiona Sanzano–. Al operar como un exorcismo, el humor posibilita nombrar lo innombrable.” Entre los sketches imprescindibles en la historia del grupo, Sanzano menciona a la temible hermana superiora, el cuadro de los gauchos (“muy visual y potente”) o el cuento macabro que un padre le narra a su hijo antes de dormir. “A pesar de que lo escribimos hace diez años habla de la sociedad perversa en la que vivimos”, subraya Sanzano. “Yo interpreto el monólogo de un gordo que explica su adicción a las comidas como si fuera un adicto a las drogas”, cuenta Sanzano. El trío coincide en una frase que sintetiza el espíritu del grupo, que acredita más de 17 años de existencia: “El fuego sagrado de los Prepu es el juego”.

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El trìo fue ganado por las luces de la televisión ocho años atrás.
Ahora regresan al Teatro Lorange con un show con entrada a la gorra.
 
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