SOCIEDAD › LIBERAN AL HIJO DEL EMPRESARIO SECUESTRADO EN AVELLANEDA

Una pesadilla de dos semanas

Alfredo Ulfe fue dejado en libertad en Sarandí. Sus captores estaban cercados por la policía. Permaneció atado con cadenas, casi sin comer. Ya libre, la gente no lo ayudó por su aspecto.

La noche duró quince días para Alfredo Ulfe, el hombre secuestrado hace dos semanas en Avellaneda y liberado ayer a la madrugada en la localidad de Sarandí. Fue una noche de pesadilla para la víctima, que pasó todo ese tiempo atado con cadenas y con los ojos vendados, casi sin comida, en el cuarto de una vivienda, no demasiado lejos del lugar donde había sido secuestrado. Sus captores lo liberaron cuando sintieron el acecho de la policía: dos de sus cómplices habían sido detenidos el martes, cuando negociaban el rescate, por teléfono, con los familiares de la víctima. Sucio, demacrado y con heridas en las manos, Ulfe llegó a duras penas hasta su casa, en la Capital Federal: viajó en tren, sin boleto, hasta Constitución y tuvo que pedir monedas para pedir auxilio a sus familiares por un teléfono público. Ahora está internado en el sanatorio San Camilo, en el barrio de Caballito.
Alfredo Ulfe tiene 33 años y es hijo del dueño de una fábrica de productos químicos de Sarandí. El miércoles 15 de mayo, al mediodía, llegaba a la empresa, en la calle Luján al 1700, en su Mitsubishi Colt blanco. Junto con él ingresaron a la planta dos hombres, que intentaron asaltarlo. Como no encontraron dinero, los ladrones decidieron tomar prisionero al responsable de la fábrica. Se lo llevaron en su propio auto y lo único que alcanzaron a robar fue una máquina amoladora.
Los empleados de la fábrica hicieron la denuncia policial. Media hora después del secuestro, el Mitsubishi apareció abandonado en la playa de estacionamiento del supermercado Auchán, de Villa Dominico. En el asiento estaba aún la agenda de Ulfe con 200 dólares en su interior.
Según los primeros testimonios que aportó Ulfe, los secuestradores lo habrían llevado hasta el lugar de cautiverio sin cambiar de auto. “Me cubrieron con una frazada para bajarme del auto y me metieron en una habitación”, relató ante la comisión policial que lo visitó ayer, a las 3 de la madrugada, antes de internarse.
“Lo ataron con una cadena, desde los pies hasta las manos, como un matambre, y lo engancharon a una grampa en la pared. Así estuvo, sentado y semiacostado, los quince días”, relató a Página/12 el comisario Sergio Introna, a cargo de la investigación. En esa posición, Ulfe recibía un vaso de agua y unos bocados de alimentos por día, y ni tenía comodidad para hacer sus necesidades. “Este hombre sufrió una tortura”, dijo el jefe de la Policía Bonaerense, Ricardo Degastaldi.
El caso pareció, al principio, un secuestro express. Pero transcurrieron tres días sin noticias del empresario, hasta que llegó el primer llamado de los captores, con un pedido exorbitante: un rescate de un millón de dólares. La cifra resultó disparatada para la familia, que tampoco recibió pruebas de que el secuestrado estuviera con vida.
La angustia fue creciendo a medida que pasaban los días. Durante las dos semanas que duró el cautiverio de Ulfe, los secuestradores hicieron cinco llamadas. La última fue el martes: habían bajado sus pretensiones a 200.000 pesos. La policía, que venía haciendo un rastreo de las llamadas, sorprendió a dos hombres en un teléfono público de Avellaneda en el preciso momento en que hablaban con la familia Ulfe. “Los agarramos in fraganti –dijo el comisario Introna, jefe de la DDI de Lomas de Zamora–. Eran novatos y muy desorganizados.”
El miércoles, poco después de la medianoche, los secuestradores perdieron toda esperanza de éxito y decidieron liberar al cautivo. Lo dejaron en un lugar del partido de Avellaneda. Ulfe caminó, entumecido y desaliñado. Pidió ayuda a un par de vecinos pero no tuvo éxito. Caminó hasta la estación Sarandí y tomó el tren hasta Constitución. Allí pidió unas monedas y avisó por teléfono a su padre. Un taxi lo retornó a su casa.
“Estaba flaco y débil, se notaba que había perdido varios kilos. Y en las muñecas tenía unas heridas profundas producidas por las cadenas, que parecen infectadas”, describió el comisario Introna, todavía impresionado. Uno de los detenidos tiene alrededor de 40 años; el otro supera esa edad. Son hombres sin antecedentes delictivos, uno domiciliado en la zona de Avellaneda, el otro, proveniente del interior del país. Ayer fueron indagados por el fiscal Juan José Vaello. Los investigadores suponen que intervinieron en el hecho entre dos y cuatro personas más, que se encuentran prófugas.

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El jefe de Policía, Ricardo Degastaldi, junto al comisario Sergio Introna, en conferencia de prensa.
 
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