ESPECTáCULOS › HOY COMIENZA LA NUEVA TEMPORADA DE “LOS SOPRANO”, LA SERIE ESTRELLA DEL NUEVO SIGLO

Tony Soprano, el líder del ranking de los mafiosos

En la cuarta temporada, el jefe tiene una crisis existencial, tan crítica como el conflicto entre James Gandolfini y HBO. A raíz del estreno, HBO se podrá ver sin cargo en Cablevisión y DirecTV.

 Por Esteban Pintos

Ficción y realidad entremezcladas, una combinación que distingue a “Los Soprano” como la serie más impactante de la última década en la televisión de Estados Unidos. Hoy a las 22, HBO estrenará para Latinoamérica (sin cargo durante su emisión en Cablevisión y por todo el fin de semana en DirecTV) la cuarta temporada de una compleja historia en la que conviven los negocios y métodos de la mafia con sesiones de psicoanálisis. Todo combinado en la figura de un “capo” que sufre depresión y ataques de pánico, encargado de lidiar con dos familias a la vez: la del crimen organizado en el estado de Nueva Jersey y la propia, superpuestas en sus acciones y sentimientos. Pero no se trata de Analízame o Analízate, la saga de películas protagonizadas por Robert De Niro y Billy Cristal que (al menos en la superficie) tratan de lo mismo. Esto es otra cosa: desde su estreno, “Los Soprano” se convirtió –a fuerza de calidad, buenas críticas, popularidad y premios– en una suerte de nuevo icono americano, un símbolo de la cultura pop contemporánea de Estados Unidos, uno de esos programas de televisión que generan clubes de fans, debates online, ponencias académicas y que proyectan al estrellato a cada uno de sus protagonistas.
Pero además, y casualmente, la reaparición del programa en esta parte del mundo coincide con las idas y vueltas alrededor de la continuidad en su país de origen. La línea divisoria entre ficción y realidad, al menos en la coincidencia temporal en la Argentina, llega más lejos: flota en el aire del capítulo 1 de la nueva temporada –que HBO repetirá cada lunes a las 21, jueves a las 23.45 y el sábado, antes del capítulo estreno, a las 21– una sensación de final de juego, una mirada incierta del futuro, una suerte de desilusión existencial de su protagonista sobre sí mismo, sus negocios y la familia. O las familias, debería decirse. Lo cierto es que el conflicto legal entre James Gandolfini (Tony Soprano, “el jefe”) y HBO hizo peligrar el show, e incluso obligó a postergar el inicio de grabaciones de su quinta temporada. Pero según reportó el diario USA Today, el retiro de demandas de ambas partes y el reajuste en el salario de Gandolfini harán posible la continuidad de la serie. Y ya se habla, como informó The Hollywood Reporter, de una sexta temporada, con un doble capítulo final-final. Si todo concluye bien para ambas partes (se informa que Gandolfini pretende entre 11 y 13 millones de dólares por las próximas temporadas), el rodaje comenzará el lunes 31 de marzo.
Durante las últimas semanas, la disputa entre tan famoso empleado y tan poderosos empleadores se convirtió en el culebrón del final del invierno boreal, compartiendo interés en los medios estadounidenses junto con la próxima entrega de los Oscar, el inicio de la temporada de la liga profesional de béisbol y, claro, el conflicto bélico con Irak. Gandolfini, un segundón de películas como Erin Brokovich o La mexicana, ahora convertido en superestrella a partir de su papel en “Los Soprano”, exige un considerable aumento de salario. El tira y afloje no es nuevo en la televisión más poderosa del mundo, porque se trata de una consecuencia natural del gigantismo al que una serie como ésta puede llegar. Crecen las ganancias (no debe olvidarse que HBO es un canal pago dentro del servicio de cable, aquí y allá), crece el ingreso por publicidad, crece el ruido alrededor de la historia y su protagonista. Entonces, bien puede considerar que buena parte de ese suceso se debe... a él.
Una bien documentada nota titulada “¿Quién terminará con un éxito?”, firmada por el periodista Greg Braxton y aparecida el pasado lunes 17 en el diario Los Angeles Times, se interna en los vericuetos de una disputa como ésta y revela que Gandolfini busca una definitiva consideración como “actor de primera”. Como ejemplos al respecto, revela que Martin Sheen –protagonista de “The West Wing”– gana 300.000 dólares por capítulo y que Anthony Edwards –cuando todavía formaba parte del elenco de “ER”– facturaba unos 425.000 por episodio. Con la salvedad de que las series citadas acumulan por temporada más del doble que los 13 capítulos anualesde “Los Soprano”. “Cuando una cadena tiene un exitazo como éste, el protagonista tiene derecho de pedir una renegociación de su contrato. Ellos ganan millones y millones con este show. Y él probablemente no haga otro programa, pero ya es una estrella”, dice un agente de actores, cuyo nombre no se detalla, citado en la nota. La clave parece ser ésa: como un futbolista que firma un contrato por dos o tres años, y se convierte en el goleador de un campeonato en su segunda temporada, y pide una renegociación de lo que gana, Gandolfini exige más. Simplemente porque con su presencia, todos ganan más.
Pero el impacto de “Los Soprano” supera la mera enunciación de cifras, niveles de audiencia y premios Emmy y Golden Globe ganados. A lo largo de sus cuatro años de vida, la historia de Tony Soprano y familia provocó diversas interpretaciones, incluso desde el punto de vista académico. Según Glen Gabbard, profesor de psicología de la facultad Baylor de Medicina y autor del libro La psicología de Los Soprano: amor, muerte, deseo y traición en la familia gangster favorita de los americanos, el tremendo interés que la serie despierta en el público –11 millones de televidentes, cada domingo por la noche y en horario central– tiene que ver con la creencia popular en la redención. “Experimentamos un atractivo potencial de cambio. Tal vez un hombre malo puede convertirse en un hombre bueno”, sostiene Gabbard. Y agrega: “Los estadounidenses siempre estuvieron fascinados con los marginales que hacen aquello que el resto de nosotros no puede hacer”. O sea que los conflictos, crímenes, miedos y amores de Tony Soprano y su(s) familia(s), actúan como una suerte de espejo para la sociedad. “Ok, no todos pertenecemos a la mafia, pero las vidas cotidianas y rutina de esta gente se proyectan de manera extraña pero similar a las de cualquier ciudadano común: Tony sueña con una vida mejor para sus hijos y siente temor de que su hijo varón siga sus pasos.”
Tony Soprano, el jefe de la mafia, instigador de asesinatos (cuando no los comete él), violento y racista, es visto finalmente –a los ojos de la opinión pública televisiva– como “un hombre común”. Extraño, pero no menos cierto: ¿o alguien no sintió alguna vez simpatía por el clan Corleone, los “héroes” de la saga mafiosa más famosa de la historia, El padrino?, es la pregunta que dispara el autor, con respuesta ya conocida. Una más: la crítica Sylvia Nasar escribió en el suplemento New York Times Book Review a propósito de un reciente libro de historia de Estados Unidos titulado Inventing America, en relación con cierta dicotomía presente en la historia de “Los Soprano” (Tony el mafioso déspota y asesino/ Tony el padre de familia afectuoso y generoso con los suyos), que ésta puede interpretarse como una metáfora de la nación. “De cómo los conflictos y decencias de la vida privada coexisten con las indecencias a sangre fría que frecuentemente el mercado alentó en la historia de este país”, reza en unos de sus párrafos. Como bien definió otro crítico, Lesley Smith, en el magazine online PopMatters, “éste es el juego americano favorito para cualquier peluquería o sala de espera: la significación de ‘Los Soprano’”. El capítulo a estrenarse esta noche vuelve sobre esta dicotomía moral entre espacios públicos y privados, decencia e indecencia. El pasado y la incidencia de esas vivencias en el presente aparecen claramente enunciados en los miedos de Carmela Soprano (la esposa de Tony, cornuda consciente, madre “a la italiana”, mujer insatisfecha), el juicio bajo la ley Rico que debe enfrentar el viejo Corrado “Junior” Soprano (tío de Tony, un mafioso de caricatura) y la incertidumbre de Christopher (sobrino de Tony, adicto a las drogas, guionista de cine fracasado). Las líneas argumentales de esta nueva temporada parecen girar en torno del creciente protagonismo de la pareja Tony-Carmela, a los arranques rebeldes de sus hijos, al encumbramiento de un “nuevo rival” (otro “capo” del nivel de Tony, Johnny Sack), a la guerra silenciosa con el FBI (se afirma la presencia de Danielle, agente encubierta que se convierte en amiga y confidente de Adriana, novia de Christopher) y a los temores del mismo Christopher, personaje central de este primer capítulo. Todos tienen sus problemas, miedos e insatisfacciones. Todos, aun los más duros y despiadados, sufren. En un momento de “Para todas las deudas públicas y privadas”, tal el título de esta primera entrega, aparece la inquietante voz de John Lydon (ex Rotten, cara pública del grupo punk Sex Pistols) cantando que “la raza humana se convirtió en una desgracia”. Una sentencia extremista pero ¿real? El mundo de Tony Soprano parece dar fe de ello.

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En Estados Unidos, “Los Soprano” convoca a once millones de teleespectadores cada domingo.
Por eso, James Gandolfini quiere entre once y trece millones para filmar la 5ª y 6ª temporadas.
 
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