ESPECTáCULOS › 2 PERDIDOS EN LA NOCHE

Psicodrama a la manera brasileña

 Por Luciano Monteagudo

El cine brasileño siempre tuvo una debilidad muy particular por la marginalidad y los personajes en los bordes más críticos y peligrosos de la sociedad. Algunos de los ejemplos más recientes, con estéticas casi antagónicas, fueron los de Ciudad de Dios, Carandirú y Madame Satâ. Y ahora, como para ratificar esta tendencia (casi una patología), llega 2 perdidos en la noche, una realización del veterano José Joffily, que ya había incursionado antes en esas zonas álgidas con ¿Quem matou Pixote? (1996). Basado en una obra teatral de Plinio Marcos (uno de los dramaturgos más reconocidos de su país), que ya había conocido una versión cinematográfica anterior en 1971, Joffily muda aquí la historia original, que transcurría en San Pablo, a las calles de Nueva York, o más bien a un sórdido e improvisado loft, donde sobreviven como pueden dos inmigrantes brasileños.
El se llama Tonho, es mineiro, se consiguió una green card a través de un matrimonio por conveniencia y junta unos pocos dólares por semana limpiando baños. Ella se llama Rita, pero reniega de su nombre, se hace llamar Paco, se viste como un muchacho y se gana la vida ofreciendo sexo al paso a homosexuales de todas las edades y colores. A su manera, cada uno integra los escalones más bajos de la llamada “clase prestadora de servicios”. Pero más que una crítica social, el film de Joffily, prisionero de la estructura teatral del original, se plantea como una suerte de psicodrama al viejo estilo de los años ’60, una pieza de cámara en la que ambos personajes se gritan incesantemente verdades y mentiras, para lucimiento de la pareja protagónica, integrada por Roberto Bomtempo y Debora Palabella, de reciente aparición catódica en la telenovela El clon.

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