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Historia de un carpintero

Julio Chávez habla de su familia. Dice que su apellido real, Hirsch, no tiene nada que ver con el barón Hirsch. Esa relación dispara el relato de su historia familiar. “Mi padre era un carpintero alemán. Mi madre es egipcia. Ambos eran judíos y se conocieron aquí en una asociación israelita. Mi padre se hizo carpintero en Berlín. Llegó aquí en el ‘35. Al día siguiente perdió a su padre –mi abuelo– y a los 13 años salió a laburar. Era un gran lustrador de muebles ‘de muñeca’. Agarraba un mueble destruido y a la semana estaba perfectamente lustrado. Pero era un carpintero espantoso. Nunca hizo una repisa derecha, sus camas se movían”, señala.
–¿Y usted qué tiene de carpintero?
–Pinto y hago mueblecitos inútiles que parece que sirven para algo pero en realidad no sirven para nada. Hago cositas con cartón, hago camas chiquititas, que cuando la gente pregunta si se pueden levantar esperan encontrar algo mucho más pesado.
–O sea que hace muebles igual que su papá.
Es verdad... Incluso mi papá tenía mucho de el Oso. No era violento, jamás me pegó. Pero tenía temperamento y dificultad para manejar su vida: nunca hizo un peso, nunca tuvo una casa propia. Mi vieja lo echó a patadas de casa, pero él tenía un corazón bien grande.

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