ESPECTáCULOS

Spinetta, o el placer de oír los clásicos más flamantes

El músico y su banda presentaron “Para los árboles” con un show exquisito y a la vez desafiante, que eludió todo lugar común y confirmó (otra vez) su buena salud artística.

 Por Eduardo Fabregat

“No todo lo que escribo tiene que ver con acontecimientos de mi vida privada, sino con cosas que tienen relación con el mundo. Y no todos son clásicos. Hoy no tocamos ningún clásico... quizás algún día vuelva a tocar ese tema que se llama “Mucama (ojos de mantel)”, dijo Luis Alberto Spinetta cuando la noche del viernes ya terminaba, y en la fila quince hubo una pareja que se dio por vencida y encaró la salida. Fueron los únicos herejes, porque el resto del Gran Rex se quedó a paladear el postre, una versión de “Las olas” que honró a ese funk potente característico de Los Socios del Desierto, y que cerró una de esas citas en las que Spinetta, a conciencia o por simple necesidad artística, pone a prueba a su gente. Y la gente responde, y se entrega al rito, y afortunadamente ya no son tan abundantes los pedidos de viejas páginas, aun cuando hubo una chica que se desgañitó un par de veces con “¡¡¡No te alejes tanto de mí”!!!”. Sin éxito, sin siquiera una de esas reprimendas del Flaco, que prefiere ganar por prepotencia poética.
Nada de “clásicos”, entonces, que para eso ya estuvo el Teatro Colón y el Electroacustik del Coliseo. Spinetta quería mostrar esas canciones Para los árboles y para lo árbol que hay en nosotros, y apenas abrió el juego a lugares de su discografía más reciente, frenando al llegar al debut de Los Socios de 1997. Seguramente los dos que se levantaron ante la confirmación de que Luis mantendría el archivo bien cerrado pertenecen al sector más nostálgico del público-Spinetta, ése al que le cuesta perdonar la ausencia de... (llénese la línea de puntos), y el que en algún caso pierde de vista –de oído– un dato central: sobre el escenario del Gran Rex están sonando nuevos clásicos.
“Para los árboles” es un muy buen disco de Spinetta, otro más para la cuenta. Y ni siquiera la decisión de tocarlo enterito, en el mismo orden de grabación, conspiró contra la atención de la gente. Virtud de las canciones, claro, pero también del armado instrumental elegido por el líder. A diferencia de tiempos en que lo jazzero cobraba más protagonismo, en esta banda el terceto de teclas de Fontana/Cardone/Arcaute dibuja a gusto entre lo melodioso y lo ambiental, y se complementa sin choques con la furia eléctrica que pueden imprimirle a sus guitarras Spinetta y Comotto (un instrumentista al que habrá que seguir con atención). Wirzt y Malosetti estarán debajo como conviene a la base, pero su presencia es sólida, generosa e inspirada: el ex Socios hace lo que hay que hacer con poco (demostrando que no es realmente necesario tener la batería llena de cascos para lucir), y Malosetti... difícil encontrarle ya adjetivos a Malosetti, tan relajado en lo suyo que produce la falsa impresión de que lo suyo es fácil. Fácil, en todo caso, es rendirse al buen gusto con que ese bajo aporta color y magia a las canciones de Spinetta.
Spinetta, por su parte, es el de siempre, ataviado incluso con un aire ochentoso (mameluco blanco desprendido, remera negra) que refuerza la impresión de eterna jovialidad. Capaz de prenderle fuego al aire con el solo de “Yo miro tu amor”, emocionar con esos clásicos (otra vez la palabrita) instantáneos que son “A su amor allí” y “Dos murciélagos”, dejarle el protagonismo a Grace Cosceri –pequeñita y de voz extraordinaria– y Malosetti para que sorprendan con el momento Beatle de “Mother’s nature son”, o producir una suspensión del tiempo con su imagen bajo una única luz cenital para el hermoso “Tu cuerpo mediodía”. Allí fue cuando Luis comenzó a dejar claro que su revisión del pasado sería casi nula, y en todo caso pasaría por honrar páginas ajenas como “Las cosas tienen movimiento” (Fito Páez) y “Tema de Titania” (compuesto junto a Claudio Gallardou para la obra teatral Puck), o canciones cercanas como “El mar es de llanto”, “Tonta luz” (de Silver sorgo), “Oh! magnolia” y la felizmente rescatada “Paraíso” (de Los Socios del Desierto).
¿Criticable? Sólo para los nostálgicos. No es necesario que Spinetta predique su prescindencia de los lugares comunes que dicen que en una lista de show hay que meter equis cantidad de hits, estratégicamente puestos en tal y tal momento. Igual que en sus discos, sus canciones, su lírica y su lenguaje musical, el Flaco está siempre más cerca del desafío que de la demagogia. Será por eso que se lo estima tanto. Será por eso que sólo dos personas se retiran porque no sonará “Mucama (ojos de mantel)”. Y a todo esto, ¿hace falta escucharla de nuevo?

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Spinetta presentó su disco entero y en el mismo orden de canciones, con escasas referencias al pasado.
 
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