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Domingo, 17 de enero de 2010

LAS QUIEBRAS COMO HERRAMIENTA DE GESTION EMPRESARIA

Quebrados

En esta entrevista con Cash, la especialista Vanesa Castro Borda explica las consecuencias de la Ley de Quiebras que diseñó Domingo Cavallo en los ’90. “Las empresas quiebran, los dueños no”, advierte.

 Por Esteban Magnani

Dentro de las distintas versiones del conocido “pagadiós”, probablemente ninguna esté tan finamente elaborada y legalizada como las quiebras. Cuando los números no cierran, un empresario poco escrupuloso puede formar una nueva empresa que compra la anterior, la cual es quebrada ya sin activos. La práctica sirve para licuar deudas. De paso, permite sacarse de encima a trabajadores díscolos sin pagarles indemnización y recontratar a los más necesarios sin reconocerles antigüedad.

Mucho se ha hablado de cómo la Ley de Quiebras y Concursos protege al empresario, si lo desea, hasta la impunidad. Para aquellos que recorren las empresas recuperadas queda, además, la sensación de que quienes hacen uso de esta práctica, a juzgar por lo difundida que está, se manejan con una impunidad que habla de lo legitimada que está en su ambiente.

La abogada Vanesa Castro Borda, quien representa legalmente a unas 20 cooperativas que gestionan empresas recuperadas –desde las “históricas” como Vinil-plast a otras flamantes como Esperanza del Plata–, explica que en casi todas las empresas recuperadas fue eso lo que ocurrió: una gestión planificada del cierre de la firma para comenzar de nuevo. “Si la rentabilidad del negocio no es la que esperan, los empresarios optan por echar a los trabajadores sin más. En otros casos arman una empresa paralela y cuando esto no les funciona, directamente abandonan la fábrica en un lockout patronal. Ahora bien, si un empresario le quiere dar un viso de legalidad a la cesación de pagos, se presenta al juez comercial y le dice: ‘Estas son mis deudas, necesito disminuirlas’ y así se llega a un acuerdo con esos acreedores. Si este efecto buscado no se produce o se incumple el pago de las cuotas homologadas, se decreta la quiebra. Otros empresarios, como estrategia, piden su quiebra de manera directa”, explica.

¿Se aprovecha una fisura en la ley?

–No es una fisura: la Ley de Concurso y Quiebras fue reformada estructuralmente en 1994 por un proyecto diseñado por el ex ministro Domingo Cavallo. Esta ley está orientada con el único fin de “salvar la empresa” a cualquier costo. No hay ningún tipo de reproche judicial a los responsables. Sin lugar a dudas, la reforma tiene una ideología ajena al interés de los trabajadores: sólo busca salvar al capital para poder continuar la empresa, y si no lo logra, busca un nuevo capital en el crown down, que es la venta de la empresa en funcionamiento, como única posibilidad de recuperar la unidad productiva sin despidos.

¿Es una práctica habitual entre los empresarios más allá de las recuperadas?

–Sin lugar a dudas. La ley fue diseñada para ello. Esto es parte de nuestra cultura, el más vivo es el que lo hace sin ningún tipo de consecuencias y además ganando dinero. Las empresas quiebran, sus dueños nunca. Está el caso de la Textil Quilmes, ex Filobel-Filobet. Es un ejemplo claro de las maniobras que puede realizar la patronal con el solo objeto de acrecentar sus ganancias a costa de todo. Entonces estos empresarios pueden crear Filobel S.A., concursarla, constituir Febatex S.R.L. y luego crear Filobelt S.A., todas con un objeto similar, casi el mismo personal, en el mismo lugar físico, la misma maquinaria, los mismos incumplimientos impositivos, trabajadores sin registración. Y un día deciden despedir veinte trabajadores, sin pagar las indemnizaciones, al tiempo otros veinte y así sucesivamente. Hasta que el último grupo decide resistir y recuperar la empresa.

Uno de los dueños es profesor de Derecho.

–Sí, lo que nos lleva a reflexionar sobra la formación universitaria. ¿Qué ideología tienen los que enseñan el Derecho? ¿Más aún, qué intereses defienden? ¿Quiénes hacen las leyes? Yo soy egresada de la Universidad de Buenos Aires, la misma que hoy tiene como profesor a Mario Federichi, uno de los dueños de estas empresas. Enseña Derecho Constitucional, la base de nuestro Derecho. El otro dueño, de apellido Ballini, es contador público nacional.

Quebrar para hacer dinero no es una práctica reciente. Lo que sí ha resultado novedoso en estos últimos años es que algunos trabajadores no aceptaron su destino de desempleo sentenciado en una ley hecha a medida de empresarios cuya única moral es la de la ganancia.

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