ESPECTáCULOS › UN ENCUENTRO CON LA LIBERTAD COMO BANDERA

Instrumentos de identidad múltiple

Rodrigo Domínguez, Ernesto Jodos en órgano y el baterista Sergio Verdinelli estarán el domingo en el Festival Tribulaciones.

 Por Diego Fischerman

“Alguien de la organización del festival me llamó y me preguntó: ‘¿Vos sos el trío?’. La frase me encantó y desde ese momento los demás integrantes y yo pensamos alrededor de esa idea. Que cada uno de nosotros es el trío”, dice Rodrigo Domínguez. Saxofonista en varios de los proyectos más interesantes de la escena del jazz actual, con este grupo que conforma junto a Ernesto Jodos en órgano Hammond y Sergio Verdinelli en batería, será parte de un evento bastante inusual.
El Festival Tribulaciones Avant Music 2003, organizado por los responsables del ciclo de ese nombre (un programa que primero fue radial y más tarde televisivo), se realizará el próximo domingo 14, a las 20, en La Trastienda (Balcarce 460). Y además del notable trío de Domínguez estarán el trío brasileño Curupira, liderado por André Marques –pianista de Hermeto Pascoal–, Fernando Samalea junto a Fernando Kabusacki, María Eva Albistur, Juan Pablo Jacinto y Fabián von Quintiero, el grupo Natas, Capitanes de la industria (el grupo del guitarrista Wenchi Lazo) y Medusa, haciendo los temas de A dos pasos del cielo.
“Este grupo tiene una de las características que a mí más me interesan, que es dejar aire. Cuando se toca con piano, la armonía queda demasiado definida, demasiado cerrada, en cambio en este caso se parte de una mayor ambigüedad tonal y hay mucha mayor libertad en la improvisación”, comenta Domínguez. Su argumentación es impecable y remite a los famosos grupos sin piano de Ornette Coleman y a su concepto de la armolodía. Pero ofrece un único flanco débil: el órgano, en ese aspecto, es exactamente igual al piano y hasta peor, si se piensa que sus sonidos pueden tener una duración infinitamente mayor. “Ah, sí”, concede el saxofonista. “Pero acá el organista es Ernesto Jodos.” La respuesta es, por supuesto, pertinente, porque este tecladista, además de uno de los más perfectos del jazz argentino, es alguien que rara vez se limita a pensar sus instrumentos de manera tradicional. “En el trío es común que yo esté haciendo la línea del bajo, que Ernesto haga una especie de tejido contrapuntístico alrededor y que la función del tema, en realidad, la esté tomando la batería”, comenta Domínguez a Página/12. “Ernesto es capaz de tocar una sola línea o de hacer acordes, de pensar de manera melódica o de comentar lo que están haciendo los otros. Cualquiera que pensara un saxo haciendo un solo con acompañamiento de órgano y la batería haciendo la base rítmica estaría lejos de imaginarse el sonido y la concepción que guía a este grupo.”
Domínguez ve con alegría, además, lo que pasa en Buenos Aires con el jazz. “Hay muchísimo movimiento, pero no es una cuestión sólo de cantidad. Hay una gran variedad de proyectos que empezaron a sedimentarse; no se trata de buenos instrumentistas haciendo temas clásicos y tocando zapadas hasta las tres de la mañana. Hay composición, estilos personales, estéticas. Y además, lo que podría ser un costado un poco peligroso, las carencias que muchas veces tenemos en cuanto a formación e información, está provocando que las respuestas y las soluciones a los problemas técnicos sean personales. Que las búsquedas sean individuales. Hay, también, una segunda generación de alumnos de los que fueron a Berklee. Y si, al principio, nuestros estilos aparecían calcados de cómo se estaba tocando en ese momento en Boston o Nueva York, ahora ya corrió mucha agua. Hay, por otra parte, una búsqueda que a veces es incluso consciente, de que lo que hagamos suene argentiiino. Que haya una entonación, una dicción, un acento propio, aunque toquemos jazz.” En cuanto al hecho de que en esa multiplicidad de proyectos los músicos a veces son siempre los mismos, el saxofonista opina que “las diferencias están dadas por quién compone y por cómo esa persona tiene en cuenta las posibilidades de las personas en particular que van a tocar lo que se le ocurre. Se componepensando en los intérpretes, pero, además, no todos piensan en los intérpretes de la misma manera”.

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“Buscar una entonación, una dicción propia en el jazz”, propone el saxofonista Rodrigo Domínguez.
 
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