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Domingo, 12 de octubre de 2008

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Los fondos de argentinos en el exterior superan los 140 mil millones de dólares. El reflejo de esos inversores está muy entrenado por las crisis. Por ese motivo, estuvieron entre los primeros en salir del sistema bancario de Estados Unidos y ya se llevaron más de 50 mil millones de dólares. La mayor parte estaba depositada en los bancos Citibank y Bank of America. En los últimos dos meses volvieron al país unos 7000 millones de dólares. El Gobierno estudia la posibilidad de un blanqueo de capitales.

 Por Roberto Navarro

En el contexto de la crisis financiera internacional, con epicentro en los Estados Unidos, los inversores argentinos están teniendo un rol destacado. Según varios operadores de Wall Street a los que consultó Cash, los argentinos estuvieron entre los primeros en salir del sistema y ya se llevaron más de 50 mil millones de dólares. La mayor parte estaba invertida en los bancos Citibank y Bank of America. Se estima que más de la mitad de los dólares fugados de esas entidades bancarias tuvieron como destino bonos del Tesoro de Estados Unidos. Otro monto importante viajó a plazas más seguras, como Suiza, Luxemburgo y Austria. Y un porcentaje menor volvió al Río de la Plata, dividido entre Uruguay y Argentina. Según la estimación de la Dirección de Cuentas Internacionales, los fondos de argentinos en el exterior superan los 140 mil millones de dólares. Fuentes extraoficiales elevan esa cifra hasta 230 mil millones de dólares. Pero en la presentación de Bienes Personales de 2008, correspondiente al año anterior, sólo se declararon bienes en el exterior por 18.181 millones. Es decir, la mayor parte está en negro. En los últimos dos meses, según fuentes de la city, volvieron aproximadamente 7000 millones de dólares no registrados, pagando comisiones que ya llegan al 7 por ciento. El Gobierno estudia la posibilidad de un blanqueo de capitales condicionando el perdón impositivo a que los fondos se vuelquen al sistema productivo.

En el Gobierno existen visiones antagónicas sobre la propuesta de repatriar los fondos que se fueron eludiendo el control fiscal. Por un lado están los que piensan que es una oportunidad única para que vuelvan. “Hay grandes inversores que se refugiaron en los bonos del Tesoro norteamericano como una medida provisoria. Pero que tampoco se sienten seguros en ese lugar, porque piensan que en el futuro el dólar puede dejar de ser la moneda patrón y comenzará a perder valor frente a otras monedas. Muchos son grandes empresarios: si se les abre la puerta para que reinviertan en sus compañías, es muy factible que traigan una buena parte de sus fondos”, señaló a Cash una alta fuente del Gobierno. Pero también están los que se oponen fuertemente a un blanqueo. Son los que creen que sería un paso atrás después de cinco años de trabajar sobre la cultura fiscal de la población. “Si volvemos a perdonar impuestos la gente va a pensar que en Argentina conviene evadir, porque siempre va a venir un perdón”, señaló un funcionario con llegada a la Presidenta, que afirma que el ex presidente Kirchner tiene una mirada similar sobre el tema.

Según las estimaciones de la Dirección de Cuentas Internacionales, dependiente del Ministerio de Economía, en 1989 había 45 mil millones de dólares de argentinos en el exterior y en la actualidad esos fondos ya llegan a 143.377 millones de dólares. En los registros de la cartera económica figura una fuga de 12.102 millones de dólares en 1995, durante el Efecto Tequila, posterior a la crisis mexicana; otra de 12.069 millones de dólares durante 1997, año de la crisis asiática, que también pegó en Argentina, y la mayor en 2001, de 18.198 millones de dólares, antes del corralito. Es decir que, en solo doce años se fueron casi 100 mil millones de dólares. La fuga comenzó a perder ritmo a partir de 2003, cuando la economía recuperó impulso. De ahí en más los activos en el exterior crecieron por la evolución financiera y el aumento del precio de los inmuebles. Pero la mayoría de los analistas privados aseguran que las cifras de Economía son demasiado cautelosas y que el total de activos de argentinos en el exterior podría alcanzar los 230 mil millones de dólares.

En el detalle de los cálculos oficiales sobre el destino de los fondos fugados, figura que 55 mil millones de dólares están depositados en bancos, 18 mil millones se destinaron a inversión directa en empresas, 15 mil millones están en acciones de compañías extranjeras, 13 mil millones en títulos públicos de otros países, 12 mil millones de dólares en cajas de seguridad, 11 mil millones están invertidos en inmuebles, la mayor parte de ellos en Estados Unidos y en un segundo nivel en Uruguay, y el resto en bonos del Tesoro norteamericano y otros activos financieros. De los 143 mil millones que se fueron según la fuente oficial, 109 mil están en los Estados Unidos.

La mayoría de los especialistas opina que la fuga de divisas en el país responde a tres razones: es una forma de esconder del fisco el dinero no registrado, tiene que ver con la inseguridad que generan las frecuentes crisis financieras domésticas y, en menor medida, a las pocas opciones de inversión que ofrece el mercado financiero local. Los mercados de los países desarrollados ofrecen una amplia variedad de activos para invertir, muy superior a la disponible en la plaza porteña. Las mayores fugas se dieron en tiempos de crisis, aunque la salida de capitales fue constante. Pero la diferencia entre los 143 mil millones de dólares que estima el Ministerio de Economía, o los 230 mil millones que estiman los analistas privados, y los 18 mil millones registrados en la AFIP es un dato irrefutable que demuestra que la principal razón de la fuga es esconder el dinero de la mirada del fisco.

En la declaración jurada correspondiente al año 2007, los argentinos declararon bienes en el exterior por 18.181 dólares. En su declaración para el pago del Impuesto a los Bienes Personales dijeron tener 8720 millones en depósitos en bancos, 2957 millones en bonos de otros países y acciones de empresas extranjeras, 4027 millones en inmuebles, 1200 millones en obligaciones negociables de compañías extranjeras y 1227 en otros activos. Cash consultó a un ejecutivo de un importante broker inmobiliario internacional con sede en el país –que pidió mantener en reserva su nombre y el de su empresa– sobre el monto de la inversión en inmuebles de los argentinos en el exterior. La estimación del especialista, a precios de hace dos meses, supera los 20 mil millones de dólares.

Rápidos de reflejos, acostumbrados a crisis financieras y corridas bancarias, los inversores argentinos estuvieron entre los primeros en retirar sus depósitos de los bancos norteamericanos. Cash tuvo acceso a fuentes de los bancos Citibank y Bank of America, que concentran la mayor parte de los fondos de los argentinos en el exterior. “Fuimos su refugio en tiempos de crisis argentina y ahora son los primeros en irse”, se quejaron. Según ejecutivos de estas dos entidades, los argentinos ya retiraron aproximadamente 50 mil millones de dólares que tenían depositados en ese país. En la city afirman que todos los días llegan fondos no registrados, que regresan por el mismo lugar por el que se fueron: casas de cambio y financieras. Las primeras semanas de la crisis pagaban 3 por ciento de comisión; el viernes llegaron a pagar 7 por ciento. Se estima que regresaron al país alrededor de 7000 millones por ese camino. Sólo 1000 millones volvieron en blanco, vía los bancos. Esa es la razón por la que algunos sectores presionan al Gobierno con un blanqueo de capitales.

¿OPORTUNIDAD PARA ATRAER FONDOS FUGADOS O PREMIO PARA EL EVASOR?

Debate sobre el blanqueo de capitales

El proyecto de blanqueo de capitales fugados al exterior que analiza el Ejecutivo se basa en el artículo 4 del borrador del Pacto del Bicentenario, que el Gobierno elaboró junto con empresarios y sindicalistas en los primeros meses de su gestión. En ese documento se proponía perdonar los impuestos evadidos por los individuos y empresas que giraron dinero no registrado al extranjero, con la condición de que se invirtieran en nuevas compañías o en ampliación de empresas o en acciones de la bolsa argentina. En este último caso debían mantener esos papeles durante un plazo de tres años. Ahora se le agrega la posibilidad de comprar títulos públicos, también con la obligación de mantenerlos en cartera durante un período a determinar. El blanqueo tendría un costo de no más del 5 por ciento, que resulta menor a la comisión que están pagando a las financieras y casas de cambio por traerlo en negro.

Para Jorge Gaggero, economista especializado en temas fiscales, “un blanqueo de capitales tiene características particulares distintas a una moratoria, como las que se implementaron en los noventa, pero, en esencia, tiene el mismo significado: es un perdón para los evasores”. Gaggero, miembro del Plan Fénix, señaló a Cash que “en el pasado hubo varios blanqueos de capitales fugados y que siempre fueron un negocio para unos pocos, con escaso significado en términos de PBI. Yo no estoy de acuerdo con este tipo de medidas. Si la Presidenta considera que es necesario, deberíamos asegurarnos de que quede claro que es una medida extraordinaria, de que tenga un costo razonable para los que evadieron y de que los que traen los fondos y el resto de los contribuyentes sepan que de aquí en más no va a ser fácil engañar al fisco”, completó el economista.

Un ejemplo de la alternativa que propone Gaggero, para el caso de que se considere imprescindible la medida, es el blanqueo que se realizó en España en la década del ’70, que fue acompañado por una reforma fiscal y la implementación de un férreo control del ente recaudador que se mantuvo en el tiempo. Alberto Abad, titular de la AFIP durante las gestiones de los ex presidentes Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, que se mantuvo en su cargo durante los primeros meses del gobierno de Cristina Fernández, piensa muy parecido a Gaggero: “Un blanqueo es lo mismo que una moratoria, es premiar al evasor. En Argentina quedó demostrado que miles de empresas pudieron sacarse la mochila de impuestos atrasados, rezago de la crisis de 2001, con planes de facilidades de pago, sin necesidad de ningún perdón. Por otra parte, cómo vamos a dejar entrar dinero del que desconocemos su origen. ¿Y si es plata de lavado de dinero? Sería un paso atrás”, completó Abad.

El economista Ricardo Delgado, en cambio, lo ve como una medida inocua:

“Hubo algunos intentos anteriores, incluso en excelentes momentos económicos, como en 1992, y no volvió un dólar. Creo que es una apuesta voluntarista. Una cosa es que haya quienes quieran traer sus dólares a las cajas de seguridad; otra muy distinta es que los arriesguen en alguna inversión. Pensar que en este tsunami vamos a ser receptores de capitales parece ingenuo.”

Por su parte, el economista Marcelo Lascano asegura que “es absurdo que tengan el dinero afuera y no abrirles una puerta en este momento para tener algunas tener reservas para cualquier contratiempo. Suele decirse que en un blanqueo se da lugar a pensar que el que pago es un ingenuo. Pero no todo el que se llevó fondos al exterior es un defraudador, porque hubo muchas crisis financieras y económicas en el pasado. También existen casos particulares, como el que se compró un departamento en el exterior y lo vendió. No todo lo que se fue está sucio”, señaló Lascano.

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Claves

En el contexto de la crisis financiera internacional los inversores argentinos están teniendo un rol destacado.

Los argentinos estuvieron entre los primeros en salir del sistema y ya se llevaron más de 50 mil millones de dólares.

La mayor parte estaba invertida en los bancos Citibank y Bank of America.

Se estima que más de la mitad de los dólares fugados de esas entidades tuvieron como destino bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Otro monto importante viajó a plazas más seguras, como Suiza, Luxemburgo y Austria.

Y un porcentaje menor volvió al Río de la Plata, dividido entre Uruguay y Argentina.

En los últimos dos meses, según fuentes de la city, volvieron aproximadamente 7000 millones de dólares no registrados, pagando comisiones que ya llegan al 7 por ciento.

El Gobierno estudia la posibilidad de un blanqueo de capitales condicionando a que los fondos se vuelquen al sistema productivo.

 
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