SOCIEDAD › OPINION

Un país con buena gente

 Por Brenda Matossian * y
Cecilia Melella **

Hoy, la representación del migrante en los medios hegemónicos parece querer tirar abajo el panorama hospitalario propiciado por la Ley 25.871 que contempla la migración como un derecho. En los últimos años, el “mal uso” del espacio público como las tomas de tierras o la venta ambulante, el delito del narcotráfico y una folklorización de corte étnico devinieron tópicos frecuentes con los que se referencia a los inmigrantes de países latinoamericanos. Y ahora habría que sumar el uso irrestricto de servicios públicos como la educación y la salud, cuando se indica que “los argentinos” pagamos por ellos con nuestros impuestos y no se considera que los inmigrantes también los pagan.

En esa línea discursiva xenófoba, racista y discriminatoria, se ubicó “Argentina, país generoso”, el informe a cargo del periodista Jorge Lanata, emitido por Canal 13, que no ahorró en chauvinismo y sostuvo que los habitantes de Chile “no sólo nos tienen de hijos en el fútbol”, sino que desafiaron a la diplomacia cuando “una minera chilena tiró 55 millones de toneladas (de residuos) al lado argentino”. Como para ponerle broche a la discriminación desenfada, justo en un momento en el que se están discutiendo los presupuestos para Ciencia y Tecnología con recortes alarmantes, el informe cuestionó la cantidad de extranjeros que estudian en la Universidad de Buenos Aires que, por otra parte, es igual al total en la población: 4,5%.

La sospecha sobre el extranjero no es algo novedoso en la Argentina. Ya con la gran inmigración europea de 1880-1930 y la sanción de la Ley 4.144 –conocida como la Ley de Residencia en 1902– se habilitaba a expulsar inmigrantes sin juicio previo con el objetivo de desarticular el movimiento obrero anarquista y socialista que había llegado a las costas de América del Sur. Un segundo momento (1930-1970) se desarrolló a partir del período de aceleración de la industrialización por sustitución de importaciones de los años treinta y de la intensificación del movimiento peronista que amplió la urbanización y la visibilización de las migraciones internas y regionales. Durante esta etapa, los discursos que referían a estas migraciones conllevaban un carácter profundamente racista que quedó inmortalizado en el imaginario popular con las expresiones de “aluvión zoológico” o “cabecitas negras” para referirse a las poblaciones de la Argentina que llegaban a Buenos Aires desde otras regiones del país.

Más cercano en el tiempo, el discurso de “Periodismo Para Todos” recuerda la inolvidable tapa de la revista La Primera de la Semana titulada “La invasión silenciosa” donde los inmigrantes de países vecinos resultaron el chivo expiatorio que permitiría solucionar los problemas de aquella Argentina neoliberal. La tríada desocupación, criminalidad y colapso de los servicios brindados por las instituciones públicas (sistema de salud, sistema educativo, sistema previsional, etcétera) fue el eje que eligieron los medios para culpabilizar al inmigrante limítrofe.

En el contexto actual, las intenciones de la Dirección Nacional de Migraciones de instalar un centro de detención de migrantes encienden alarmas latentes de un pasado no tan lejano, en tanto este tipo de escenarios donde reina la xenofobia habilita prácticas expulsoras puntuales, como la negación del ingreso al país por parte de la DNM de Rigoberto Bernal. El angustioso derrotero por el que Rigoberto atravesó evidencia la vulnerabilidad del derecho de reunificación familiar expresado en el artículo 10 de la misma ley de migraciones. La sospecha de ser “tratante de blancas” que recayó sobre la mujer peruana que hospedó en su casa a Mailén, joven que desapareció por 24 horas de su hogar, es otra de las encarnaciones del callo xenófobo que la sociedad argentina corre peligro de formar si no cuestiona (a tiempo) las voces racistas y discriminatorias.

Desde los tiempos de Platón, el extranjero ponía en juego la democracia. Detrás del relato del filósofo de anchas espaldas quedaban los proyectos de inclusión política de los metecos a la ciudadanía ateniense iniciados por Clístenes y seguidos, entre otros, por Trasíbulo. Miles de años después, la concepción de democracia que intentan imponer los medios masivos es otra y pareciera que tiende a la clausura. El periodismo y el país que espera “Lanata y su troupe” está lejos de albergar a todas y todos.

* Doctora en Geografía, investigadora Conicet, docente UMET.

** Doctora en Ciencias Sociales, becaria posdoctoral Conicet, docente UBA.

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