LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

El precio de la soberanía

Esteban Magnani reflexiona sobre los consumos vía Internet y las contradicciones que ello plantea, subrayando la necesidad de iniciativas del Estado para impulsar medios online que amplíen el acceso y la diversidad.

 Por Esteban Magnani *

A principios de octubre el Banco Central anunció que durante el primer semestre de 2015 autorizó la salida de U$S 4197 millones en concepto de turismo. Sin embargo, según calculó la Asociación Argentina Agencias de Viajes y Turismo, al desglosar este concepto se veía que U$S 2138 millones, poco más de la mitad, salieron por compras con tarjeta de crédito de servicios online en el exterior: desde vidas para jueguitos como Candy Crush a servicios como Netflix.

Si bien faltan detalles oficiales que sería bueno desagregar, la señal es preocupante: la Argentina parece camino a repetir, esta vez en versión digital, una integración subordinada y desequilibrada al mercado global en el que deja las actividades de mayor valor agregado a otros países. Para peor, esto ocurre en un contexto de inversiones estatales enormes en fibra óptica, satélites de comunicaciones y demás por parte del Estado para favorecer el acceso (por otro lado imprescindible) de la mayoría de su población. Pero esa integración puede tener efectos paradójicos: Netflix, una de las empresas de servicios de video a demanda alcanzó los 43 millones de usuarios en los EE.UU., casi 6 millones más que el año anterior, de acuerdo a su reporte para accionistas. Por su volumen, cerca el 37% de toda la información que circula por la red de ese país proviene de Netflix. Por su parte, a nivel internacional la empresa tiene “solo” 26 millones de socios, pero sumó 10 millones en un año, es decir, nada menos que el 64 por ciento. Es allí donde está apostando más fichas para su crecimiento.

La Argentina se suma de a poco al hábito de las compras online ya instalado en el primer mundo. Agresivas campañas de descuentos como los llamados “hot sales” o promociones irresistibles “hasta agotar stock” buscan que los clientes hagan una primera prueba para generar el hábito. Como contrapartida hay limitantes a la expansión de esta modalidad porque menos de la mitad de la población posee tarjeta y, cuando se trata de compras en el exterior, los costos en dólares más impuestos desincentivan su uso.

Aun así el proceso parece irrefrenable. Las divisas que salen alegremente para comprar una vida extra en Candy Crush, poner publicidad en una red social o pagar algún servicio, seguramente irán aumentando en el futuro. ¿Qué alternativas existen frente a esta tendencia? Por un lado resulta difícil imaginar a las empresas locales compitiendo con un mercado que utiliza al mundo como mercado, aunque existen excepciones relevantes como Mercado Libre o Globant. Lo que algunos llaman piratería también funcionan como freno al drenaje de divisas mientras permite el acceso a bienes culturales que de otro modo podrían resultar inalcanzables para los más pobres. Popcorn Time –una aplicación de origen argentino– a los ojos del usuario, al menos, funciona como un Netflix pero gratuito. Este tipo de desarrollos tienen al menos dos problemas: por un lado suelen reproducir desde las márgenes la lógica del mercado al dar acceso a los contenidos más masivos reforzando su consumo; por el otro, que desde el punto de vista de las corporaciones de contenidos una película bajada sin permiso es igual a una venta perdida (lo cuál tampoco es cierto) y aumentan las presiones contra este tipo de sistemas. Así planteadas las cosas, el Estado, al menos por ahora, parece el único en condiciones de financiar proyectos alternativos y crear medios online que amplíen el acceso y la diversidad, como la plataforma de streaming anunciada por el Incaa para ver contenidos locales, cuya producción, por otro lado, ha sido financiada en buena medida por los impuestos de la población.

Durante una entrevista a Julian Assange en el marco del Foro de Cultura Digital organizado en octubre por el Ministerio de Cultura, el creador de Wikileaks aseguró que la batalla por internet está perdida en el primer mundo pero no aún en los países latinoamericanos: “Argentina debería liderar la discusión sobre cibersoberanía en la región, construir una nueva narrativa sobre el futuro tecnológico”. Tal vez ésa sea una de las claves: emprendimientos regionales que ocupen los espacios vacantes. Y antes de que sea demasiado tarde.

* Periodista y docente. Autor de Tensión la red.

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