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Los blogs políticos

Hace doce años los blogs no existían. Hoy son ya 70 millones en el planeta. Frente a la pérdida de centralidad de la política y de las formas de participación social, ¿son los blogs una nueva respuesta que expresa una transformación en los modos simbólicos de producción de conflictos?

 Por Pablo Castillo *

A diferencia de los fotologs que se volvieron masivos en el mundo adolescente, los blogs –y especialmente los blogs políticos– habitan el ciberespacio todavía de una manera embrionaria.

Mendieta, Ramble Tamble, La Barbarie o el recién llegado Bando-neón, son nombres que para la mayoría de los mortales no dicen mucho. Sin embargo, hay un público todavía pequeño que los ha incorporado como parte de su rutina diaria de lectura.

En principio, el blog tiene alguna ventaja comparativa con los medios gráficos, ya que brinda la posibilidad de hacer comentarios a las notas que aparecen en él, casi en tiempo real e, inclusive, rebatirlas y propiciar debates. En ese sentido, se asemejan más a la relación que establecen algunos oyentes con sus llamadas a ciertos programas de radio, aunque tal vez sin la calidez ni la empatía que producen esos encuentros, aun mediados por la conexión telefónica.

Pero ¿quiénes son, en definitiva, estos personajes que destinan una porción importante de su tiempo a escribir notas sobre la actualidad, subir un video o traducir un artículo del Financial Times? ¿A quiénes se dirigen? ¿Son solamente presunciones narcisistas? ¿Prácticas discursivas de un sector de la clase media intelectual –en general urbana– que navega sin referencias político-partidarias visibles? ¿O bien son aquellos que buscan en los blogs un lugar de anclaje, de construcción de vínculos y de nuevas comunidades asociadas?

Es difícil contestar taxativamente estas preguntas. Sobre todo porque esta supuesta pérdida de la centralidad de la política y de las formas en que se configura la participación social –fundamentalmente en las grandes ciudades–, también puede ser leída desde lo comunicacional como una transformación en los modos simbólicos de producción de conflictos.

Sandro Macassi señala que “los cambios y los procesos mundiales en la economía y en el campo de las comunicaciones, especialmente en su base tecnológica y cultural, plantean nuevos escenarios en la forma en que el ciudadano establece sus relaciones comunicativas con la dimensión política”.

Las nuevas tecnologías, si bien se montan en un sistema de acceso desigual a la información, irrumpen en la dimensión doméstica borrando las ya pocas barreras que quedaban entre lo público y lo privado.

Los blogs tienen además a su favor que son muy fáciles de hacer, accesibles tecnológicamente a partir del crecimiento de la banda ancha y, sobre todo, son gratis. Si los blogs políticos que surfean por la blogósfera constituyen una moda pasajera o no, dependerá de muchos factores, tanto internos como externos. Tal vez terminen configurándose como una variable que podrá incidir en segmentos específicos.

Además, para existir, los blogs tienen que dar cuenta de reglas explícitas o implícitas, como actualizar asiduamente sus contenidos, o alimentar el intercambio de voces, contestando los comentarios que hacen a las notas que publican.

Es cierto que, además de ser muchas veces la contracara de lo que dicen los diarios a la mañana, el formato blog brinda una serie de posibilidades que no siempre se utilizan. Es escasa la producción de información o entrevistas propias. Sin embargo, el carácter artesanal con el que funcionan es un impedimento objetivo para llevar adelante estas cuestiones.

Igualmente, para aquellos que son más precavidos acerca de las potencialidades futuras de los blogs, o guardan legítimas sospechas sobre sus construcciones dialécticas, una mirada sobre cómo asimilaron estos modernos cuadernos de bitácora la crisis que provocó el lockout sojero puede ser una buena excusa para analizar estos asuntos, aun más allá de cómo se terminó configurando la dimensión estrictamente política de ese acontecimiento.

Lo que se pudo observar es que, desde sus incipientes identidades, muchos de los que hacían estos blogs terminaron saliendo a la calle. Su presencia los inscribió como parte de repertorios más amplios y heterogéneos que excedían largamente su público más específico.

Por lo tanto, es un interrogante abierto en qué medida esos intercambios, apropiaciones y puntos de ruptura incidirán en una reformulación de sus esquemas de lectura de los procesos colectivos que dotan de sentido a las prácticas sociales y comunicacionales.

Julio Cortázar, en Libro de Manuel, decía que “un puente es un hombre cruzando un puente. Si no, no hay puente”. ¿Dónde deberán buscar, entonces, los blogs políticos vientos propicios para su navegación? Seguramente, cerca de los puentes.

* Licenciado en psicología. Magíster en comunicación.

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