ESPECTáCULOS

“Alta velocidad”: la F1 según Sylvester Stallone

El héroe de acción es la estrella de un film construido a la manera de una serie de videoclips, con todo lo necesario para los amantes de la velocidad.

 Por Horacio Bernades

“Hay que llamar a Joe Tanto”, dice Burt Reynolds, dueño de una escudería de Fórmula 1, preocupado porque a su pupilo más joven siempre parecen faltarle cinco para el peso, y el campeonato mundial amenaza con escapársele de las manos. A esa altura, pasaron unos diez minutos de película, y como Stallone es la estrella y todavía no apareció, no es difícil adivinar quién es el tal Tanto. Cuyo apellido remeda, más que el modo familiar de referirse al envido entre truqueros, a aquel elefante de Tarzán que era buenazo, lento y pesadón. Teniendo en cuenta que Stallone es, además de la estrella, uno de los productores de la película y encima el guionista, es más que obvio que Tanto, toda una leyenda de la Fórmula 1, volverá de su dorado retiro para convertirse en el salvador del jovencito, y elevarlo finalmente al soñado podio de los triunfadores.
Lo que no es tan fácil deducir en ese momento es que Stallone, que cada vez más parece recién escapado de una clínica de rehabilitación para la parálisis cerebral, terminará resultando también una especie de gurú, enseñando al jovencito las dos o tres verdades que hace falta saber para triunfar en las pistas y en la vida. Es rara esta condición, teniendo en cuenta que Alta velocidad apuesta todas sus fichas a la pura adrenalina, y no parecería quedar aquí espacio para otra cosa que no sean las frenadas y aceleraciones, aumentadas a la enésima potencia por un furibundo y entrecortado montaje de videoclip. Para hundir al máximo a su espectador en lo sensorial, se provee una banda de sonido que no para de bombear un tema tras otro, como en una discoteca.
Como se supone que esto es cine y además hay nada menos que dos horas para llenar, debe contarse, por esquelético que sea, con un guión, por llamar de alguna manera a lo que es una mera acumulación de lugares comunes, sampleados a partir de todas las películas de género deportivo. Además del veterano que vuelve del olvido para revalidar sus títulos (y terminará en el podio, como un vencedor más), está el propietario más o menos desalmado (Reynolds), el as alemán del volante (obvia referencia a Schumacher) y una pila de choques, volcadas y resbalones espectaculares, además del inevitable accidentado que debe abandonar las pistas. Y hay, faltaba más, dos o tres chicas decorativas, cuestión de dar un toque de glamour entre tanto olor a hombre.
Para que la cosa quede bien repartida, las chicas son una rubia (Estella Warren, vista hace poco en El planeta de los simios), una morocha (Stacy Edwards, la sordomuda de En compañía de hombres) y una castaña (Gina Gershon, lo único que realmente vale la pena de la película). Como éste es un mundo descaradamente masculino, ellas van a la zaga de sus objetos de desvelo y les aguantan todas (a la rubia Warren ni siquiera le importa que su hombre le diga que ella no es más que una “distracción” para él). Lo más cómico es que una de ellas (Edwards) se supone que está investigando “el predominio masculino” en ese deporte. ¡No sólo no lo investiga, sino que, en cuanto lo conoce, ya sigue a Stallone como un perrito embobado! Ventajas de ser estrella, productor y guionista a la vez. Ni Adrián Suar se atrevió a tanto en “El 22”.

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Stallone es un as del volante retirado, que debe conducir a la gloria a un joven corredor.
 
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