ESPECTACULOS › HILDA LIZARAZU Y SU “GABINETE DE CURIOSIDADES”

“A veces uno se va de rosca”

Tras un período de paz en un pueblito cordobés, la cantante está de regreso con un disco que consigue ser autorreferencial sin caer en los excesos. “Es una especie de diario personal”, admite.

 Por Roque Casciero

Cuando un músico dice que su último álbum es un reflejo de su persona puede suceder que: a) se lo pase contando hasta cómo va al baño, con un ombliguismo que, por lo general, no hace sino espantar al público; b) escriba letras tan herméticas que el oyente se pregunte qué hay adentro de esa cabeza; c) el autor se pinte como si fuera la Biblia aunque esté más cerca de ser un calefón. Sin embargo, hay que creerle a Hilda Lizarazu (o Lizarazu a secas, como propone ahora) cuando asegura que su primer disco solista, Gabinete de curiosidades (que presentará el 12 de agosto en La Trastienda), es un reflejo de su ser. “Además, es como una especie de diario personal, por más que no cante en primera persona todos los temas”, sostiene la ex líder de Man Ray y corista de Charly García.
Un rápido repaso por las canciones corrobora los dichos de su autora: El pulso habla de su voluntad por “no irse de rosca con tanta cabeza”; Camino real, sobre un atardecer en la casa que Hilda y su familia habitaron cerca de Sinsacate, Córdoba, tras la diáspora de Man Ray; Uriel (de San Telmo a Salsipuedes) cuenta la historia de otro, pero también la de su propio escape hacia las sierras; y Primera flor es la mirada conmovida de una madre primeriza ante su hija (en Córdoba, Hilda dio a luz a Mía). Claro que también hay una canción sobre un volcán y otra sobre la violencia en el fútbol, pero las más profundas y llamativas son las que se refieren a la vida de Hilda. “A la gente le gusta conocer la parte personal de los artistas”, suelta, como si pensara en voz alta. “Si no, no habría tantos programas de chismes. Tal vez conocer la vida de otros le sirva para verse a sí misma. No sé. Tengo la sensación de que, en realidad, la gente te compra como persona.”
–¿Cuándo compra un disco?
–Claro. Imagino que le debe gustar una canción, pero creo que el artista es un todo. Y la gente compra ese todo. Un amigo que es artista plástico me dijo que a un artista le creés o no. Y a mí me pasa que, de los artistas a los que le creo, me compro el disco aunque no me guste el tema de difusión. Después viene mi valoración, pero le creo a un creador, quiero ver qué hizo, qué es lo que expresa.
–Gabinete de curiosidades cierra con un cover de La reina de la canción de La Joven Guardia. ¿Usted se sentía así en su adolescencia?
–No, no lo asocié conmigo. Cuando empecé a tocarlo, en Córdoba, la letra era súper actual por lo que ocurría con programas como Escalera a la infamia (risas). Dice: “Quiere que la descubran para que baile en televisión”. Y eso me pareció muy simpático. La canción tiene un tinte naïf que conservo con mucho cariño. Así que no, aunque me guste mucho cantar, no me siento la reina de la canción.
–¿O sea que de chica no cantaba frente al espejo?
–No, era más nostálgica. La parte más rítmica y saltarina que tuve con Charly y con Man Ray, todo lo que tiene que ver con lo corporal en vivo, me salió más después de los 20 que en la adolescencia. Fui una adolescente más “oscura”, más tímida, más nostálgica.
–¿La nostalgia era porque vivía en Nueva York?
–Puede ser. El desarraigo de irme a los 11 años me dolió: cambio de hemisferio, de idioma... Y hasta ese momento había estado pupila, así que venía de una especie de abandono que no terminaba de entender. Creo que eso me dio un tinte de adolescente nostálgica. Y en algunas canciones mías se refleja.
–¿Cómo es ese tinte naïf que le interesa conservar?
–El elemento de inocencia en las personas muy jóvenes o muy viejas me conmueve muchísimo. Me sucede cuando veo a alguien mayor que mantiene la curiosidad y la inquietud por las cosas que ocurren. Y cuando hablo de curiosidad también hablo de inocencia, de mantener un espíritu joven. Me interesa la inocencia no como algo tonto, sino como una virtud. Y me gustaría que exista dentro de mi conformación como persona.
–¿Inocencia como sinónimo de pureza?
–Sí. Alguien inocente es quien toma las cosas desde un lugar muy puro, que no está contaminado de escepticismo. Es mantener la capacidad de asombro sin convertirse en boludo.
–En la canción El pulso dice: “Busco lo simple”.
–Claro, porque la simpleza también es un ingrediente en los espíritus del cual soy partidaria. Si bien los seres humanos tenemos la capacidad de elucubrar y armar y tal, a veces nos vamos de rosca con tanta cabeza. La canción dice: “La gente me pregunta adónde voy y yo simplemente camino”.
–¿Tuvo que ver con la búsqueda de lo simple irse a vivir a Córdoba?
–De eso me di cuenta cuando estaba allá. El viaje tuvo que ver con que estaba saturada y había perdido el asombro por las cosas. En una ciudad tan intensa y maravillosa como Buenos Aires hay tanto movimiento cultural y social que ya nada me conmovía: estaba como anestesiada. Y eso también me pasaba con Man Ray. Entonces, para no perderle el respeto ni a la música ni a mis compañeros, decidí parar.
–Cuando se instaló con su pareja en la provincia de Córdoba, ¿enseguida volvió a componer?
–Al mes de estar en el monte, con su silencio penetrante, volví a hacer canciones. El camino real fue la primera: es hipnótica, misteriosa. La hice mirando unos árboles increíbles a través de la ventana; el ventilador de techo reverberaba en una viga de madera y me marcó el tempo de la canción. El Camino Real pasaba por la puerta de nuestra casa: era el antiguo camino que unía Buenos Aires con el Alto Perú. Vivimos en una pulpería centenaria en medio del monte, a dos kilómetros de Sinsacate y a tres de Jesús María. Había un palenque en la puerta, estaban el mostrador y las estanterías, un salón enorme. Los que iban a visitarnos nos decían: “Tienen que hacer algo acá”, pero nosotros, que nos habíamos escapado, no íbamos a llenar ese lugar de gente.
–Ahora que está de regreso en Buenos Aires, ¿todavía la representan las canciones del disco que compuso en Córdoba?
–Totalmente. Aún reflejan la persona que soy.

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Hilda se fue “porque estaba saturada y había perdido el asombro por las cosas”.
 
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