SOCIEDAD › UN PRESO ATORADO EN UNA FUGA

El costo de la gordura

Catorce presos que estaban alojados en una comisaría de Rafael Calzada, en el partido de Almirante Brown, se fugaron en la tarde de ayer, tras abrir un hueco detrás del inodoro del calabozo. Hasta el momento, doce de los internos continúan prófugos, uno fue recapturado en la estación de trenes de Temperley, y el último, algo excedido de peso, quedó atorado en el boquete y nunca pudo salir.
Seguramente, sus compañeros de celda lo llamaban “el gordo” y él se reía de sus kilos de más, haciendo alarde de su voluminosa anatomía. Hasta ayer, cuando la panza le jugó una mala pasada. Todo estaba perfectamente planeado. Durante días, trabajosamente junto con sus compañeros, cavó el hueco que lo llevaría a la libertad, exactamente detrás del inodoro de la celda, donde los guardias no podían verlo.
Pero en el momento decisivo, algo falló. Luego de dejar pasar a sus 13 compañeros, el “gordo” saltó dentro del boquete, camino al patio interno de la seccional, y allí quedó atorado. Su panza, otrora compañera de bromas, le impedía cumplir su sueño más deseado. Así, con la cabeza en el patio y las piernas en el calabozo, lo encontraron los oficiales cuando, advertidos por los otros presos que quedaron en la celda, llegaron al lugar de la fuga.
La justicia ahora investiga si la fuga tuvo el guiño de algún miembro de la comisaría donde se hizo el boquete.

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