ESPECTACULOS › UN RECUERDO PARA CALLEJEROS EN EL CIERRE DE GESELL ROCK

La música fue lo de menos

Desde Villa Gesell

 Por Cristian Vitale

De repente, se apagaron las luces y el viejo autocine de Villa Gesell, sólo iluminado por una luna llena e inmensa, mutó en un ámbito dispuesto al rito, un rito del que pocos sabían su destino. El escenario quedó a oscuras y hubo cinco minutos de silencio confuso e intrigante... hasta que una leyenda –en letras blancas y fondo negro– se proyectó en las pantallas de los costados, develando el motivo de tanta oscuridad: “La banda Callejeros tendría que estar con nosotros y no está (...) Para todas las víctimas y familiares de la tragedia: no olvidar, siempre resistir”. El mensaje se repitió cinco o seis veces, lo suficiente como para calmar el agite colectivo que había provocado La Vela Puerca minutos antes, y precedió a la proyección del video de Una nueva noche fría, el tema más promocionado de la agrupación de Villa Celina, que recién ahora –paradoja siniestra– difunden hasta en la FM Hit. En segundos, la introspección derivó en una manera apropiada de conmemorar a los muertos de Cromañón: un tendal de banderas callejeras flameando hacia el cielo, cánticos que exigían justicia y un sentimiento -.rara combinación de escepticismo y ganas de seguir– del que nadie estuvo exento. Callejeros figuraba entre los números principales de la fecha postrera del festival de Villa Gesell y gritó presente sin estar.
En verdad, las cuatro jornadas del festival estuvieron signadas por un halo de respeto y resignación. De una u otra manera, el espectro de los muertos pareció aparecer durante el show –por llamarlo así– muy poco festivo de Bersuit en la fecha inaugural; en el minuto de silencio que pidieron los chicos de Arbol promediando la segunda noche, en la versión melanco de Sólo le pido a Dios, que León Gieco aprovechó para dedicar a “los chicos perjudicados en Cromañón”, durante el cierre de aquélla, o en la sentida Rezo por vos que Charly García ejecutó después de tanto tiempo, en la tercera jornada. Pero especialmente la del tránsito entre domingo y lunes, la última, fue la más explícita en ese sentido. Varias razones lo explican: principalmente porque, como se dijo, Callejeros tenía que actuar. Pero también porque las bandas que lo hicieron –y sus seguidores, claro– varias veces habrán estado cerca de vivir una tragedia así, muy cerca en el caso de los Jóvenes Pordioseros, para quienes antes nunca faltaban bengalas. Es probable que varios entre las 14 mil personas que ocuparon el predio gesellino la última noche, a juzgar por lágrimas y testimonios a garganta entrecortada, había dejado algún amigo en Cromañón. Consciente del dolor, Sebastián Teysera, cantante de La Vela Puerca, elaboró un sentido discurso: “No queremos seguir escarbando en la herida, pero queremos que sepan que el rock uruguayo no es ajeno a lo que pasó y está de luto”. También Sokol, antes de abrir el show de Las Pelotas, pidió un minuto de silencio durante el que apenas se escuchó crujir a las hojas de los árboles. Por suerte, el cable a tierra para contrastar tanto bajón fue escuchar prodigiosas versiones de Sin Hilo, Bombachitas Rosas, Esperando el Milagro, y dos en las que a Luca le hubiese encantado estar por brillo y pasión: Los cinco magníficos y El ojo blindado.

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