ESPECTáCULOS › “SANGRE FRIA” NO TERMINA DE HELAR LA SANGRE

Terror para adolescentes

La serie de Telefé, cuyo mayor mérito reside en animarse a un género con pocos antecedentes, falla en su ritmo narrativo.

 Por Emanuel Respighi

Un grupo de adolescentes –y no tanto– convive temporariamente en una tenebrosa casona en la que se desarrolla un concurso de mentes brillantes, organizado por la Universidad Gallogher. Un certamen que vuelve a organizarse después de tres años de aplazamiento, a raíz de la desaparición en circunstancias poco claras de una ex participante de la que nunca más se supo ni se encontró su cuerpo, pero cuya historia pareciera despertar con sed de venganza. Un bosque inhóspito que rodea la mansión, plagado de trampas y sucesos confusos, ubicado en un lejano paraje de la Patagonia. El escenario es el ideal para montar una miniserie de terror atrapante, como hacía mucho la TV no daba. Sin embargo, la propuesta de Sangre fría (miércoles a las 22.30, por Telefé) no logra capitalizar todo ese marco en función de su historia, trayendo a la luz una de las verdades inexorables del género: que lo esencial en toda propuesta de terror es la manera en que se cuenta la historia.
Suerte de amplio collage entre Twin Peaks, El proyecto Blair Witch, Carrie y Scream, Sangre fría intenta devolverle a la pantalla chica un género que en la TV local tuvo como único antecedente los ciclos ideados por Narciso Ibáñez Menta. En este caso, la propuesta de Ideas del Sur, la empresa de Marcelo Tinelli, apunta más a continuar el sendero abierto por las películas norteamericanas de terror adolescente que a las viejas y atrayentes historias que tan bien contaba el recordado Ibáñez Menta a principios de los ‘80. Claro que Sangre fría carga con el peso de ser el primer representante en mucho tiempo de una inexperta industria local en el género, más allá de algunos especiales aislados en Tiempo final o Los simuladores.
Si se conviene que la premisa básica de un ciclo de terror es justamente transmitir la angustia de los personajes a los espectadores, bien podría señalarse que Sangre fría dista mucho de lograr ese efecto en el televidente. La previsibilidad del guión escrito por Esther Feldman, Alejandro Ocón y Lucía Puenzo, en la que el personaje de Mariano Martínez cuenta de entrada que es el único sobreviviente del campus, hace mella en la realización del efecto principal que persigue el género, con una historia en la que la sorpresa y el suspenso –elementos primarios– brillan por su ausencia. De esta forma, Sangre fría carece de tensión dramática, requerimiento primordial del género. Por este motivo, la serie de “terror adolescente” –tal cual la anunciaron sus productores– se convierte más bien en un ciclo de “terror preadolescente”, sector etario al que no requiere tanto esfuerzo causarle miedito.
Otro de los aspectos que conspiran contra el objetivo del ciclo es el lenguaje narrativo utilizado para contar la historia. En Sangre fría, al mejor estilo de Eran diez indiecitos, de Agatha Christie, el asesino de las sombras se encargará de un personaje por vez, desde los menos importantes a los centrales, lo que hace que hasta ahora las muertes transcurran casi de manera indiferente para el público, que no se identifica con las víctimas. Encima, los libros están escritos de tal forma que las muertes siempre se producen al final de cada capítulo, con lo cual también son previsibles.
No obstante los problemas narrativos, Sangre fría cuenta con una realización impecable. De logrados efectos especiales y una cuidadosa musicalización e iluminación, la serie de Ideas del Sur demuestra que la TV argentina se encuentra al mismo nivel técnico que los ciclos del primer mundo. Claro que –también está demostrado– con eso sólo no basta para atraer a la teleaudiencia: la segunda emisión de la miniserie perdió 6 puntos de rating respecto del debut (29,3 a 23,5, según Ibope). En todo caso, bueno sería que la TV local arme los proyectos televisivos apoyándose en una buena historia y no priorizando impactar desde la conformación de un elenco de figuras juveniles (Mariano Martínez, Dolores Fonzi, Nicolás Pauls, Juanita Viale, Gabriela Bo y otros). Un problema que ni el imponente paisaje de la Patagonia logra disimular.

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La factura de Sangre fría es su punto fuerte: impecable.
 
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