ESPECTáCULOS › “AMERICAN LIFE”, LA NUEVA JUGADA CONTROVERSIAL DE MADONNA

Anticapitalista superstar

No sólo el video antibelicista retirado por mandato patriótico, reemplazado por otro en plan Naciones Unidas. La reina del pop se vistió de guerrillera para el arte de su nuevo disco y se confiesa “insatisfecha” de la fama y el dinero. A los 44, Madonna sigue jugando el juego que mejor juega.

 Por Esteban Pintos

Madonna todo lo puede, incluso superar la fría recepción de crítica y público (en el Primer Mundo) hacia su último disco, paradójicamente titulado American Life –en tiempos de G. W. Bush y sus bombardeos humanitarios–. Su papel de estrella guía de la vanguardia pop parece estar concluyendo: ese rol le cabrá, en breve (si es que ya no), a Britney Spears, o Pink, por citar dos ejemplos al alcance de la mano. O Avril Lavigne, quién sabe. Pero todavía, mientras ese momento llega, se habla de ella. Cada nuevo paso de la diva pop más importante del último cuarto de siglo presupone y provoca además el movimiento de un gigantesco aparato promocional alrededor de todo lo que ella haga, diga, o incluso no haga, o no diga. Recuérdese: en enero de este año, los diarios estadounidenses especularon con el rumor que los directivos de Warner Bros. (la compañía discográfica de toda su carrera, con la que inclusive ella acordó una joint-venture, Maverick Records) habían “rechazado” una primera versión del disco por considerarla en exceso “experimental”. Nadie había escuchado el cd, pero ya se hablaba de él. Nunca se comprobó el supuesto rechazo, aunque a juzgar por el resultado final-final que desde el martes se escucha en todo el mundo, tal vez los ejecutivos de Warner ganaron la pulseada. O tal vez ese cuestionamiento nunca existió. Pero sirvió para potenciar expectativas. Al fin y al cabo, ése es el atractivo que rodea un lanzamiento de esta clase: ¿Y ahora qué habrá hecho? American Life, otra vez producido por el francés de ascendencia armenia Mirwais Ahmadzai, no tiene nada de experimental: remite, en su confluencia de guitarras acústicas cortadas y pegadas, bases electroclash –la tendencia de moda en la electrónica mundial, con vocoder y sintetizadores con sonido años ‘80– y letras confesionales, al discurso de madre y señora new age que predominaba en el anterior Music. Eso sí, acorde con los tiempos de movimientos antiglobalización, No logo como texto de cabecera para estrellas cultas y biempensantes como Thom Yorke (Radiohead) y cierta moda latina que invade Estados Unidos (cualquier gringo se jacta de decir “mi casa es su casa”, o “amigo” o cualquier otra de esas cosas), el nuevo envoltorio de Madonna es... anticonsumista, desilusionado del confort pecaminoso del capitalismo. Así es el sostén discursivo de la campaña de lanzamiento de este disco. Al menos en su punta de lanza, o sea la canción-single que anticipó el disco. American Life tuvo a su lado, además, una guerra transmitida en vivo y en directo.
El ¿controversial? video de la canción exhibía uniformes militares en desfile como de pasarela y la ya famosa secuencia de la granada convertida apenas en un encendedor para el habano de Mr. Bush. El video, se sabe, fue retirado a instancias de la diva por considerarlo, cuanto menos, inoportuno en tiempos de guerra. Desde la semana pasada, comenzó a difundirse otro video en donde ella (y sólo ella) enfrenta la cámara, con alguna vestimenta cuasimilitar, sobre un fondo de banderas de muchos países (la Argentina, Irak, Cuba, Estados Unidos por supuesto, entre otras). En medio de los videos que van y vienen, Madonna se permite aparecer en la tapa del disco –y en las imágenes que ilustran el booklet del cd– con boina guevarista (no puede haber otra relación visual posible) y en varias fotos, pertrechada con un fusil. La iconografía fashion-militar se cruza con el “extremo punto de vista” que ella misma anuncia al comienzo del single “American Life”. A saber: “¿Tengo que cambiar mi nombre? ¿Eso me llevará más lejos? ¿Debería perder un poco de peso? ¿Así seré una estrella”?, se pregunta al principio de la canción. “Tengo un abogado y un manager. Un agente y un cocinero. Tres niñeras, una asistente. Un chofer y un jet. Un entrenador y un mayordomo. Y un guardaespaldas, o cinco. Un jardinero y un estilista. ¿Vos creés que estoy satisfecha?”, rapea en la misma canción.
La utilización referencial del Che y el discurso anticonsumista provocó un tipo particular de reacción. Zoe Williams, columnista del diario inglés The Guardian, llamó a boicotear la canción y el disco, en el final de una diatriba en la que acusa a Madonna de ir más allá del insulto que representaría “la apropiación de eslóganes de izquierda por parte de gente que trata de vender algo”. “Cuando las imágenes y las apelaciones convocantes de la izquierda son usadas apolíticamente, para estimular un sentido cool que evite el aburrimiento, es suficientemente malo. Pero cuando son utilizados irónicamente, para decir ‘estamos al final de la línea, no creemos en nada’, de parte de alguien que no creyó en nada, de alguien que nunca persiguió algo sino era en beneficio del éxito propio, entonces eso es mucho más que irritación. Es una desgracia.” La columna fue titulada, elocuentemente, “Una chica muy material”. Mientras tanto, la estrella que viene de sufrir el mayor revés de su carrera cinematográfica (Swept away, una película de su marido Guy Ritchie en la que jugó a ser una suerte de Sofía Loren gringa para un amante italiano) combate demonios interiores y fantasmas del tiempo, persigue el último grito del sonido, sigue envolviendo sus acciones de controversia (antes desnuda, ahora el Che y los fusiles). A los 44 años, Madonna sigue con el mundo a sus pies. Pero con un leve movimiento sísmico debajo.

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