SOCIEDAD › CARRASCOSA FRENTE A LOS TESTIGOS QUE LO COMPLICARON

El viudo no pudo doblegarlos

El único detenido por el crimen de María Marta se enfrentó con los tres testigos que desbarataron su coartada. Después de ocho horas, cada uno mantuvo sus dichos originales.

 Por Horacio Cecchi

Después de casi ocho horas, y en presencia del juez Diego Barroetaveña y el fiscal Diego Molina Pico, el trámite de los careos entre Carlos Carrascosa y los tres testigos que desmoronaron su coartada llegó a su fin sin que se hubieran producido modificaciones sustanciales. Tanto Carrascosa como Alba Benítez, concesionaria del restaurante del Carmel, Gustavo Obendorfer, mozo, y Catalina Vargas, ex mucama de los Bártoli, ratificaron sus posturas. Los abogados del viudo célebre, José Scelzi y Marcelo Nardi, hicieron hincapié en que los tres testigos fueron “espontáneos y honestos”, pero consideraron que tuvieron algunas contradicciones entre sí. La “falibilidad” de la memoria humana (en el caso de los testigos) y la infalibilidad de la de Carrascosa (con el argumento de que tiene motivos para recordar el día de la muerte de su esposa), se transformó así en el principal argumento de la defensa. Por otro lado, Molina Pico coincidió con los abogados y postergó las extracciones de sangre hasta tanto no se entregue el informe final del ADN obtenido en el chalet del Carmel.
Si alguien esperaba un show mediático, clima de tensión, palabrotas soeces y miradas torvas, estaba equivocado. Ayer, los careos entre Carrascosa y los tres testigos, cuyas declaraciones terminaron por arrumbarlo en una celda de la DDI de San Isidro desde hace 18 días, tuvieron el tono de un plácido té canasta, sin té ni cartas. Así ocurrió cuando el viudo confrontó sus dichos con los de Alba Benítez, Gustavo Obendorfer y Catalina Vargas. Los mismos abogados se encargaron de subrayar la lealtad de sus declaraciones. “Parecieron testimonios espontáneos, honestos”, aseguró Scelzi a Página/12. Incluso, el nivel de duda que habían tenido los defensores respecto a esos testimonios, tomados por instructores de la Procuración, pareció haber desaparecido. “Esperábamos que manifestaran algún nivel de duda, pero no fue así”, señalaron.
De todos modos, era demasiada miel. También Marcelo Nardi aseguró, durante un cuarto intermedio, que “los careos demostraron lo falible de la memoria humana”, sin abundar en más detalles. Obviamente, se refería a la memoria de los testigos y no la de Carrascosa. Lo “falible”, al parecer, tiene que ver con pequeños detalles que, según los defensores, constituyen contradicciones entre los testigos: Alba Benítez sostuvo que Carrascosa estuvo sentado en un lugar diferente al que señaló Obendorfer. El mozo sostuvo que habló con el viudo, y la mujer no recuerda que lo haya hecho. Alba tampoco recordaba si su nuera (que la reemplaza en la atención del restaurante) había estado ese domingo, cuando según ellos la mujer aparece ingresada en los registros de la guardia.
Catalina Vargas, empleada de los Bártoli durante dos fines de semana, insistió en que a las seis de la tarde el televisor estaba apagado, y aseguró recordarlo por el “pip, pip de la hora en la radio”, mientras que Carrascosa insistió en que hasta las 18.45 estuvo viendo el partido allí. De la mucama, los defensores del viudo señalaron que “no recordaba si había autos estacionados, cuando las ventanas de la cocina dan al estacionamiento”.
El argumento de la defensa es que los testimonios son honestos, de buena fe, pero un desliz en la memoria los lleva a confundir horarios y hasta el día. Y sostienen que ninguno de los tres tiene motivos para recordar detalles de un día cualquiera de seis meses atrás, mientras que Carrascosa sí los tiene, ya que ese día murió su mujer. Al viudo ya le había tocado tener una memoria falible, frágil o selectiva, durante su indagatoria, cuando le tocó no recordar situaciones ocurridas ese mismo día.
Por otro lado, de los careos surgieron datos que señalaron a dos nuevos testigos: una ayudante de la cocina del restaurante, de nombre Norma, y el cocinero del lugar, que estuvo hasta la medianoche de aquel día.
Entretanto, en coincidencia con los planteos de la defensa, el fiscal Molina Pico prorrogó la extracción de sangre de nueve personas, incluidoCarrascosa, hasta tanto la Asesoría Pericial entregue el informe final sobre el ADN de las muestras levantadas en el chalet.

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El abogado de Carrascosa, José Scelzi, calificó a los testigos como “espontáneos y honestos”.
 
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