PLACER › SOBRE GUSTOS...

La muchachada

Por Miguel Alvarez *

Hace 31 años que nos conocemos, habían pasado sólo cuatro desde los primeros berridos; y ahora que tenemos 36, nos vemos casi todos los fines de semanas. La historia empezó en el jardín de infantes de la escuela Laprida, para algunos, y para otros, en la esquina del barrio cuando se cruzaban nuestros padres y se paraban a charlar. Mientras esperábamos que ellos terminen comenzaba nuestra amistad; ellos también en algunos casos se conocen de chiquitos. Pero la historia que quiero contar es la nuestra, la del placer de estar juntos, la de estar ahí cada vez que alguien lo necesita, la de no fallarnos.
Somos absolutamente distintos unos con otros. Sabemos con tan solo una mirada lo que pasa, conocemos al pie de la letra lo que nos molesta o nos enfada, de hecho lo usamos para gastarnos mutuamente. Todos somos de equipos de fútbol diferentes, aunque uno solo es fanático: Rafa, y va siempre a la cancha. Como en toda barra tenemos un perfeccionista, Katy, está siempre en todos los detalles de las casas de todos. También está el viajante, Gusti, que con su camión siempre llega a tiempo para el asado del fin de semana. Walter, que vive muy lejos y se dedica a la carnicería, cuando puede nos da la alegría de verlo. Mi hermano Tito que es muy enamoradizo y se la pasa todo el tiempo con su novia, pero que trata de venir a las reuniones. Palolo, que aparece cada muerte de obispo, aunque por cuestiones laborales hablamos todos los días por teléfono.
Hay otros que se incorporaron más tarde al barrio, son los chicos que no están desde el principio, pero igual los queremos como si fueran de toda la vida, mi amigo Tatín, Julito, Fabi y espero no olvidarme de nadie, pero sólo quería que sepan que es un placer haberlos cruzado en esta vida y tenerlos hasta hoy como amigos en las buenas y en las malas, a veces como en toda relación tenemos diferencias, pero no son insalvables.
Ahora esperamos con ansiedad las eternas vacaciones, en donde nos vamos a juntar todos en algún punto de la costa a comer un asado con unos vinitos y cervezas, como todos los años lo hacemos, y contar las anécdotas de toda la vida, las chicas claro está, ya no nos soportan más aunque ellas también son de fierro.

* Lector
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