SOCIEDAD › RICARDO SIDICARO, SOCIOLOGO

“La sociedad está más despartidizada”

Autor de un estudio histórico del peronismo, analiza el resultado de la primera vuelta y el tipo de gobierno que emergerá del primer ballottage, que no tendrá el habitual consenso del voto masivo. Lo que puede ser un problema o una ventaja.

 Por Victoria Ginzberg

La reflexión sobre la actualidad argentina es una tarea constante para el sociólogo Ricardo Sidicaro. La practica como investigador, desde las aulas de la Universidad de Buenos Aires y, después de hablar con Página/12, se dispone a continuarla junto a un grupo de colegas y alumnos en la Fundación del Sur, una vieja casa reciclada en San Telmo. Centrado en su rol de analista, no anticipa pronósticos. Lo que sí hace es interpretar el comportamiento de los electores y actores políticos con cierta complejidad. “Fue uno de los votos más reflexivos que hemos tenido desde que se inauguró la democracia. La sociedad está más despartidizada pero más politizada”, señala entre otras cosas, mientras trata de empezar a pensar el destino del peronismo.
–¿Qué primeras conclusiones se pueden sacar a partir de los resultados de las elecciones del domingo?
–Se puede entrar por varios temas distintos, en primer lugar, el comportamiento de los electores que se encontraron por primera vez con una multiplicidad de opciones y se distribuyeron sin ninguna polarización notable. En principio, esto muestra un quiebre del sistema de bipolarización que había caracterizado durante mucho tiempo a la Argentina. Lo interesante es que este pluralismo viene por la vía de la desarticulación de la unidad peronista. Fruto de un sistema electoral, y a que esto funcionó un poco como una elección por lemas o interna abierta, se distribuyó una ciudadanía que reflexionó y acompañó tendencias organizativas de distinto carácter.
–¿Se puede hablar de un quiebre del bipartidismo cuando hubo tres candidatos peronistas y tres de origen radical?
–En términos de lo que fue el bipartidismo y la manera en que consolidaba grandes opciones es un corte importante. El tiempo dirá si esto se mantiene como varias propuestas peronistas consolidadas en fuerzas políticas o bien, lo que no cabe descartar, que aquel que gane convoque al resto a reconstruir una fuerza unificada. Pero las elecciones revelaron que la desarticulación del país en términos territoriales se refleja en el poder de los gobernadores y en la creación de verdaderos partidos provinciales, en algunos casos con alcance regional. La consolidación del partido duhaldista de la provincia de Buenos Aires es un hecho que se veía venir desde hacía tiempo pero que no se había reflejado en el plano electoral. La fragmentación del radicalismo en términos de líneas políticas enfrentadas, con programas, es un dato importante. Ahí es más difícil que alguien pueda convocar a la unidad porque ya quedaron tres fuerzas políticas diferentes que quizás den lugar a tres partidos distintos. Ricardo López Murphy se ubicó en una derecha liberal republicana clásica que tiene algunos contactos con el origen radical, pero que ha cortado con él considerablemente.
–¿López Murphy es un fenómeno efímero o duradero?
–En general estos partidos nuevos han sido fugaces. A diferencia de los conservadurismos de tipo Alsogaray, que eran partidos con un discurso económico fuerte, el que parece que debe prefigurar López Murphy tiene más dimensiones. Es complejo saber si va a continuar, porque son partidos estructurados en torno de un hombre. Lo mismo pasa con la señora (Elisa) Carrió. No son organizaciones políticas que entran en la arena electoral sino que son verdaderas agencias electorales que se instalan convocando a sectores de la población importantes, pero no tienen del lado de los dirigentes una organización, una cierta coherencia, una carrera interna.
–¿Para perdurar tienen que transformarse en partidos tradicionales?
–La estructura les da continuidad, crea las posibilidades de formación de un imaginario en común, ciertos rituales, formas de jerarquías. Lo cierto es que en una época en que predomina la tendencia a la disoluciónde los partidos tradicionales es muy difícil crear partidos nuevos. Pero desde el Estado se puede llegar a crear un partido. Partidos que se crearon desde la sociedad, tipo el Socialista, que fue creando tejido organizativo, de cooperativas, sindicatos, bibliotecas, eso ya es un poco difícil porque la heterogeneidad del mundo popular no da tan fácilmente para eso.
–Usted habla en uno de sus libros sobre los tres peronismos (el del ‘45, el de los ‘70 y el de los ‘90). La fragmentación del peronismo en esta elección, ¿anuncia su disolución o el nacimiento de un cuarto peronismo?
–Sería difícil decir si es la disolución del peronismo. Los peronistas siempre tuvieron una forma organizativa donde no le dieron predominio al partido. Desde el mismo léxico peronista el partido fue la herramienta electoral de algo que consideraban una entidad superior, nunca bien definida, que era el movimiento peronista, donde el elemento fundamental era el mundo sindical. La crisis del peronismo comienza en el ‘83, con la derrota electoral. El partido que cree que el pueblo siempre tiene razón se encontró con que el pueblo no lo votó. Los dirigentes más lúcidos hicieron una reflexión interesante sobre lo que había pasado durante la dictadura militar y se dieron cuenta de que había muchos elementos que hacían a la conformación del peronismo que ya no estaban. La dictadura militar dejó hecho añicos el aparato de Estado, los sectores del capital nacional no tenían otro proyecto que el de aumentar su concentración económica y el sindicalismo quedó muy derrotado. Ahí avanzó la clase política del peronismo y Menem encontró una solución buscando sus apoyos empresarios en el capital extranjero. En lugar de pensar, como Perón, que había que fortalecer el Estado, operó la disolución estatal y les liquidó objetivamente a los peronistas lo poco que quedaba de rastros de reconstitución del peronismo.
–¿Qué sería esperable que ocurriera de aquí en más?
–Peronismo como el primero es imposible porque no están las conformaciones estructurales. El interregno fracasado del 73-76 tampoco se puede repetir hoy y Menem agotó las condiciones del peronismo neoliberal.
–¿Kirchner está llamado a ocupar un lugar?
–Tiene todas las probabilidades de ser un refundador del peronismo antiguo –que puede hablar del Estado, la producción– pero ya convertido en un partido político tradicional. Es decir, un partido que no puede ser de los sindicatos ni del Estado. Sería una fuerza política basada en el recuerdo de una tradición pero en la que los actores de esa tradición prácticamente no la asumen o no la validan. El hecho mismo de la existencia de Kirchner supone una lucha entre distintas fracciones peronistas que en realidad operaron como agencias electorales antagónicas.
–¿Interpreta la desintegración de los partidos tradicionales y el surgimiento de las “agencias electorales” como algo negativo?
–Los partidos anteriores se fundaban sobre la existencia de sectores sociales más sólidos. Las clases medias, la clase obrera y la clase alta tenían ciertos valores homogéneos y cierta idea, compartida por más de un sector social, de la ilusión del progreso. Todo eso se quiebra en los países occidentales, en general, en la época actual. Todos los sectores tienen una profunda heterogeneización y por eso resulta muy difícil crear representación política. Los partidos van perdiendo nitidez y programa.
–¿Eso contribuye a un debilitamiento general de la política?
–Es complejo. Es un debilitamiento de los partidos tal como se los conoció y es un crecimiento del interés por lo público y de la política por parte de la sociedad. A veces se trata de pensar que la sociedad se despolitiza, en realidad la sociedad se despartidiza. Los partidos son mal mirados porque la sociedad es mucho más reflexiva hacia ellos. Los dirigentes de ahora no son peores que los de hace veinte años, pero lasociedad que inaugura la democracia en el ‘83 no se hace preguntas como las que se puede hacer la sociedad actual. En primer lugar, por la efervescencia democrática y, en segundo lugar, veinte años de democracia enseñaron mucho. Veinte años traen desencanto, que es un proceso natural en los países que reconstruyen democracias, y traen ciudadanos más exigentes, aunque no sea el cien por cien de los votantes. No se podía decir que cualquiera de los políticos que están hoy sea peor que Isabel Perón.
–Es una mirada optimista.
–Es la diferencia entre una persona que tiene a disposición la prensa escrita de nuestros días y la prensa de otras épocas. Es el resultado de un verdadero proceso de la reflexividad social en el mundo de la política y de destradicionalización de muchos aspectos de la vida, entre ellos, los de las opciones políticas. Los partidos se modernizaron menos que los electores y esos electores son los que los cuestionan. Los partidos se encuentran con una sociedad más exigente, más politizada y más despartidizada.
–Hace dos años arrasaba el “voto bronca”. El domingo pasado fue a votar el 80 por ciento del padrón y, en proporción, hubo pocos votos en blanco. En medio, estuvo el 19 y 20 de diciembre ¿Qué pasó?
–Creo que la situación del llamado voto bronca era fundamentalmente el descontento hacia la Alianza y a las ilusiones frustradas frente a la Alianza. Salir a la calle, reclamar, o hacer del voto bronca un deseo de mandar un mensaje político fueron actos políticos. Fue el descontento de los sectores que, yo diría, estaban en el 50 por ciento superior de la distribución del ingreso. El descontento de los sectores populares venía de lejos y fue tomando formas de expresión nuevas. Hoy es muy difícil decir como se conecta esa movilización social de sectores populares en torno a propuestas políticas. Incluso aquellos que los representan, es evidente que representan muy poco sobre el conjunto de gente movilizada o dispuesta a movilizarse en los sectores populares.
–¿El sector del voto bronca se manifestó en esta elección en lo que se llamó voto volátil?
–Las encuestas revelan que voto volátil hubo en todos los sectores sociales. En algunos casos porque no sabían a qué sector del peronismo iba a votar. También aparece por una cuestión de cálculo, votar por quienes tiene más posibilidades. Creo que fue uno de los votos más reflexivos que hemos tenido desde que se inauguró la democracia porque la fragmentación del sistema de representaciones partidarias hizo que se colocaran frente a los sujetos, en muchos casos, productos relativamente parecidos. El votante se movió a la búsqueda de no grandes soluciones, porque nadie creía que fueran a cambiar grandes cosas. Lo mismo va a ocurrir en esta próxima elección. La lógica que vamos a tener va a estar muy dada por el mal menor.
–¿La suma de votos no peronistas o no propios haría que Kirchner quede en cierta forma en deuda con esos sectores que terminan apoyándolo o el ballottage naturaliza este fenómeno?
–Creo que el ballottage crea un problema. Han contabilizado en la primera vuelta los votos que podríamos llamar “genuinos” de cada candidato. La sensación que deja la segunda vuelta es que no va a haber un candidato de la mayoría electoral. La legitimidad queda un poco menguada en los sistemas que resuelven la decisión de designar a un presidente por esta vía y obliga a quien gobierna a conquistar una legitimidad mayor por la vía de la realización de una política que despierte aceptación en la sociedad.
–Entonces la falta de legitimidad hasta podría ser positiva.
–El Gobierno va a tener que hacer una política de consensos tratando de encontrar mayores propuestas que aglutinen a mayores sectores sociales.

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