ESPECTáCULOS

“De alguna manera, yo sigo siendo James Bond”

Un documental de la señal Film&Arts recorre la vida artística de Sean Connery, el actor escocés que, a su pesar o no, jamás se desligó del espía inglés que encarnó en siete películas.

Por E.R.

“Es el prototipo de la virilidad y la masculinidad. Un símbolo sexual por más de cuatro décadas. Proyecta poder y sensualidad. Es James Bond y muchos más: es Sean Connery.” Estas son las palabras con las que comienza el documental dedicado a repasar la carrera artística del veterano actor escocés. “No estoy de acuerdo con los que dicen que a los hombres de 60 años no se los considera viriles”, se defiende el actor. El ciclo, que forma parte de la serie Perfiles, se emite mañana a las 19 por Film&Arts.
Protagonista de films como La caza al Octubre Rojo, La casa Rusia, El nombre de la rosa y Los intocables, a Connery, sin embargo, se le hizo complicado desligarse totalmente del espía que tanta fama le dio. La asociación no es gratuita: Connery interpretó siete veces a Bond con un éxito arrollador, que ni Roger Moore ni Timothy Dalton pudieron igualar, y que sólo el actual Pierce Brosnan parece finalmente alcanzar. Por eso no extraña que el documental se detenga fundamentalmente en su relación con el agente secreto más famoso del cine. “Luego de Dr. No y Desde Rusia con amor, ya tenía incorporada la esencia del personaje. Entonces se empezaron a buscar historias, pero había una tendencia a mecanizar al personaje. Eso no me gustó, yo quería innovar”, recuerda Connery, que aun así volvió en Goldfinger, Thunderball y Sólo se vive dos veces. El actor cuenta que, debido al asedio de la prensa internacional y a la asociación con Bond, decidió probar otros personajes. “De alguna manera, yo soy James Bond, aunque haya decidido no volver a hacerlo jamás”, había declarado en 1970. Pero tanto Marnie –dirigida por Hitchcock– como La colina de la deshonra y La ofensa resultaron indiferentes para el público, que sólo lo quería en el papel de Bond. Así fue que a los 41 años decidió volver a su viejo amor con Los diamantes son eternos (1972). Aunque reimpulsó su carrera, Connery volvió a decir “nunca más”. El trono quedó, entonces, en manos de Moore.
Sus apariciones en Asesinato en el Expreso Oriente, El hombre que quería ser rey y Robin y Marrion lo fueron alejando de Bond. Pero la tentación fue más fuerte y en 1982 Connery volvió al espionaje –aunque en un tono algo paródico– con Nunca digas nunca jamás. Paralelamente, Moore grababa otro film de Bond, Octopusy. La sincronía llevó a los medios a llenar páginas bajo el título “La batalla de los Bond”. Connery minimiza la competencia, aunque no la descarta. “En esos días me encontré a Moore y mantuvimos una conversación. Me dijo que iba a la filmación en un pueblito en las afueras de Londres. Me preguntó adónde iba y le dije que a Francia, donde se filmaba mi película. Sólo me respondió ‘qué bien’”, recuerda. Entre ambos films recaudaron más de 50 millones de dólares, pero Connery demostró que el traje de Bond le calzaba mejor.

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Connery como 007, en una de las primeras encarnaciones del agente.
 
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