SOCIEDAD › OPINION

Una mosca en la leche

 Por Mónica Müller *

El martes 27 de mayo nos desayunamos con una alarmante noticia médica que mereció amplia difusión en los diarios: los argentinos estamos tomando poca leche. La advertencia fue lanzada a la prensa durante una pausa en la Primera Jornada Internacional de Productos Lácteos y Nutrición Humana por el doctor Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), quien informó que los lácteos aportan a la dieta 410 miligramos de calcio de los 634 que ingerimos en promedio cada día y que los 224 restantes provienen de las frutas secas, las sardinas, las anchoas y el brócoli. Por alguna razón, en lugar de promover un mayor consumo de estos alimentos no industrializados ricos en calcio y vitaminas, su consejo se centró en la conveniencia de aumentar el consumo de leche y sus derivados, productos que ya no se encuentran en su forma natural, sino sólo intervenidos, reconvertidos y patentados por la industria. Otra curiosidad de las conclusiones vertidas en forma directa al periodismo es que no fueron mencionadas las más recientes investigaciones internacionales que cuestionan el beneficio de los lácteos en la prevención de fracturas. Un estudio difundido en 2013 por la Escuela de Salud Pública de Harvard no sólo informa que la leche no es la única fuente de calcio; también dice que no está claro que necesitemos todo el calcio que se recomienda ni que los derivados lácteos sean la mejor fuente para incorporarlo. Sus investigaciones sobre centenas de miles de personas demostraron que quienes toman un vaso de leche diario o aun menos no tienen un riesgo mayor de fracturas que quienes toman religiosamente los dos o más vasos que las abuelas y la industria recomienda tomar. El estudio recuerda que así como el calcio y los productos lácteos podrían reducir el riesgo de osteoporosis y cáncer de colon, su alto consumo puede aumentar el riesgo de cáncer de próstata y de ovario. Y que las altas dosis de grasas saturadas y vitamina A propias de los productos lácteos pueden paradójicamente debilitar los huesos (http://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/what-should-you-eat/calcium-and-milk/). A conclusiones similares llega otra investigación sobre más de 200.000 personas publicada por National Institutes of Health de los Estados Unidos: el consumo de calcio no sólo no disminuye el riesgo de fractura de cadera sino que lo aumenta en personas que lo toman como suplemento. Para mejorar la salud ósea es imprescindible el agregado de vitamina D. En realidad, los últimos trabajos científicos han demolido dos mitos a la vez: que el consumo de calcio protege contra las fracturas y que la mejor fuente de calcio son los lácteos. En India, Perú y Japón, donde se consume un promedio escaso de 300 miligramos de calcio por día, la incidencia de fracturas es mucho más baja que en los Estados Unidos, donde se recomienda como mínimo tres veces esa cantidad. La dieta de esos países, mucho más abundante en pescados, cereales integrales y vegetales que en derivados de la leche, representa un equilibrio perfecto de calcio y vitamina D, saludable para el sistema óseo. Tampoco son despreciables otros factores comunes a esas culturas, como una actividad física regular y la exposición al sol, imprescindibles para formar y conservar un esqueleto fuerte y sano (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18065599?dopt=Citation). No hace mucho se descubrió que también la vitamina K contenida en las verduras de hoja es fundamental en el proceso de depósito de calcio en los huesos. Las dietas pobres en vitamina K están asociadas con una menor densidad ósea y un mayor riesgo de fracturas de cadera (http://ajcn.nutrition.org/content/77/2/512.full). Y la probabilidad de fractura disminuye a la mitad entre las mujeres que comen una o más raciones de vegetales por día, en comparación con las que consumen una o menos raciones por semana. (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9925126?dopt=Citation). Los corticoides, el tabaquismo y las bebidas cola son en cambio comprobados factores de debilitamiento de los huesos de los que poco se habla y nada se dijo en la comunicación de los representantes de la jornada a los periodistas. Es inimaginable que los especialistas argentinos desconozcan estas multitudinarias investigaciones internacionales que han alterado muchos conceptos arcaicos sobre alimentación y hábitos de vida. Por mera curiosidad científica, pesquisando las razones que llevan a los expertos a promover un mayor consumo de lácteos industrializados en lugar de una dieta rica en vegetales, hasta el menos avisado de los periodistas podría descubrir los alcances de la cruda promiscuidad en la que conviven médicos y empresas. Un fenómeno que no es nuevo ni exclusivamente argentino, pero que en nuestro país no sólo no se disimula, sino que se exhibe en forma obscena. La página del encuentro está encabezada por DSM Bright Science, CHR Hansen, ARLA, Gelfix y Biotec, cinco emporios multinacionales productores de lácteos y aditivos químicos para la industria de la alimentación. Y el currículum del doctor Esteban Carmuega, interlocutor de la prensa, informa que además de formar parte de prestigiosas instituciones médicas, es director asociado de otra megaempresa productora de lácteos y derivados: el Instituto Danone del Cono Sur.

Q Médica. Autora de Pandemia (Sudamericana, 2010) y de Sana Sana. La industria de la enfermedad (Sudamericana, de próxima publicación).

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