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Domingo, 9 de octubre de 2011

EL COMBATE ORTODOXO A LA INFLACION

Riesgo de estanflación

La política de metas de inflación tuvo como contrapartida la revaluación monetaria. Con devaluación y ajuste fiscal, Brasil se aproximaría a una situación de estancamiento con inflación.

 Por Eduardo Crespo *

El esquema macroeconómico brasileño de la última década estuvo marcado por el régimen de metas de inflación que ejecuta su Banco Central. En este régimen, el BC fija la tasa de interés básica (Selic) en función de los niveles de inflación observados. Dada una meta inflacionaria (4,5% en este año), el BC sube la tasa de interés cuando la inflación se sitúa por encima de una banda predeterminada como “margen de tolerancia” (6,5%) y la baja cuando cae por debajo de otra banda inferior también predefinida (2,5%). En los últimos años, el BC casi siempre tuvo éxito a la hora de alcanzar la meta de inflación de objetivo. Sin embargo, aún existen polémicas sobre cuáles son los reales mecanismos a través de los cuales la fijación de la tasa de interés afecta al proceso inflacionario brasileño.

Para la ortodoxia que dirige el BC, las tasas regulan la inflación porque controlan la demanda agregada en un contexto signado por la inflación de demanda. Para muchos economistas heterodoxos, por el contrario, Brasil sufre una inflación de costos y el BC tiene éxito a la hora de reducirla porque las elevadas tasas de interés incentivan la entrada de capitales especulativos, provocando una sistemática apreciación cambiaria que posee el efecto benéfico de desacelerar la inflación mediante su impacto sobre los precios de los bienes transables y administrados, al tiempo que amortigua los conflictos distributivos.

En otras palabras, las elevadas tasas de interés real que se pagan en Brasil, que están entre las más altas del mundo, son las causantes de la apreciación cambiaria, y por esa vía Brasil consigue contener un proceso inflacionario que tiene en la suba de precios internacionales su impulso principal. Como es sabido, dicha apreciación tiene efectos negativos sobre la competitividad industrial. Según algunos analistas, Brasil ya presenta varios signos de desindustrialización y primarización. Es de notar que Brasil tiene déficit de cuenta corriente, pese a que en los últimos años sus tasas de crecimiento fueron muy moderadas y se favoreció por una notable mejora de sus términos de intercambio.

Luego de la crisis de 2009, la economía brasileña se recuperó de forma sorprendente en 2010 gracias a los estímulos fiscales promovidos por el saliente gobierno de Lula; pero después de las medidas de ajuste adoptadas desde principios del presente año, rápidamente se ha desacelerado. De una tasa de crecimiento del 9,2 por ciento en el segundo trimestre de 2010, en el mismo período de 2011 la economía brasileña creció sólo un 3,1 por ciento, ratificando una tendencia observada a lo largo de la última década: en forma sistemática, la economía brasileña crece a tasas menores que la región e incluso menos que la media mundial. En lo que va de 2011, sólo Venezuela creció menos que Brasil.

Frente a las crecientes dificultades de Brasil para afrontar la competencia extranjera, su Banco Central decidió reducir la tasa de interés de 12,5 a 12 por ciento, y según distintas fuentes se espera que la siga bajando en los meses venideros. Como resultado de esta reducción de las tasas y del clima de incertidumbre internacional, el real comenzó a desvalorizarse con relación con el dólar. La cotización de la moneda estadounidense subió más de 15 por ciento sólo en septiembre y ya se ubica en 1,84 real por dólar. Lo que puede resultar curioso es que esta decisión del BC de reducir las tasas, al contrario de lo que se observó en la última década, no coincidió con un escenario de desaceleración inflacionaria. Por el contrario, la inflación registrada en los últimos 12 meses ya superó el 7,3 por ciento, cifra superior a la meta, y se aceleró en el último mes.

¿Esto significa que Brasil está empezando a ensayar un cambio de orientación en su política económica? Varios indicios confirman que la estrategia de apreciación cambiaria como “ancla inflacionaria” no da para más. ¿Los brasileños se verán obligados a aceptar mayores niveles de inflación en aras de la competitividad de sus exportaciones y del crecimiento de su economía? Puede ser, pero las señales no son completamente claras. Desde el gobierno se deslizó la idea de que el año próximo se implementará un ajuste fiscal “preventivo” que apuntaría a reemplazar el “ancla cambiaria” por un “ancla fiscal”, estrategia también sugerida por muchos en la Argentina. Se llegó a decir que el gobierno enviaría al Congreso un monto de gasto público idéntico en términos nominales al del año 2011, sin compensar la inflación sufrida.

En Brasil no existe ningún elemento que permita inferir la existencia de una sistemática inflación de demanda. Si este diagnóstico es correcto, frente a un escenario de devaluación y ajuste fiscal, es previsible que durante 2012 Brasil tienda hacia una mayor inflación y la economía se desacelere más aún. El único elemento que podría compensar el efecto inflacionario de la devaluación sería una caída de los precios internacionales por causa de la crisis. Pero excluyendo esto último, y de confirmarse el ajuste fiscal, medida que aún está en discusión, Brasil se aproxima a una estanflación

* Economista y politólogo. Profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Núcleo de Estudios Internacionales (NEI).

Gentileza de FruticulturaSur.com

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Crespo: “Brasil presenta signos de desindustrialización y primarización”.

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perspectivas

-El esquema macroeconómico brasileño de la última década estuvo marcado por el régimen de metas de inflación que ejecuta su Banco Central.

-Como resultado de la reducción de las tasas y del clima de incertidumbre internacional, el real comenzó a desvalorizarse en relación con el dólar.

-Desde el gobierno se deslizó la idea de que el año próximo se implementará un ajuste fiscal “preventivo”.

 
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