SOCIEDAD › DETECTAN PESTICIDAS EN TORNO A UNA PLANTA FABRIL, EN CARAPACHAY

Crónica de un barrio envenenado

Los análisis realizados por la provincia detectaron talio en la tierra de viviendas y hasta en la plaza donde juegan los chicos del barrio. Investigan la responsabilidad de una química.

Todo empezó hace siete años, cuando una decena de familias de Munro y Carapachay comenzaron a tener síntomas extraños, desde dolores agudos en diferentes partes del cuerpo hasta problemas de visión, hepáticos y renales. Sospecharon que algo pasaba en el barrio y empezaron a investigar. Poco después, descubrieron que todos se habían intoxicado con talio, un metal pesado utilizado para la fabricación de pesticidas, que se acumula fácilmente en el organismo, puede ser mortal y, una vez en el medio ambiente, es imposible de erradicar. A pesar del diagnóstico, tuvieron que esperar siete años para lograr un primer análisis de la tierra de la zona. Y ese análisis confirmó el temor: en once manzanas que rodean una planta química donde se producen pesticidas y herbicidas, el suelo está contaminado con talio. En algunas zonas, la sustancia se encuentra hasta 1,10 metro de profundidad y cuadruplica los valores permitidos. Ahora, mientras esos primeros resultados se someten a otros métodos de análisis, los vecinos esperan el informe final de la situación ambiental, que estará listo la semana próxima y que incluye el examen de muestras de tierra tomadas por la Secretaría de Política Ambiental (SPA) bonaerense dentro de la química, donde lograron entrar a principios de agosto con una orden judicial, ya que los directivos les prohibían la entrada.
Todas las miradas de los vecinos apuntan a la fábrica Atanor, que ocupa nueve manzanas y está en el barrio desde hace más de medio siglo. Dentro de la planta, los técnicos de la Secretaría de Política Ambiental de la provincia tomaron muestras de tierra que están siendo sometidas a estudio. Página/12 intentó conocer la posición de la empresa Atanor sobre el tema, pero, tras varias consultas, no obtuvo respuestas.
Otro análisis realizado por el mismo organismo ya demostró que las napas de agua ubicadas debajo de la planta están contaminadas con hexaclorobenceno, un pesticida cuyo uso está prohibido y que puede provocar problemas pulmonares, hepáticos y cutáneos. Los resultados se conocieron en mayo, y aunque la empresa admitió la existencia de la contaminación, aseguró que la cantidad de tóxico encontrado no supera los valores permitidos.
Pero ese no es el primer revés que recibe la empresa. En 1997, en medio de las denuncias por la intoxicación de los vecinos con talio, Atanor fue clausurada durante 45 días por orden del intendente de Vicente López, Enrique García. Al año siguiente, la química aceptó que se realizara un estudio ambiental en su planta. Apenas terminado, la Universidad de Quilmes, a cargo de realizarlo, denunció a la compañía ante la Justicia por adulterar los resultados. Tres años más tarde, cuando la SPA le informó que harían un informe de impacto ambiental, los directivos pasaron directamente a anunciar que cerrarían la planta y despedirían a sus 170 empleados.
Finalmente, orden judicial de por medio, Política Ambiental pudo entrar. “Cuando quisimos hacer una inspección, nos negaron el ingreso y recurrimos a la Justicia. Así logramos entrar y sacamos muestras de tierra que ahora se están estudiando”, explicó a Página/12 Jorge Etcharrán, uno de los técnicos de la secretaría. “Todavía no podemos decir cuál es la fuente de contaminación. Pero hay algo muy claro en Munro: existe un problema ambiental muy grave y los vecinos no están locos, están realmente enfermos por esto”.
Mientras se espera el resultado de esas muestras, los pobladores de Vicente López reclaman que se tomen medidas inmediatas, al menos en lo que respecta a los espacios públicos del barrio: un primer estudio demostró la presencia de talio en casas particulares ubicadas en los alrededores de Atanor, pero también en la plaza de Carapachay, a unos 300 metros de la empresa y donde todos los días juegan los chicos del barrio. Allí, la cantidad de metal hallada es cuatro veces mayor a los valores legalmente permitidos. “Esto nos confirma la sospecha de que puede haber mucha más gente intoxicada, además de los 29 que hoy estamos en tratamiento”, relataa Página/12 Stella Maris Bacqué de Longarini, integrante de la Asamblea Popular por la Salud de Vicente López.
Stella Maris está en tratamiento como intoxicada crónica, desde 1997, al igual que sus tres hijos, que hoy tienen 27, 23 y 13 años. Hasta hace tres años, y en el momento en el que se enfermaron, los Longarini vivían detrás de la planta de Atanor, que ocupa nueve manzanas del barrio de Munro desde 1937. Como ellos, otras 24 personas están siendo tratadas hoy como intoxicados crónicos con talio. “Tienen que cerrar esa plaza en forma urgente, aunque sea por prevención. Los chicos corren y juegan sobre talio. Esto es una bomba de tiempo”, pide Graciela Fernández, una de las vecinas en cuya casa se encontró esa sustancia contaminante y que, efectivamente, está intoxicada con ese metal. Graciela vive medianera de por medio con la planta química. Tiene una hija de siete años que nació con una parálisis en la mitad del cuerpo: “Los médicos dicen que fue producto de haber inhalado, durante el embarazo, una gran cantidad de formol durante una pérdida en la química”, denuncia la mujer.
La jefa de Toxicología del Hospital Fernández, Norma Vallejo, sigue el caso desde un comienzo. “El talio es un metal pesado que en el medio ambiente forma sales estables que no se destruyen con el tiempo. Esto es, que no se eliminan nunca. Fue un elemento muy utilizado en nuestro país en la producción de pesticidas, aunque ya hace varios años que está prohibido”, explicó a Página/12 la especialista, quien en 1997 fue llamada por el intendente García para analizar los cuadros clínicos de unas 40 personas de la zona. Fue ella, además, quien diagnosticó que se trataba de intoxicación por talio, lo denunció y decidió ser ella misma quien trabajara en el tratamiento de todos los niños y adultos intoxicados.
Según la especialista, que además es titular de la cátedra de Toxicología de la UBA, “el talio es un tóxico muy peligroso que en el organismo tiene efecto acumulativo, ya que ingresa fácilmente por vía inhalatoria, cutánea y digestiva pero cuesta mucho eliminar. Sus efectos pueden ser letales”. Según explicó la médica, el talio es uno de los metales más tóxicos y afecta el sistema nervioso: puede provocar alteraciones neurológicas, convulsiones, parálisis y hasta estado de coma. Casi siempre con dolores intensos como parte de la sintomatología, la intoxicación con talio trae aparejados trastornos de conducta, digestivos, cardíacos, hepáticos, renales y del sueño.
Siete años después de iniciada la lucha, los vecinos de Munro y Carapachay siguen unidos por el mismo reclamo: “Que se identifique la fuente de contaminación, que se castigue a los responsables, que se saneen las tierras y que se haga un estudio epidemiológico a todos los vecinos de la zona, que no tienen ni idea de si están o no contaminados”, pide Stella Maris.
Producción: Paula Bistagnino

Compartir: 

Twitter

Los vecinos comenzaron a organizarse hace siete años, cuando se detectaron los primeros síntomas.
 
SOCIEDAD
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.