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Shakira, una presentación sin recuerdos familiares

La cantante colombiana ofreció en la cancha de River un show de alto impacto visual, ante 55 mil fans incondicionales. “Aunque no nací en esta tierra, algunos quisieron exiliarme”, se quejó la estrella.

 Por Javier Aguirre

No hubo conatos de escrache, ni cantitos sobre Antonito ni ningún recuerdo para la familia política de la muchacha. Shakira sorteó –entre 55.000 fans argentinos felices y sin rencores– sus fantasmas delarruistas y trajo a Buenos Aires su espectáculo opulento y transnacional. Que ya no es el de una artista latina, con previsibles y cuasiprotocolares acentos en lo romántico o en el “cachengue”, sino que ahora, después de su consagración en Estados Unidos, es un compendio ampuloso, efectivo y efectista de cambios de vestuario, diversos andamiajes lumínicos, clips, pantallas divididas, detonaciones y escenografías varias. Y que abunda en momentos seguramente gratos para su flamante público de “pop-rock” angloparlante, como la apertura del evento con los parlantes pasando “Welcome to the jungle”, de Guns’N’Roses; o el clip en inglés que culmina con la frase, paradójica en un show de Shakira, “el rock and roll nunca morirá”. Así, el público argentino presenció con calma o cierta indiferencia los covers “rockeros” de Aerosmith –”Dude looks like a lady”– y AC/DC –”Back in black”–; pero estalló cuando correspondía: con los hits de la nuera del ex presidente.
La riqueza visual del espectáculo de Shakira corresponde a que este show forma parte de su gira internacional Tour de la mangosta, que viene de mostrar con éxito por distintas ciudades de Estados Unidos, Europa y América latina. La inclusión de este poco reconocido mamífero (es una especie de comadreja) en el nombre de la gira de esta nueva diva del pop mundial se sustenta en cierta “base ideológica”: Shakira quiere destacar la capacidad de la mangosta de enfrentar y vencer con su certera mordida a los más venenosos ofidios; en un politizado mensaje alusivo a estos días en los que el “mundo libre” –comandado por el binomio genocida de Bush y Blair– enfrenta al eje del mal, conformado por árabes, norcoreanos y algunos terroristas. Aunque, justo es decirlo, en el enorme telón que cubre el escenario antes del concierto, y que retrata el instante previo al embate de una mangosta y una cobra, uno no sabe cuál es más temible: si el reptil con su lengua bífida y sus aletas hinchadas, o el aguerrido mamífero rampante con sus colmillos enormes y su mirada llena de odio. Y -permiso, Animal Planet– vale recordar que la mangosta se alimenta de huevos de reptil, que captura de los nidos indefensos.
El show comenzó con los arabescos de “Ojos así”, cuyo clima paramusulmán bien podría volverla target de futuros misiles inteligentes. Pero no; felizmente, Estados Unidos la ama. Curiosidad: la primera gran-gran-gran ovación de la noche no se la llevó la aparición en el escenario de la propia cantante sino su primer oscilar de caderas, a lo odalisca; occidental y sensual. Pequeñita en la inmensidad de River y con poca ropa, Shakira desafió el frío que llegaba del Río de la Plata. En la escenografía inicial se destacó una enorme cobra metálica, erecta en medio del escenario, que aunque era más chica que la serpiente mecánica que al mismo estadio trajeran los Rolling Stones, de cualquier forma impresionó. Ya más abrigada, la estrella colombiana siguió adelante con su ya mencionado espacio cedido al rock, y con otros hits como “Estoy aquí”, “Ciega, sordomuda” o “Inevitable”. Y se diferenció de otras estrellas pop demostrando que ella sí es música: además de cantar (con una voz potente y más grave que en sus discos) a lo largo del concierto tocó la guitarra, la armónica y la batería.
El público fue en gran porcentaje femenino; gente bien vestida y con muchos adolescentes y niños. Todos vivieron con serenidad y alegría este espectáculo de alto impacto visual y clásicos de la radio. El césped de River estaba cubierto con butacas y eso quizás conspiró contra el baile. Alrededor del estadio, llamaba la atención la proporción descomunal de vendedores de merchandising de Shakira, a razón de unos treinta en cadavereda. Por las avenidas Udaondo y Figueroa Alcorta circulaban unas combis con parlantes que pasaban canciones de Shakira, y dentro del estadio había stands de Tower Records que sólo vendían discos de Shakira (¡qué lejos quedaron los días en los que esa misma disquería montaba un operativo de prensa en el que se ufanaba de no vender discos de Shakira, cuando la joven grabara aquel “polémico” video junto a Antonito De la Rúa, hijo del entonces “polémico” presidente!). Ese clima previo tan autorreferencial sólo fue interrumpido por el recital de la artista invitada Fabiana Cantilo, que logró el sueño del “River propio”: cantó en Núñez ante más de 40.000 personas, la gente coreó sus canciones y la despidió con una ovación enorme.
El público argentino no habrá sido sólo espectador. Shakira y mil carteles anunciaron que el show porteño fue grabado para la próxima edición en DVD de la “gira de la mangosta”. “Es muy importante para mí estar en la Argentina, y por eso decidí grabar el show aquí”, dijo. Y agregó, política: “Aunque no nací en esta tierra, algunos quisieron exiliarme. Pero yo ya formo parte de ustedes, y ustedes ya son parte de mí”. Guste o no, parece que es así.

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Shakira se mostró en River como una estrella internacional.
La cantante incluyó en su repertorio temas de AC/DC y Aerosmith.
 
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